ComopaNoBerrear

Estoy casi decepcionada con la calle, pues hay días en los que por más que busco no encuentro donde estará ese botecito de pomada curalotodo como él que tenía mi abuela.

Ejke, ella, mi abuela, fabricaba una pomada a base de sauco que era así como el ungüento amarillo. Y esto, el ungüento, junto al dulce de higo eran la gran magia capaz de hacerme sentir que aunque el mundo personal estuviera a punto de estallar y engullirme en su torbellino, algo, sin duda alguna llegaría a salvarme y, a hacerme sentir que era, al menos, un poquito importante y qué no era un desastre y, qué… en fin, todas esas cosas que tanto se necesitan, ya estoy por pensar que a cierta edad, a diario.

Cuando llegabas a su lado, al de mi abuela, me miraba y me hacía revisión de todos los moratones que llevaba esa vez; pues muchos ya se aleaban y vete tú a saber de cuando eran de no ser por sus amarillos. Así que, me daba la mano para arrastrarte hacía el mismo paraíso y, mientras dejaba apoyados los ojos mirar sobre la meseta para saber como se movían sus manos; puesto que apenas sobresalían mis ojos a la superficie lisa pegando la nariz en el canto de la meseta y, permaneciendo de pie, me tocaba esperar a que me embadurnase de pomada y, tras lavarse las manos con ese aroma a sauco, me soltara en la boca el único bocado dulce que me ha gustado a lo largo de mi vida, el dulce de higo. Aunque reconozco que solo me gustó el de mi abuela, pues he hecho ese dulce con la receta integra y no sabe igual. Pero,  posiblemente sea que ya no tengo aquella necesidad de qué la pomada y el dulce, o mi abuela, me salvasen de aquella sensación de no ser nada.

La vida, o mi vida, me resulta curiosa por como me sorprende puesto que, cuando olvidé, subía a visitar a mi abuela y, ella, nada más llegar me miraba y sonreía. Hasta que un día me confesó que sabía lo que necesitaba y, según ella, era el motivo por el cual la visitaba.

Ese día me llevó a aquella meseta, _que aunque era la misma ya no me llegaba a la altura de antaño ni la recordaba_, y buscando la pomada, me la extendió por las manos mirándome muy fija a los ojos y, alentándome a abrir la boca, me lanzó, _haciéndome sentir un polluelo, pero que a pesar de sentir desconocido el momento, fue un salto de fe, pues me agaché, abrí el pico y ella dejó caer aquel maravilloso bocado de ambrosia propio de los mismos dioses a mi pico, digo, a mi boca.

Ahora, al recordar aquello me surge la duda de qué me gustaba más: si la pomada y el dulce o sus besos y sus galletas con sus cienes de  besitos y pico de abrazos pal andando de después, pues la de veces que repetí aquellas visitas a pesar de que realmente no me gusta el dulce.

Lo cierto ejke si ella no me recuerda todas esas veces que su pomada, y dulce de higo, curaba mis moratones y quemaduras que mi madre me regalaba para calmar su alma rota no lo recuerdo, aunque es curioso, pues ahora, veintitantos años después es cuando sí, ahora es cuando recuerdo nítido y claro aquello, donde mi abuela siendo una niña me hacía sentir que el mundo tenía un huequecito para mí. Qué al menos a ella le importaba.

Así que cuando los problemas me inundan me piro a la calle.  Y no sé por que, pero la calle da las respuestas de manera tan sorda que es como si exigiera ese tienes que pensar para darte cuenta, puesto qué, ¿y si pienso y la resolución qué encuentro es equivocada? Pues se ve que a la calle le importa poco,  ya que o rectificamos nosotros o ella se desentiende.

La cosa que necesito trabajo, pues no lo encuentro y, la situación me hace sentir torpe, otras veces nada, y así, va decayendo mi ánimo poco a poco por diferentes vertientes ninguna aconsejable. Así que llegada a este punto, cuando no encuentro consuelo, hago eso, como si buscara a mi abuela, me piro a la calle.

