Berridouniversoparalela

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Dicen que para ser feliz hacen falta pocas cosas… y por no decir: y una mierdaaaaaaa como un pino. Que no lo diré. Porque no, no es así, pues para serlo hacen falta muchas cosas de no sé qué, claro.

Ahora, en pleno fulgor de rabia, me da lo mismo que sean pequeñas apreciaciones que enormes detalles. Pues va a resultar con la coña del ser feliz tan fácil decisión personal repleta de apreciaciones a las pequeñas cosas, pues que no, no es tan nimio o tan delicado y sutil eso de ser feliz.

Digan lo que digan, hoy sé que no es así. Y punto.

De todas las maneras, quizás. Y solo quizás, sea cierto, que estoy tan, no sé cómo, quizás enfadada, pues sospecho ahora mismo, tengo la intuición en todo lo alto que eso de decir soy feliz es un recurso como el de: “Virgencita, virgencita que me quede como estoy.”

Ejke si, lo reconozco, a pesar de que no se me note absolutamente nada… Qué es cierto, es así, tengo tanta rabia que ya hasta protesto por un simple turno.

Ya que como se le ocurra a alguien decirme en la fila del súper que solo tiene que pagar un chicle e intente colarse… posiblemente tenga tanta rabia embutida que, al escuchar esas simples palabras, me obligo a detenerme, a intentar no mirar como quien apunta con un wínchester desos de los flines del oeste y, sin remilgos, de ipso facto mandaba al sujeto o sujeta a ver la troposfera de un golpe de canica. Juntaba pulgar y corazón, dejaba resbalar los dedos y, ea, como cerca próximo destino las puertas de entrada del súper y, de ahí, al mismo cielo, troposfera incluida, o allí, la no sé cuál hanchinflosfera esa, donde dicen que se escucha la radio y sonidos del planeta tierra.

Qué buena gente soy, los envío allí, donde se escucha la radio. No se aburran.

Cuanta rabia, cuanto sin sencido. Ejke,  hasta dando un golpe de gracia tiendo a ser estúpidamente estúpida empática  pues nada más mover mi varita imaginativa,  en ese proceso de darle un tarantín que el individuo salga disparado embadurnado en la banda sonora del mismo instrumento que hace el silbido del viento, pues que sin más, tipo abuela,  la pongo bufanda y traje de explorador espacial y un jersey calentito, no se constipe. Además le retiro los cristales, no se corte, y si lleva gafas se las retiro no sea que se le rompan.

Que sí, que queda listo para sentencia. Decidido. Soy estúpida con etiqueta, si encima me preocupo por la salud de aquel que con mi imaginación lo mando a las altas esferas terrestres y todo, por sentirme ninguneada, depreciada y repleta de todas esas cosas que te llevan a cerrar los puños, te ahogan la garganta y sientes correr bilis por el garganchón henchido de impotencia.

Menos mal que los humanos no disponemos de poderes mágicos como esos de Harry Potter y que al fin y al cabo solo nos quedamos en morena brujas Lola, esa que quema rabias poniendo memeces de velas negras, que si no, últimamente estaría dando hostias y haciendo mover muñecos.

Recuerdo a mi abuela decir cuando algo le molestaba: Siejke les daba una hostia y, hala, muñeco bailando”

Pero luego lo pienso y, donde imaginé desparramando cachitos de organismo vivo, los vuelvo a pegar, pido perdón y los devuelvo intactos al suelo, les suelto el anzuelo, un besito y los suelto a nadar de nuevo en la vida, tranquilos y deseando sean felices intentando encontrar el cartel que justifique un tramo sin muerte en este rio que es la vida. Y quedándome rota por dentro, y pensando ese: como les pase algo no sé cómo voy a seguir viviendo con esta culpa.

Pero ejke tengo tanta rabia dentro que por más que intento sacarla en porciones no sale. Y sí, con la imaginación he rellenado mil quinientas cajas circulares tipo el caserío sin desnatar. Y ahí tengo toda esa mercancía de mala leche, sin saber darle salida, mal fermentada. Que total, no sirve para nada.  La rabia siempre descubro que es inútil, pero también lo es sonreír, darle la vuelta a las malas situaciones, extraer los buenos aprendizajes de las malas situaciones, si total, superado el trámite todo se olvida.

Somos caducos, extractos de minerales unidos en diferentes porciones, y no sé cuándo ni dónde, pero he descubierto que nos desplomamos con la misma rapidez que subimos a las nubes de alegría, y todo depende de hechos que jamás podemos controlar. Hechos y situaciones que solo podemos asumirlas y seguir viviendo.

No sé para qué malgasto el tiempo en enrabietarme, si total, la vida a cada uno le tiene reservada su parcela de sucesos y, de estos, solo de nosotros depende el saber reaccionar para que no nos dañe y nos cambie demasiado.

Pero he de confesar que ser malo es a veces gratificante. Aunque te ensucia la conciencia y a las cuatro de la mañana sales sudando y asustada, y con esa misma sensación que la rabia en la garganta, no sabiendo cómo solucionar ese daño que hiciste.

Ejke, el otro día, hacía mucho frío, pero con la bufanda… hablaba con una vecina de barrio de todas esas cosas nada importantes, pero que en un momento mágico una de las dos parlamentarias da una palmada asegurando que eso que ha dicho…. Pues es como el nirvana y la misma biblia de razón erudita implacable. Vamos esas cosas simples, pero que son divertidas que dan al hablar combinando esa mezcla homogénea de confianza y no, con otro humano. Pues cuando hablas con una cotilla, ya sabes que pelo puedes correr si dices o sugieres o expresas ligeramente lo que no es adecuado. Además sabiendo que en el universo paralela cotilla todo es útil. Ser cotilla, digo yo que será ser muy ecológico, pues todo lo que oyen puede reciclarse a saber en qué. Qué arte.

Y sé que no es disculpa que, cuando estas con la rabia ahogándote la garganta, un rato de despotrique contra la humanidad vecina… no alivia pero se hace. Al menos yo que soy débil me dejo llevar. Luego me arrepiento, y cuando hablo suelo delegar en plan yo, yo no quiero que nadie esté en boca de otros, pero ahí estoy dando pábulo a la cotilla oficial… aunque a veces me pregunto que en momentos de rabia extrema hacen bien y su servicio es gratificante, claro, aunque luego tengo pesadillas, y ni idea de cómo reparar el mal que hice.

La situación no dejaba de ser curiosa y chocante. Todo hay que decirlo. Pues tengo la suerte de tener una de las tantas (todas) vecina peculiar. Esta tiene un perro enorme, un mastín, seguramente cruzado con alguna raza también gigante.