Y es curiosa la calle, tiene cada cosa. Sí, de madrugada la pisé y anduve sobre ella sin que me soltará ni un triste buenos días, cuando yo nada más salir la saludé. Pero ella estuvo así: mohína, callada y mientras caminaba con sueño intentando dejar en el aire mis malos sentires, pues como si guardase para mí una sorpresa, me llevó a encontrarme con él, un hombre que ya, pues así pensando tendré que recalificar la edad esa en la que decimos que alguien es muy mayor, pues para mí no lo es, pero claro, una jovenzuela pues ya no es que tengo cuarenta y siente, bueno, uno más en noviembre.

Era tan prontito que la claridad andaba pues eso, tímida. Pero él no, nada tímido me llamó desde la otra acera como si tuviera que despejar los pulmones: “Imperiete, ande vas pardala,  permites a este soñador que acompañe a calibre dama misericorde, cual capricho personal es llevarla a una dimensión propiamente paralela”  Desde la otra cera, ¡Caray! _pensé_, cualquiera, a estas horas que apenas ha amanecido y, que quiera que no le escuchará ese griterío, se va enterar, y del todo, qué es todo un catedrático, aunque se jubiló anticipadamente al terminar el curso el año pasado.

A pesar de ser un hombre de ciencia anda buscando a un dios y, ese dios que nos enseñaron de niños, quizás por lo cercano le sirve. Pero creo que, con tal que le dé ese margen que la ciencia no da, se traga lo que sea, aunque si sirve no deja de ser genial.

Tengo que reconocer que gracias al catedrático y, la ingente cantidad de libros de ciencia que me ha hecho leer, pues redescubrí parte de lo que perdí, aunque él, en su afán continúa su búsqueda de un más allá.

Tras los gratísimos dos besos y un fuerte abrazo que bien pudiera servir de desayuno contundente por lo alimenticio, caminamos juntos sin una dirección concreta, al menos por mi parte, pero él tenía claro su dirección: iba como cada mañana a rezar a una ermita pequeña que está cerca de las piscinas municipales.

Entre la caminata le pregunté a qué su tristeza y, me mostró un articulo que, para que lo leyera, nos hemos sentado a tomar un café. Hablaba de lo que ayer vi en las noticias: El Bosón de Higgs o Partícula de dios. (Me dijo una profe de literatura: “Es una falta de respeto hacía los creyentes poner dios con mayúscula la primera si no crees en él”)

Lo cierto que no fue la ciencia lo que me hizo darme cuenta que la religión tururú, fue desde niña y, _entre otras muchas de más mayor al leer textos religiosos-, el desencanto que sentí cuando la madre del cura era de las primeras que mandaban a que apuntásemos en un calendario cuando se casaban una pareja, así cuando tenían un hijo se consultaba la fecha y sabían si la ya casada era una puta o no, pues así la calificaban.  Cuando crecí, supe que todas aquellas honorables damas, que tanto apuntaban en el calendario, habían tenido situaciones parecidas o idénticas a las que tanto criticaban. Aunque sí que es curioso, todas tenían como padre para alguno de sus hijos  a un hombre qué biológicamente no era tal. Es decir, para vírgenes ellas mismas, pero jamás criticaban a la virgen, es más, iban a rezarle.

La cosa que poco a poco dejé de creer en aquellas figuras que me presentaban como gran dios, cuando el pobre ahí clavado y lleno de heridas, qué además, decían que era por mí  para salvarme ¡Coño, por mí y mi madre pegándome a diario! Si ejke me veía un día u otro en una cruz, aunque lo cierto, no creo que recibiese las somantas para salvar a nadie salvo la rabia y el odio que me profesaba mi madre. Y aunque en su día le pedí pomada a mi abuela, me acerqué al altar, escalé y le di un poco al cristo en los pies, pues era a lo único que llegaba, pues qué yo sepa no curó y solo conseguí que me riñera el cura y me mandase a dar cera a toda la parte central.

En fin, ahora por si curó y no lo vi le llevo betadine por lo que también recibo broncas. Aunque, realmente no creo en nada que tenga que ver con un dios, pero sí respeto, bueno, sí, respeto, qué sí, que respeto toda la cultura que va anexionada, es más, si tengo que seguirla la sigo sin que nadie note que no creo en nada de lo que allí se hace. Ejke no es plan de ponerte en plan protesta, no hay por qué, pues la gente que quiero dice que más o menos cree, así que, les acompaño y si existe ese dios que venga, qué, si me castiga sin cenar no ceno y, a desgracias, pues no me gana nadie como para tenerle ese miedo con el que, tan graciosos ellos, me amenazan los creyentes: “Cuándo mueras qué le dirás a Dios” a lo que les respondo: “Pues hola, cómo que estará para discutir así de primeras con tantos años que decís tiene”

El catedrático, qué esperaba ansioso a que acabara de leer, me miraba como buscando una respuesta ante el articulo del Bosón de Higgs o, también llamada Partícula de dios cómo si yo pudiera dársela.