El animalito es un enorme aun cachorro que necesita correr, saltar, jugar con otros perros, aunque con lo grandote que es, normal que los pequeñines le ladren. Cosa que si les abre la boca tienen garaje los de raza labrador, así que esos enanitos le sirven para el hueco un diente…

Ella estaba sentada en un banco muy largo. Los pusieron nuevos y vamos, que son muy largos. Ella se sienta en la esquina y el perro lo hace quedarse ocupando todo el banco. De más peque lo tumbaba en él, pero ahora al animalito no cabe con tanta pata tan larga

El enorme animalito dedica su tiempo escuchando atentamente todo lo que le cuenta su dueña. Todo su día a día es confesión que, el gran compañero, escucha pacientemente, y nosotras, las cotillas de turno, con intriga.

La voz de la chica es calmada, entrecortada, aguda, suena irritante, pija de polítono casi pijo pero sin ser polígonera. Es un intento de Barbie moderna, de las gorditas, pero con muchos más kilos. Que no está mal que cada uno se ponga lo que quiera, pero ir de minifalda con piernas de escultura de botero… vamos que no reclame que la miren, y más si no tiene seguridad de que lo están haciendo.

La dueña del gran animal protesta si un perro se le acerca al suyo. Y andando se gira y, si alguien va detrás, se queja airadamente de que la están mirando cuando simplemente la gente pasa, la miren o no, eso a ella no debe incumbirle… Vamos, que es insoportable.

Al levantarse pasó delante de nosotras y no nos dijo nada. En su día ya tuvo un rife rafe con mi colaboradora de extinción rabiosa, vamos, mi vecina cotilla. Pero la chica en su caminar, como es habitual, discutió con un par de dueños de perro tras continuaba dándole conversación al enorme animal.

Así que, la seguimos en procesión sin ningún cargo de conciencia.

Encima, al ir andando. Su minúscula falda de tubo, la cual se ve claramente que es una normal recogida para que se convierta en minifalda… pues la cosa es, que estas faldas tubo llevan un triángulo atrás, en la zona de las corvas de las rodillas. Pero como la sube para dar lugar a una minifalda, ese triángulo le lleva en la zona directa del perímetro anal. Así que cuando va andando se le ve la raja de las piedras feroces que ostenta entre sus asentaderas.

En ese compas andante, atentamente la escuchábamos como contaba a su perro todos sus anhelos, dires y diretes mientras se detenía con el animal impasible a las discusiones con todos aquellos que ella creía miraban, menos nosotras que, ni nos miraba y quedábamos en la zona fuera de todo mal.

Pero en ese impasse andante mientras nos creíamos trasparentes descubrimos que sus bragas eran lo mismito que el gran Guadiana. Pues con sus andares a la pobre braga se la iba comiendo el trasero, unas veces sí y otras no.

Prometo que acabamos cinco vecinos tras ellas mirando fijamente el vaivén de la braga Guadiana, apuntando sin miramientos cuando se veía y cuando no. Cuando estimamos oportuno y, en corrillo, nos quedamos viéndola marchar.  Con su lejanía nos convertimos en lobos descarnando la presa aullando carcajadas que ella, cuando se giraba no sabía a qué eran debido

Uno de los vecinos cotillas que participaba activamente de la gran bacanal de carcajadas, aseguraba que soy un sol, una maravilla descubriendo cosas en las que nadie se hubiera fijado.

Me sentí en un trágame tierra. Nos habíamos reído de alguien por mi culpa. ¡No me jodas que no se habían dado cuenta del efecto Guadiana en sus posaderas!!! Anda ya!!!

Pero no sé cómo solucionarlo. Ya al rato de haber cometido la fechoría me sentí… no sé cómo aunque también me sentí muy bien.

Tras las carcajadas lo comentamos todos, prometimos intentar hacernos amigos, o al menos que se sienta una más.

Todos me dijeron que siempre igual, que soy muy pesada con que la gente se sienta feliz y que ese espíritu de ayudar agota….que también hay que ser malo de vez en cuando…

Pero ejke reírse, aunque se lo buscó o lo encontramos pues da la sensación de que lo busca para llamar la atención, pues no está nada bien.

Sé que ella está sola, pero todo intento de acercarnos es nulo.

Y ahí estoy esperando. Además, no sé si a darle las gracias pues, cuando me marché al súper a comprar, ese día no me enfadé con los que intentan colarse en la fila, fue como si mi rabia se hubiera ahogado con las carcajadas… Pero sigo con pesadillas, y no sé cómo acercarme a pedir perdón. Además, no sé si debo…

Imperio

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Berreo¿feliz?

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Sí fuera a encontrar un motivo por el que decir soy feliz. Si tuviera que ser real y sentido ese con el que soltar a boca llena un soy feliz… pues.

A poquito que lo piense, posiblemente, no encontraría ese con qué soltar un lo soy tremendamente convincente. Pero ejke, un día descubrí que ser feliz no se es con un con, o quien te hace, o ese alguien, o esos algos, puesto que será ese que;  eso que te hace ser feliz… aunque, estoy segura de que ser feliz es una opción que se elige.

Divino muestrario ese que trabajosamente has de repasarte para que en eso del día a día funcione, así, repetir a modo de letanía

Y diré soy feliz a pesar del por, a pesar del cuanto me falte, de la sal y el azúcar, del cómo, de quien me odia, de todo lo terrible de mí misma… Pero ejke, y lo sé, sé que soy feliz por esos miles de no tengo… Y también, que soy feliz mientras me cago en la puta madre de… por pasarme todo esto. Pero, sí, soy feliz…., aunque como me muera seré quien, de existir, mate a dios.

Pero sí, definitivamente, aun con todas las putadas y puñaladas traperas que me regala esta becerra vida, pues sí, soy feliz.

Sí, y que se jodan los motivos, esos, que fastidiar, fastidian tanto.

¿Qué habré hecho? Seguramente al nacer le arranqué alguna que otra pluma a la cigüeña, o le até los cordones al cura que me bautizo, o, seguramente escupí en los ojos de los tuertos, aunque los tuertos solo tienen un ojo, ¿no? Pero fijo que algo les hice, ya de recién nacida tenía madera -o clavo, que esta mala salud de hierro…

Es lo mismo, fijo que hice algo malo, malo y más que malo. Ya estoy segura que si no me queman en la hoguera es porqué como sudo mucho, pues seguro que saben que la apago y, así pasa, me están dando otra opción. Pero soy feliz ¡Qué se joda! O me joda yo.

 Pero. Soy, lo soy. Soy feliz (… venga que ya estoy convencida. Qué sí, que lo soy ¿Sí? Por los cojones. No, en serio, que sí, que soy feliz)

Es divertido mirar el menú diario; ese catálogo matutino de problemas que duermen contigo. Qué sueñas con ellos y, para no variar, continuas sin darles solución por muchas vueltas, números o estrategias que busques…, qué, ya, que si lo pienso no son problemas, pues ya son tan habituales en este puñetero y, afortunado, ¿porque no va ser afortunado el cabrón día a día?

Ya está, afortunado, el día, cada día soy feliz. ¡Mecago en el puto universo! Pero soy feliz, muy feliz.

Y cuando todo parece caerse, incluso a punto de desplomarme, miro al cielo y las puñeteras nubes grises están más bonitas que nunca. Y si está el sol, luce como si le fuera la vida en ello. Los árboles hasta si es invierno que andan guardando su vida, están tan bonitos.

 Así que, como para deprimirse en primavera o en verano con tanto verde. Y ejke en otoño tampoco, qué los jodidos árboles regalan nieve amarilla con el caer de sus hojas. ¿Y los pájaros? Que sobra que estés de bajón y pian y repian mejor que nunca.

No es justo, cuando estas mal todo el mundo decide ponerse la sonrisa más preciosa que tienen, y ninguna son para mí, pero… son preciosas. Seguro que pertenecen a algún grupo de wasapp y se avisan para ponérsela y que rabie por estar así, tan sola.  Aunque no me importa estar sola, y realmente no lo estoy, aún me aguantan dos pirañas y yo, también, aun me soporto. Aun así le preguntaré a gente que he conocido si me arrejuntan para estorbarles.

Y ejke, no es justo pues hasta las lágrimas que me ruedan dan ganas de chapotear en ellas. Tú, en serio, que saben más a mar que nunca. Y lo sé, son pis, igual o parecidísimo a gorrino pis.

Igual estoy equivocada, pero lo sé, tengo que dar ya las gracias. Pues digo yo que ya es hora de entenderlo, seguro que no es motivo para ser tan desagradecida, puesto que, sin duda la vida tiene razones, aunque, definitivamente, no las entienda.

Ejke, y no por ser cansa, que lo soy, pero estoy hasta la bola de tanta preocupación, de tanto dolor, de tanto rechazo, de tanta mala salud de hierro, de tantos odios aunque me los gane, de obligarme una y otra vez a pensar en positivo, a permitir la rabia cuando no es de mí quien cuelga el cabrón de Damocles su espada. Pero, que no lo dude, pues si supiera el daño que me hace… mejor le valdría girar esa arma y colocármela a mí, porque como le dé por caer a la espada de los cojones…,  ejke se va enterar de lo que es llorar y no desear vivir de esta, la que es feliz.  Qué sí, ¡Coño! Que soy feliz.

Lo sé. Sé que tengo muchas cosas para dar gracias, así como muchos motivos para que la vida la pague así conmigo, puesto que soy insoportable y, es curioso, ahora estoy haciendo un curso para poder currar en algo con salida y, es como un algo magnético, porque si algo está sacando a borbotones es lo peor de mí misma.

Ahora soy una total desconocida. Me tendré que presentar e invitarme a café puesto que hay que ser amable con los desconocidos.

Pero, no, no me gusta na de nada lo que estudio, aunque sé, y de eso estoy segura, que si trabajo de ello, nadie pagará mi desencanto.

Ya estoy segura que el castigo de tener que elegir esta profesión, tan solo será un triunfo más, todos estarán encantados de mi labor, la única que no se sentirá a gusto seré yo misma. Pero aprenderé a sentirme bien. Siempre lo hago. Aunque no sirve de mucho puesto que el asqueroso Damocles con sus jodidos olvidos benignos se deja siempre la espada, la puta toledana, sobre mi cabeza. Será… ¡Mamonazo, apárcala en otro lado de una santa vez, cojones! Qué anda guapo que no habrá suelo de sobra.

Ejke es como un sino en mí, puesto que en todo aquello que no me gusta caigo en esa tela de araña y, en vez de rendirme y huir como alma que lleva el diablo. Pues no, me dejaré atrapar y haré todo lo que esté en mí para que nadie pague por mi mala suerte.

No sé a dónde me llevarán mis pasos, puesto que no sé callarme, siempre digo lo que pienso, no tengo problemas en mostrar lo que soy y esto poco que tengo. No me preocupa lo más mínimo que vean este jarro vació con tanto roto y miles de mocos descolgados sujetando los cachitos de esta burda cerámica descolorida. Aunque será, digo yo, que  quien va de diana, es proporcional, pues recibe patadas en el mismo centro el culo. Doy fe.

Mierda, mierda y mierda. Pero feliz, soy.

Ahora me quedo pensando ¿superar las zancadillas no es tan malo, no?

Aun así cruzaré los dedos de los pieces con juñas incluidas para que eso que me daña tanto, eso que rige la vida, pues me siga haciendo daño solo a mí. Que lo hará, ¡Si tuviera tan segura la lotería, millonaria!

Voy a por un madero. Mejor dos. Los colocaré en cruz y a colgarme con dos pinzas, qué los clavos fijo que duele.

Seguro que me leo y los pasos de la Semana Santa se quedan en na a mi vera. Ay saldré en el próximo  calendario Zaragozano. Me nombrarán Santa y Mártir. Qué digo yo que Virgen, no ¿no?

¡Bahhh! Aprovecharé los maderos y, con unas cuerdas… voy a mirar si acabó la lavadora.

Imperio

 

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BerreosAlFolio

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¡Ay foliete de my live! Por cierto, ¿cómo se dirá foliete en el idioma del Sr. Don Shakespeare?

Y no ejke yo sea ducha, ni bañada, en cosas inglesas, pero ahora va y recuerdo palabros que estudié en su día. Siejke foliete lo mío es de tebeo, o comics, como se dice en los nuevos tiempos.

Qué, anda tú, no será completo nuestro idioma que, así como quien no quiere las lentejas, pues lo llevamos todo al inglés. Como si el pobre fuera la casa de todos. Si ejke no va tener habitaciones para alojar a tanto palabro…

Ejke foliete, estoy hasta los kínder flais de los anglicismos… en fin.

El caso que, ¡Joer majete! Sabes qué según el don traductor del sr. Don google se dice para llamarte: sheet of paper. Y, como es foliete lo que te llamo. Pues, y que eso del diminutivo lo llevan los ingluchetes como mucho raro, pos será, digo yo: Little sheet of paper. Porqué digo yo, que simplemente page, o  little page in clean  pues no será, y ejke, como eso de small y el black pues no me gusta nothing de las nadas…, pues, así que, lo dejaré en Little sheet o mejor aún: shetelillo.