Sin más, hemos abandonado la mesa del café y caminado de nuevo hacía la ermita. Y ejke, como le he dicho: ¿Qué más dará si dios existe o no? Si tú lo necesitas eso es lo importante y, qué sí, qué con lo que demuestra la ciencia sobra para algo más que dudar, pero una vez muertos no nos daremos cuenta de lo que ocurre. Por lo tanto, reza, cree en ese dios que te ofrece la religión católica por cercanía; trilles o no trilles con su doctrina y, se tal y como eres: con tus buenos y tus malos, además    qué leñes más da a qué dios sigues sí como dijo un lama: “Todo Dios que te acerque a ser mejor, ese es el bueno”  y aunque no creo en ninguno y otros digan que todos es el mismo, creo que para tener derecho a ese dios que tanto buscas, sobra con sentir que lo necesitas, puesto que a nadie le debes explicaciones, ya que si las das, mal plan el tema.

Para darle ánimos, al mirarme con cara de qué alguna culpa tenía por hacer algo en lo que no estaba seguro de creer del todo, le dije: “Te aseguro que si alguien representa y merece a dios ese eres tú”. Mientras pensaba: será mi suerte así, continúo sin ese alivio que necesito, qué, todo dios pidiendo que les comprenda y yo, ¿para cuándo?  Ejke no me ve nadie.

Tras mis palabras,  cómo mis pensamientos deben ser tipo cemento armado, el catedrático aseguraba que el gran problema era que toda la creencia religiosa se le filtraba sin usar colador, pero qué necesita un algo que no acertaba bien a definir.

Y nada, una vez en la ermita, hemos pedido la llave y, tras unos cuantos rezos y cantar un par de salves a pesar el tiempo que llevaba sin cantar, qué menos mal que la figurita es sorda o tiene buen talente, que sino, allí deja el buen hombre la cruz y se baja a darme un par de sonaras collejas.

En fin, jamás entenderé a la calle, pues sobra que necesite una cosa, y tú, me muestra otra.

Imperio

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5 respuestas a ComopaNoBerrear

  1. puck dijo:

    Me he quedado parada, aunque luego seguí leyendo, en aquello de que abrias la boca para recibir una delicia. Así decía mi madre algo parecido hace unos días, tan parecido que me paré, igual era una experiencia religiosa, como dice la canción, entre tantos palos, estuviera o no estuviera dios delante, quizás miles de boson de higs ese en tu boca jaja.
    Besis reina.

  2. elssamolina dijo:

    El Bosson de higgs me parece un descubrimiento que no llegamos a interpretar totalmente.Lo de tu abuela me parece mucho mas maravilloso,ella y tu madre contrastaban en sus modales contigo. Seleccionando todos tus recuerdos positivos y negativos,te quedas con tu abuela,me la has presentado tan detalladamente que le he tomado cariño,debía ser una persona excepcional,esos detalles de amor hacia ti,dicen mucho de las dos.El recuerdo de tu abuela,me contagia,me llena de cosas positivas,me quedo con tu abuela,le dedico una sonrisa,un guiño de cariño,y a ti muchos besos y abrazos,cienes y cienes pal camino.Muakkkksssss Elssa Ana

  3. mirta dijo:

    Que hermosos recuedos tienes de tu abuela…..!!!!!….lo narras de una manera, tan dulce, cariñosa….me ha conmovido….
    miles de besitos Imperiete!!!!!!!!

  4. Ana azul dijo:

    Es que en la calle ocurren muchas cosas, todas, diría yo, las buenas y las malas, y la experincia se va adueñando de nosotros o nosotros de ella. Es curioso las cosas que recordamos de cuando eramos pequeños. Tu abuela, te dio cariño y por eso la tienes en tu corazón. Besos
    Ana

  5. makinay dijo:

    Yo no conocí a mis abuelos, pero como bien sabes soy abuelo, así que lo servido por lo no parido. mac.

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