¡Tomaaa, mooola! Encontré un palabro new. ¡Siejke no puede ser! Esta depresión de ánimo flojo atristalizado to crazy mestamatando mucho lentamente…

En fin de los fines comenzables, intentemos respirar y superar lo insuperable shetelillo. Y ejke ya sé, lo sé que no me acerco de las nadas por los aquís, qué ando como missing. Sí, mucho desaparecida no estando con demasiados combates… vamos, dos o tres al día na menos.

Y ejke lo que me pasó el otro día shetelillo no tiene nombre. Bueno sí, se llama (seguramente) Síndrome de inmunodeficiencia autoinmune auto-incomunicativa. Y si no se llama así, deberían.

Ejke de nuevo no tengo trabajo. Y con mi medio siglo y casi dos noviembres que haré, sospecho que, encontrar curro lo voy a tener como esa canción de los 28 panes y un piruli… No me mires así, tan en blanco. ¡Qué sí, coñe! La del… pan, pan, pan, pan, pan, pan…, y el piruliiiiiiiiiiiiii ♪

Y fíjate que es mucho difícil esto de las entrevistas shetelillo, y que te toque siempre el mismo tonto paralelepípedo del ortoedro… pues más. Pero, tuve una entrevista con el idiota del año. Bueno, es el idiota del siglo quien “súperamablemente” me atiende siempre, y encima, ahora, también está su sobrino, qué si es tonto el tío, vamos, el sobrino lo pueden nominar al Oscar y darle todos los honores hasta de estado si fuera menester… qué merecer lo merecen. Encima qué mal educados… Siejke de tal tonto tal tronco para hacerlo astillas de una colleja.

Y mira que no me gusta desearle el mal a nadie shetelillo… pero lástima les toque la primitiva y se marchen al culo, digo,al ortoedro del mundo de vacaciones. Que se marchen por lo menos al krakatoa… qué eso de caerse se lo dejo a Dios, qué con lo que es de atento y bueno con todos los bichos malos, fijo que saltan dentro en plena erupción y ni se queman.

El caso que me llamaron y mis nervios comenzaron a bailar solos, como si tuvieran algún San Vito del que servirse. Me duché, chapa y pintura para tráiler de cargas especiales. Me preparé del to y, al ir a salir, horror (música de Hitchcock, esas del: na, na, na, hji, hji…) pues solo disponía de media hora para llegar.

Ay shetelillo, se mascó la tragedia e hice pompas de chicle, me miro al espejo y…. ¡Maldición, a la camisa le falta un botón!

Mi desesperación buena del Carrefour tres por uno, se apoderó de tol body que tengo.

Ejke, shetelillo no me veía bien con nada, y tampoco disponía de tiempo para cambiarme… Ay, el mundo se abrió bajo mis pies…

Pero solo era una entrevista con el tonto el culo, digo: ortoedro de siempre, así qué, lo pensé: aguja e hilo y pillé un botón del costurero. Con tijera en mano descosí el botón final qué no se ve y me dispuse a cambiar su orden…

Tras coser como la ratita presumida. Segura de mi misma, emprendí el camino a la paciencia que iba necesitar para no partirle la cara al gilipollas, digo, al encanto que me amarga la vida y se burla de mí cada vez que no tengo trabajo.

Con oles y ánimos en cartelón imaginario ante mis ojos internos (que no del ciego), pregunté y me senté… y, me tocó esperar un buen rato.

Mis nervios giraban como el dibujito que te pesa en la tabla de la play de hacer ejercicio de mi hija. Y yo allí, calculando… digo, recitando letanías tipo mantra: “No hagas nada, sonrie si te dice una borderia Imperiete. Onnnn…, no saltar, no arañar, no tirar con el zapato, no dar con el tacón, no estrellarlo contra la pared, no se matan bichos, caca, se buena, sonrie, onnnnnnnn…”

Y me llamarón. ¡Menos mal! No estaba sentado el calvo asqueroso… digo, el encantador hombre que siempre súper amablemente me atiende cuando solicito un puesto de trabajo…

Estaba un chico joven, más feo que escupir en misa, pero oye, no soy la bella, pero él podía hacer bien de la bestia.

Fíjate shetelillo estuve por comenzar a cantar: Se oye una canción…. Por ver, más que nada si me hacía los coros. Qué tengo el ánimo bajo y fea soy un rato y, como bien podía hacerme de bestia…

Al fijarme bien en el mocete, observe y me di cuenta que podía ser familia de mi propia bestia entrevistadora de periodos de paro, y tenía razón shetelillo. Es su sobrino.

Tan borde, digo, encantador como la familia. Sin apenas saludarme me recriminó que llevaba un botón diferente en los ojales de mí camisa.

¡Será….! Sí, me lavaré la boca con jabón, pero shetelillo hice una actuación de “Jamás volveré a pasar hambre” de Oscar, Goya y Grammy…. Lucí como la mejor de las actrices, le dije que, como no tengo trabajo, no dispongo de medios para comprar botones…

Ay shetelillo, que ahora sé que tengo una completa incomunicación conmigo misma. Sí, padezco el  Síndrome de Inmunodeficiencia Autoinmune Auto-incomunicativa propiamente toda mía entera.

Me equivoqué shetelillo, coloqué el botón que quité de nuevo en su lugar y, el intruso solucionador en el lugar que no era.

Pero, a veces el diablo se alía conmigo, pues le he caído bien al sobrino de la bestia. Me llamó para decirme que en el momento que tenga un puesto en el que pueda encajar, me llamará sin falta aunque solo sea para fastidiar al tonto el culo de su tío. Literal.

Sigo sin trabajo, pero la nueva bestia será bella.

Imperio

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Berreemosunpocosolamente

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Nanete por el pasillo la emprendía a velocidades de lo más veloces a nada que sospechaba de una sombra.

Era tal que su vértigo sudaba al atisbar el horror que, bien en sí, pues podía ser cualesquier ligereza de claro oscuro.

Lo cierto ejke todo es realmente útil en ese miedo que consigue ese que, y un no sé qué te persiga, y, de la sensación, de que, tras correr como alma que lleva el diablo, algo te atrape en ese sí y, del escalofrío, triunfa y como por ensalmo hace que se te arquee la espalda en un ya irremediable.

Es lo que tiene el miedo y unos valientes 9 años, ya mayor para todo. Un sabio de gran bagaje. Sin duda.

 _Di, que el miedo nos posee en todas las edades y, lo cierto ejke, ese miedo delicioso que se tiene de niño, cuando lo recuperas de adulto, dan ganas de invitarle a café, dulces y besos; más que nada para que se quede un rato haciéndonos compañía y, así, desaparezcan toda esa saga propios del pensar, social y haber llegado a adulto. Ya que llegar nunca es lo mismo que serlo.

Ese día, sus oídos resplandecían limpios como la patena, pues su madre, había entrado a ducharle y a hacerle la ITV, es decir: Inevitable Trasteo de lo Visible. Cosa que odiaba, pues más bien parecía andar recogiendo su armario de como doblaba sus orejas y refrotaba su cuerpo. Aunque, por esta vez debía agradecer el que fuera ella, pues su padre era bastante más pesado en lo exigente al aseo.

Pero, pensándolo bien, los dos eran iguales ¡Los odiaba! No mucho, o sí, pero así era. Ejke todo el día besándole, mandándole que recogiera, que limpiase su habitación, que no llegara tarde, qué a donde iba y venía, que sacara la basura… Padres, Agggg!!!! No entendían que ya no era un niño. ¡La vergüenza qué le hacían pasar con sus amigos!

Ese día casi reinaba el silencio en la casa de sus abuelos. Ni un ruido, ni tan siquiera un ronquido salía de las habitaciones donde se echaban la siesta sus padres y abuelos. Pero, ese ruido atronador le hizo volar por el pasillo.

Intentó subir de nuevo para descubrirlo. Pero el ruido se había apoderado de todo. Seguro que era algún fantasma con muy malas intenciones. O una tontería, ya era mayor para creer en monstruos. Sabía de sobra que no existían, pero ese cit, cat… le hizo quedarse inmóvil y, al notar que algo le agarraba por la espalda le hizo salir sin más disparado escaleras abajo.

Su abuela salió al escuchar el gemido, pues durante la semana comían allí. Ella era diferente a sus padres, aunque bien pensado hacía lo mismo que ellos, pero tan distinto que no era para nada igual.

Nada más verla saltó a abrazarla y, ella, le propuso iniciar la danza del miedo. Por lo menos para saber quién de ellos había venido y así, saludarle.

Ella asegura que siempre hay que ser respetuoso y amable con cualquier ente, y sea lo horroroso que sea hay que hacerle sentir que es querido, apreciado y en casa. Siempre.

La danza del miedo es muy ridícula, pero también muy divertida. Ya que, incluso su padre, al que todo le daba vergüenza, aprendió a bailarla. Bien pensado, a saber cuántos miedos no tendrá a pesar de que se hace el valiente. Qué chulito, seguro que la baila a todas las horas, pensaba Nano, mientras continuaba temblando, no sabiendo que hacer con la risa que le daba el pensar en su padre bailando entre tanto miedo que tenía.

Como siempre, ella, adivinó su que no sabía si reír o, su a saber que estaba pensando y, casi, a los dos, de no ser por el susto ríen a carcajadas imaginando como bailaba su padre. Pero su abuela asegura que los mayores también deben ser amigos de sus miedos. Y ella siempre tiene razón.

Su abuelo no mucho, pero su madre y abuela, ambas están un poco mucho locas. Su abuela quizás más. Pero solo ella, incluso conocía mejor que sus padres todo eso de los miedos.

Nano estaba seguro que ella los conocía a todos. Ya imaginaba que cuando su madre fue pequeña les anduvo preparando fiestas e invitándoles a bizcochos de chocolate, flan de queso, leche frita, torrejas, quesada, arroz con leche, emparedados, pimientos asados, caparrones, patatas a la Riojana, tortilla de patata, fruta cortada como solo ella sabía, pepinillos rellenos de anchoa y todo eso que su abuela preparaba como nadie.

Aunque, no sabía muy bien como los miedos podían comer todo lo que ella les echaba en el plato, y luego, tener el valor de perseguir a niños con la barriga tan llena. Pues él, ya podía llegar el miedo que fuese que tras un vaso de leche y galletas todo daba igual, su abuela conocía bien ese mundo. Pues no hay nada que no arregle algo que prepare su abuela y un abrazo con besos. -Sí, estaba seguro que los domesticó así, cebándolos y dándoles besos.- Quizás también sea por culpa de su abuela que los miedos sean tan gordos.

Tras abrazarlo más y acabar de contarle que ocurría, los dos subieron; sin hacer mucho ruido para no despertar a nadie.

En el pasillo sonaba ese ruido infernal…

Su abuela abrió la puerta de la habitación donde Nano se quedaba: esa que también era la suya. Y allí, sobre la mesita de noche, su abuela encontró sin más al fantasma que hacía sonar tan fantasmagóricamente.

Era el despertador, pues al darle la vuelta retomó su tic tac de siempre.

Ese era el despertador de cuando su abuelo era joven, de allí por el pleistoceno. Qué susto le había dado, tanto que, su abuela le reprendió muchísimo al pobre despertador, e incluso, aseguró que él también estaba un muy mucho asustado y con toda la sangre en la cabeza de estar del revés. Nano le tuvo que dar un beso para que no se sintiera tan culpable. ¡Él besando al despertador! ¡Qué cosas tenía su abuela, estaba más loca!

Los dos rieron muchísimo, pero, sujetándose la risa con las manos para no despertar a nadie.

Y tras el gran susto, bajaron a la cocina a buscar algo con lo que merendar antes de salir a correr un ratito por el mundo. Pues su abuela aseguraba que al mundo, que así llamaba a la calle, había que trotarlo y patearlo mucho para que le respetemos, nos respete y reconozca.

Imperio.

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Berreeeeeeeeeando

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Son las tantas mil quinientas y aquí estoy, muerta sueño pero, sin conseguir dormir. En fin, será cosa de este puñetero bombo que tengo sobre los hombros… ¿sobre los hombros? Espera que mire, voy al espejo que no me fio yo mucho de que la bola de mi mundo siga ahí, sobre mis hombros… vengo en na.

Pues sí foliete, sí, mi cabeza está en su sitio… ¡Cojón de fraile dolorido, virgen de la pata plata! Tú, qué no te he saludado. Espera, qué empiezo.

¡Ave maría purísima. A las buenas noches sean!

¡Venga, qué ahora tú dices: Buenas noches, sin pecado concebida. ¿Era así, no?

Bueno, da igual, dejémonos de formalismos que ando más para allí que para aquí.

¡La leche frita tú, la de eones que no me acercaba por los aquís! Y si te soy sincera… Tú, qué ni ganas.

Es como si me hubiera entrado un ataque sin ser, pero casi, de pánico y, de repente, pues necesitase contarte los millones de naderías que he aprendido en todo este tiempo. Pero,  aunque adoro a toda la gente que conocí por estos internetes, me da verdadero pavor volver, y no sé el motivo, pero me lo da. Será cosa de la edad foliete, creo.

La cosa que cada vez me siento más mayor, como si todo se fuera acabando y no quedase nada nuevo por hacer. Aunque si te soy sincera, sigo haciendo esas tonterías que tanto me gustan y, foliete, espero no privarme jamás de dedicarme algún ratito a ser yo misma  dentro de este gran círculo de desesperación donde ando encerrada. Ejke, son demasiadas cosas, demasiados disimulos soltando unos muy creíbles estoy bien, y tú, que no son ciertos. No lo son foliete, estoy fatal, con ganas de gritar hasta dejar ronco a todo el alrededor y, no me mires así, que sí, que te dije ronco. Ejke me iban a gritar ese ¡Cállate ya ¡ Tanto… Pero, yo ni caso, qué se queden roncos.

Por cierto, ¿te cuento algo? Ejke con eso de la ronquera me acordé de algo que paso. Te cuento ¿vale?

Pues resulta que soy así de puñetera y, cuando me voy dejo la radio encendida a buen volumen, más que nada, que tengo un vecino…

 Ejke, es como, para que me entiendas, de república independiente del entendimiento. También él es como muy de interpretación libre de la rae republicana, ya que la nacional, no le cubre la expectativa.

Ejke él es muy Espasa. Aunque más bien va ten con ten a un María Moliner, incluso, dispone de su propia gramática parda. Es así él, completo el hombre.

El gran hombre, no de tamaño. Ya que, si larreo una languarina sin apenas girar la mano lo pongo de moda bailando la trompa. Pero, para que engrandecer más al  grande del cuarto. Además no hay cosa que violente más a la realeza que no entrar a su trapo. Es más, él susurra a los vecinos que soy mucho tonta. Pues, según sus palabras: “Mira que la hago para que estalle y, haga lo que haga, no se entera de nada. Qué tonta es” Pos sí, y  con diploma.

La cosa que, cuando sabe que no estoy le da con el culo a mi puerta rozándola una y otra vez a ver si la hunde, la abre o la abolla. No sé, pero se creerá que es de plastilina. Y ejke, en su didáctica grandilocuencia  le explico con detalle a un vecino común que, mi puerta de entrada, pues es blindada y, como llevan metal en el centro si le da pasos calentando la puerta con roce tras roce de su culo esa lámina de acero cederá y, con ello, romperá la puerta. ¡Angelito, si ejke es puro talento. Ole !

Lo cierto fue que un día lo vi desde la mirilla de mi vecina y, tú foliete, lo que costó aguantarnos las risas el verle hacer de bayeta insistente, frota que te frota con el culo. Y no creas, que también me costó sujetar a mi vecina para que no saliese a partirle la cara. Cosa que no merece la pena.  Pero lo cierto, ejke después de todo y, ante la opinión del resto del vecindario, pues quedó demostrado que tenemos un vecino del cuarto listo para celebrar las campanadas  de fin de año con sus doce melocotones de Calanda o melones de Villaconejos. Seguro que llega a tomarlo todo sobrado sin usar los cuartos. Es lo que tiene la inteligencia tan emocional de él.

La cosa que, pues dejo la radio encendida, y, claro, no tiene conocimiento exacto de si estoy o no, y eso lo tiene al hombre deprimido y, foliete esto me da pena. Si total yo ya estoy deprimida, y dicen eso de dos que se aman, con uno que sufra sobra. Aunque claro, aquí debo mutar el dicho y, decir un dos que se odian con uno que sufra… claro que, no lo odio.  Pues lo cierto ejke me encanta desesperarlo, y tú,  que  total con un deprimido sobra, ¿no? 

Lo cierto que sigo aprendiendo muchísimas cosas foliete, como esta, que en realidad solo es reafirmar lo que ya sabía. Es decir, crecemos pero no maduramos. Aunque qué mal debe de estar como para buscarse alguien a quien odiar. Pero, te lo prometo foliete, no sé si habré jugado algún número para tener esta suerte

¿Sabes? Le dejaré que siga rozándome  la puerta, ella no se ha quejado de acoso, estará más limpia, y total, si eso le hace sentirse bien… ¿no crees?

Pero reconóceme una cosa, aquí entre nos ¿A qué es muy tierno? Un día le preguntó un vecino porqué me odiaba y dijo, tras balbucear como medía hora buscando excusas, que subía a su puerta a apagar los cigarros, y claro,  nuestro vecino le dijo que yo no fumaba desde hacía mil años, así que, se repuso y dijo contundente, qué me había cagado en su madre, luego dijo que no, qué fue en su mujer y luego, al rato dijo que fue en sus hijos… Nuestro vecino se dio la vuelta y pasó de discutir con él.

En fin, voy a ver si intento dormir.

Ta otra, cienes de besitos pal andando y cienes de y pico de abrazos.

Imperio

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BerreosAlaVida

 

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A veces buscamos tesoros y, nos empeñamos, en que han de ser prodigiosos, inigualables o enigmáticos y, los tesoros, creo que, simplemente no has de darte cuenta de que son mágicos y únicos en su trascurso. Quizás son como escupitajos, es decir: salpicaduras de las que no somos conscientes mientras las vivimos.

Es, como si los tesoros tuvieran patitas y anduvieran correteando sorteando tu vida en un trae lleva de eso que llamamos felicidad. Esa, la que nunca sabemos cuanta tenemos _Mientras, y buscando, aseguraba mirando hacia dentro para enhebrar ese cuento en el que se negaba a asomar el principio.

Y ejke, aquello sucedía en un prado, como en cualesquier prado que puede haber en el mundo y, que como cualesquier de ellos,  está repleto de pequeñas historias que se hacen únicas y desconocidas ante las apariencias de lo que mostramos, nos ven y el tesoro que esconde sin que nadie lo sepa, incluso nosotros, la más real realidad.

Pues resulta, _mientras abrazaba al pequeño y, mirándole a los ojos para que los volviera a la imaginación_ que en el rincón de la basura, allí, _señalaba_ sí, allí donde dejamos la caca de los animales. Sí, la mierda, eso que huele tan mal hasta que consigue secarla el viento. Qué si lo piensas un poco, qué malo el viento, ¿no? Pues se empeña en llevar ese nauseabundo aroma hasta justo nuestra nariz, porque a la de otros, que creo que también se la lleva, pero a la nuestra, por lo que respiro, sé que huele muy mal de seguro.

El pequeño, miraba sin entender absolutamente nada la cascada de palabras raras que le estaban soltando. Con lo sencillo que es el érase que se era un prado donde vivían… pero hoy no, hoy se hacía nada ese comienzo para un sencillo cuento.

Cuando por allí pasaban toda la vida caminante de aquel prado, se molestaban de ufano para dar los más sentidos pésames a la flora y la fauna del lugar. Las ranitas de la charca, y los sapos, estos miraban resignados con sus grandes ojos. Las ranas en un salto se sumergían gritando su “Estamos llenas de paciencia” Pero los sapos, apenas se movían, era como si aquel aroma les hubiera hecho perder la audición además del sentido que esconde la nariz.

Las plantas por el contrario procuraban comer glotonas todo lo que les ofrecía el paisaje e intentar esparcir sus semillas lo más lejanamente favorable. Y así, sin darse cuenta de que a veces, lo mejor, pues no lo es tal a lo que pensamos, pues muchas de las semillas que lanzaban haciéndolas escapar del lugar, simplemente no disponían de alimento y, apenas crecían morían por inanición. Pero, es la disciplina que todos buscamos. Que los nuestros vivan mejor que nosotros.

Ellos, los protagonistas de esta historia, se afanaban en hacer bolas con todo el material a su alcance. Qué era mucho y de muy buena calidad, aunque para el resto del mundo estos solo vivían entre mierda.

Con las patitas traseras aplastaban lo que nosotros llamamos porquería. Y así,  apilaban y empujaban enormes bolas de estiércol. Claro que, enormes para su tamaño,  pues para nosotros apenas eran canicas de esas grandotas.

El gran escarabajo pelotero peleo muy duro con grandes y fornidos adversarios a los que venció dejándoles cao de una gran patada. Y así, se quedó al lado de una preciosa escarabajo pelotero de la que se enamoró sin remedio nada más verla.

Juntos hacían lo que seguramente se hace entre los de su especie, es decir, vivir entre su mierda sacando lo más provechoso de ella. Pero, como todos tenemos diferencias a las que solamente apreciamos por comparación. Pues solo cuando salimos al mundo vemos que hemos tenido y que no. Es siempre la misma historia, triste, pues solo apreciamos lo que no hemos tenido. Pero, quizás esto nos haga superarnos día a día.

Papá y mamá escarabajo hacían las mejores bolas para esconderlas bajo la tierra para sus pequeños. Les dejaban música, libros, y antes de estar completos como escarabajo, les compraban ropa e incluso peleaban a diario por cosas que el día de mañana les sería útil en su vida diaria. Mucho más de lo que jamás se dieron cuenta mientras crecían.

Los escarabajos peloteros en realidad solo necesitan mierda, buena y bien apelmazada pero en realidad es mierda. Es decir, como los humanos, mierda: mierda de ropa, mierda de día, mierda de armario, mierda de trabajo, mierda… mierda y todo es mierda, ¿o no?

Aquellos dos escarabajos no pensaron en hacer nada especial, tan solo actuaron dando lo mejor de ellos mismos sin darse cuenta de que estaban dando lo mejor de ellos mismos… Y, es muy curioso, pues cada escarabajo pelotero que salió de aquella pareja, nunca tuvieron seguro qué hacer con su propia progenie, y tan solo los que se dejaron llevar por eso que mueve el mundo consiguieron salir adelante sintiéndose  raros, pues creo que jamás supieron que fueron y son muy felices.

Por qué es esa ¿Qué es lo que mueve el mundo?

Ya que según la edad dirás que las golosinas, los juguetes… también dirás tiernamente ese mis papás, y quien tenga los mejores, en pocos años ira odiándolos mientras que a su mundo lo mueve los amigos, la música… Y los que no hayan tenido padres muy así, normales, perseguirán un mundo lleno de trabas que nunca entenderán hasta que se den cuenta de que solo has de ser eso, uno más en el mundo sin más mira.

¡Ah, también!  En el crecer de cada uno, pues sin más veras que es el dinero el dueño del mundo, que lo mueve realmente más de lo que pensamos. Y, además, durante mucho tiempo dirás que son los colegas, otras dirás que la cultura, la educación, la paciencia, la paz, la guerra, la violencia, la…. Y solo, lo que realmente mueve el mundo de cada uno llenándolo de tesoros, creo que es, eso, la mierda de cada uno. Esa mierda que se da recibiendo más de la que das.

No sé, pero por más que muevo las letras que componen la palabra amor, pues que no sale la palabra mierda. Pero realmente, es la única que cuando más te embadurnas en ella menos hace falta eliminarla. Aunque creo que nunca eres consciente de toda la cantidad de roña rica en la que puedes andar nadando.

¡Coña, me falta el niño…! Eh ñajo ven pa´ca corazón! ¡Joe  qué he perdido el niño y no sé donde lo he dejado¡

¡Bah, lo busco y con unas chuches arreglado! O, a estos niños, ¿mejor una cerveza, o refresco bien frío?

 Imperio

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Berrereteandounopoquito

 

 

 

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!Hola foliete!

¿Sabes? Pues que me niego a decirte: !Qué de tiempo guapo!

¿Por qué sabes? Cuando todo es tan…, diría feo y repetitivo. Pero no. Tan solo, ejke, un día, -sin saber bien el motivo- tras despertarme sin haber cerrado aún los ojos. Allí, sí allí, donde tú sabes qué la pesadilla, ella, se quedó esperándome.

Y allí está foliete, en la almohada. Dando codazos enrabietada. Porqué, aunque me estoy, literalmente, muriendo de sueño. Me niego a que empape mis sueños y me mute a catarata asustada.

No, no pienso despertarme así. No. De nuevo asustada con el colchón flotando. Es más, sin ir muy lejos. Fue ayer que tuve que hacerle el boca a boca al cubre colchón.

Y el pobrecete, pues que estuvo a punto de girarse y hacerle entender, -de alguna manera: de esas sin violencia ni ná al quejica del colchón-, qué es lo que se siente convertido en vela de barco en periodo de competición olímpica. Vamos, qué tuve que detenerlo a punto de emplearse a mano mojada y abierta en plan languarina al ralentí a punto de acelerar.

Pero ejke encima tiene razón. No sé cuanta, pero la tiene.

Así que no sé que hacer para calmar este no me pasa nada pero no dejo de despertarme pesadilla tras pesadilla. Y cada noche es lo mismo. Seguro que dejé abierto el cajón de los miedos, porque es eso, o realmente no lo entiendo.

Y no, no lo entiendo. Pues todo es más de lo mismo, un mismo muy largo, tanto que parece no acabarse nunca.

Creó que sobrevivir e intentar aprender día a día algo nuevo, convertirme en adulta de una vez… No sé, me da que por muchas razones que pueda darme la niña a la que le encantan los pepinillos rellenos de anchoa tras un café con leche y sacarina… sospecho, tan solo sospecho, que tan solo está ahí, dando caña para salir y quedarse para siempre.

Así qué, ¿Y si la cuento un algo similar a un cuento? ¿Funcionaría? ¿Tú qué crees foliete? ¿Lo intento?

Además no tendré que inventar mucho. Pues reconozco que me pasó de verdad en un momento de esos… ¡Sí niño. De esos! !Sí hombre, sí! De esos en los que la melancolía se alea buscando un niño a quien contarle un cuento aunque sea soso y pequeñito.

Así que, reconozco que mi intención es convertir a la pesadilla en niña y que deje de esperarme en la almohada para entrar en mis sueños. Pero, no sé si lo notará. ¿Sabes foliete? Espero engañarla y qué se crea que es una niña.

¡¡Ya sé!! Si no, mañana le compro una mochila de la Blancanieves, le meto dentro una manzana rebozada en asquerosa azúcar, – qué eso es como veneno- y cerca de un barranco…¿La asusto, o la empujo?

Mejor le cuento mi sucedido con un tenedor de postre. Y si no te gusta me lo dices, ¿vale?

Ejke no sea qué a la doña no le guste. La tenga que agarrar del cuello y acabar con su misera vida de pesadilla por andar dándome guerra todos los santos días… Cagón la madre que parió a la santa pesadilla de los kinder flaís… !Mira, eh, que voy y la machaco!

Ná, le cuento el cuento. Más que nada, qué no sé donde hay que darle una languarina con retroceso suficiente a la santa pesadilla pa mismamente… lo que tú sabes y yo no quiero que pase.

Pues resulta que, el otro día, en ese erase que se era al que me niego a desterrar tenga lo años que tenga y, secando las cucharas… Noté que el tenedor de postre se negaba a recogerse para dormir en el cajón hasta nuevo uso. Incluso me pinchó. Se le notaba enfadado.

O quizá la enfadada soy yo, motivo por el cual, pues todo me parece que ande enfadado. Quizás él, tan solo intentaba recobrar días pasados.

La cosa es que llevaba mucho tiempo sin usar ese idioma, -en claro castellano, de madre, sencillo, más tierno que un bizcocho con dos kilos de levadura y sosorrón-, en ese, en el que se habla con la cubertería como quien habla con la vecina de al lado.

Quizás foliete este dialogo en”mono” sea más profundo. Pues. Total, la mayoría de las veces son cosas tan tontas la que se comentan entre humanos… qué lo confieso: sin duda alguna, es más sano y reconfortante hablar con la cubertería. Aunque es para pensar en qué eso de contestar… Sí, claro que habla… ¿Sí?

Él, un tenedor chiquito, pues es de postre. Tan acostumbrado antaño a darle de comer a mi hija. Supongo que recobró aires y, a modo electoral, se lanzó a un discurso. Aunque le ayudé. Por lo menos lo sostuve firme mientras no dejaba de hablar a las restantes sinsorgas piezas del cucharero. Qué estaban allí, tú, tumbarreadas como si la cosa no fuera con ellas.

_”Nosotros, y hablo en nombre de mis compañeros, dijo el pequeño, nos negamos a seguir tomando solo postre. Queremos disfrutar del resto de las comidas”

Muy convencido, continuó: “Compañeros alcémonos para revindicar nuestro derecho. Dejemos de ser simples cubiertos pequeños para convertirnos en intervinientes principales de cualquier menú. Abajo, compañeros, abajo, repetid conmigo: !Abajo los grandes, arriba los pequeños!

Qué nuestro tamaño no nos relegue a una posición inferior. ¡Igualdad, Igualdad, Igualdad! – gritaba el pequeño tenedor queriendo retirar a los grandes en tanto pedía igualdad. Y mientras, yo lo zarandeaba un poquito. Más que nada para que así, pues le diera como más énfasis a su discurso.

Qué es curioso, hace años ni tan siquiera hubiera pensado así, en ayudarle con un gesto para convencer… Será que ya soy adulta foliete… ¡Ay qué lástima!

El resto de cucharillas, cuchillos y tenedores de postre hicieron mención de levantarse. Se notó foliete, pero ejke no tengo manos para tanto manifestante. Así que hablaron tumbados y en orden. Ya qué todos a la vez, pues no se les entendía foliete. Además, es difícil hacer muchas voces a la vez, al menos legibles, ¿o se dice entendibles?

Todos, y claramente, dejaron manifestado qué querían ser participantes de los primeros o segundos platos. Y, levantando acta en solemne servilleta, trasladada para firma seria y oficial olímpica a pósit, pactaron con el resto de los cubiertos para que desapareciesen, así, como por ensalmo.

Pero, ahora tocaba que la familia no notase la falta de los grandotes y usaran a los pequeños sin demasiadas protestas. Ejke foliete, los cubiertos pequeños, serán de postre, pero puestos a agredir, pues tienen muy mala baba.

Los mayores accedieron. Al fin y al cabo los peques de vez en cuando tienen que poder imaginarse que es eso de ser grande. Aunque foliete, si supieran que jamás eres consciente del todo de qué es eso de ser grande. Claro, salvo en los pagos y esas cosas sociales qué si las cumples dicen que entonces eres responsable… Cuanta tontá, eso se hace porqué sí. Pero eso no es ser adulto, ni más responsable. Eso es ser cívico y actuar con la norma… en fin.

Lo cierto fue que me costó que mi familia entendiera porque no tenía cubiertos para los primeros platos… Pero como saben que estoy un poco para allá, pues comieron como pudieron, es más, hasta se divirtieron.

Aunque no sé, supongo que me creció la nariz. Ejke inventé que hay que meter toda la cubertería en lejía de vez en cuando y… eso, la disculpa fue que primero metí los grandes… !Ays qué cuentista estoy hecha foliete!

Lo bueno foliete ejke como los cubiertos no saben nada del tiempo… Así que, pues que con una vez fue suficiente para darse cuenta de que echaban de menos los sabores dulces. Qué allá ellos, con lo rico que es el salado y lo puag asqueroso qué es lo dulce. ¡Allá ellos!

Además, también, qué no se me olvide contarte: recordaron que también los usamos para tomar vermú y para alguna que otra cosa salada.

Fíjate foliete, la cosa ejke no sé si me da hasta penita, pues hay que pasar casi de obligatorio por las cosas para eso… de qué… eso que al menos, pues se dieron un poquito cuenta de que da igual ser mayor o pequeño. Qué lo importante es llevar lo mejor posible todo aquello que nos toca ser, estar o padecer en la vida.

Y no sé foliete si esto va convencer mucho a quien me espera en la almohada para asustarme como cada noche. Pues si ella es pesadilla, su misión es asustar, ¿no?

Imperio.

 

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