SionoBerrea

Hay momentos entre la gente que mejor que no puedan pagarse, pues de poder, dejaríamos algo más de todo lo que poseemos, ya que por valor, por sí mismo es inmenso.

No deja de ser cierto que ando enfadada, no sé con qué, pues unas veces hago por culpar al mundo, la mayoría a mí misma y, cuando no, le culpo a la vida. Así que, de esta guisa siempre, de una forma u otra,  descubres que no merece la pena continuar así, pero sin querer, o queriendo, no lo tengo claro, tu cuerpo insiste en el enfado y se queja por todo.

Con este afán, digo yo que egocéntrico sintiéndome así: ombligo del mundo y la única enfadada con todo, eso y más. Pues bien pensaba que era la dueña y señora de este universo enfadadil, pero qué va, no soy única y lo comprobé ampliamente. Por fortuna.

Como una moto, por no decir enfadada como nadie se puede llegar a imaginar salía de una entrevista de trabajo. Reconozco que tuve suerte y no me denunció el entrevistador, porqué tras la gilipollez que me soltó y, qué ya van muchas y que no sé a que santo me llama, pues le escupí, sí, así como suena, le lancé un salivazo en todo el careto, y si no le agarré del pelo fue por qué no tiene ni uno, qué sí no lo dejo como está, es decir, calvo.

Nada arrepentida, y dispuesta a partirle la cara si me seguía, bajé la escalera en vez de usar el ascensor y, sin apenas mirar salí a la calle y tropecé con un amigo que al verme la cara no tomó distancia, al contrario, me abrazó y me detuvo sin esquivar mi desorientación. Con un: “! Quieta, fiera!” tomó mi mano y de un tirón me propuso subir en calesa pública para eso de hablar. Cómo es así de ganso, o de encanto, y que la calesa pública estaba casi vacía, pasó primero haciéndose el ciego. El muy… se quejó al conductor y, este, como maldito amigo que es, nada más verlo le siguió el juego.

Nos sentamos pudiendo elegir asientos por todo el habitáculo, pues eligió justo el asiento donde en  frente una señora parecía, tanto o más, agitada que yo. Él la pisó, conociéndolo, ya creo que de manera intencionada, pero al verle la señora que casi lo senté a mi lado, qué no movía la cabeza y enfrascado en sus gafas, la señora solamente gesticuló malhumorada.

Sé que él siempre busca la manera de qué me de cuenta de las cosas sin falta de explicarme, o de consolarme en ese momento tan alterado que tenía. Otro, si es caballero andante, conociendo al gilipollas, digo caballero entrevistador y la animadversión que nos propinamos, hubiera subido a ponerlo al hilo. Pero mi amigo no es un hombre violento, cosa que, lo reconozco, no soporto a la gente que sin ton ni son reacciona violentamente, así estaba, odiándome a mi misma, y sí, puedo disculparme diciéndome que el tío es un imbécil, pero… no, no tengo disculpa.

Al lado de mi amigo, mientras él intentaba en silencio explicarme como hay que tener calma en la vida, a pesar que aún iba obnubilada por lo ocurrido y, sin poder evitarlo, me empezaban a hervir los remordimientos. El recuerdo de las gotitas de saliva en su ajkeroso careto, el miedo que sentí, que me escupí a mi misma más que lo que le escupí a él y, ese enfado que aún mantengo, con el que menos mal que no soy judoca, pues de serlo, se hubiera enterado del salto de la grulla loca. Pero, por todo esto, sentada inquieta en el bus, pues que me veía en el calabozo, y sin más, como soñar es gratis, con un fiscal acusándome en un juicio donde me obligaban a jurar en una biblia, intentando convencer al juez de qué me sé todos los rezos pero qué no soy creyente, pero pasando de mí, el fiscal insistía y, preguntándome inquisidor, golpeaba con una mano el estrado, empecinado en que confesara el por qué había escupido en la cara al caballero.

Absorta mi ensoñación de rea, mi amigo con un papel que sacó de su bolso pasaba su mano, pero no los dedos como si leyera, sino la palma, mientras recitaba: Tú ser de luz que habitas mi alma. Tú ser de luz que llenas mis ojos y, gracias a ti, amada mía, puedo gritar que veo. Sin más, tras la poética perorata la señora le espetó: “Qué vas a ver ni ná, si eres ciego”

Mi amigo calló, y continuó hablándome comentándome trivialidades y, dando la sensación que andábamos enfrascados en una seria conversación. Pero la señora continuó alertando: “Bribón, tú no eres ciego, qué yo te conozco, que te he visto en la calle y donde trabajas, sé que tú ves, a mí no me engañas” Mientras ambos continuamos hablando como si la señora no dijera nada.

La calesa pública paró y tres viajeros subieron. Como íbamos solos nadie se apeó, ni la señora se apeaba de su descubrimiento y así continuaba gritando: “Este no es ciego, qué lo sé yo, llamad a la policía…” Y sin más, pues que se dio cuenta que llevaba teléfono móvil y llamó, sí, y allí se quedó explicándole al policía que a ella la habían pisado un ciego que ella sabía de buena tinta que no lo es. Y qué su hijo que es un sinvergüenza y, que este tenía una novia que a ella no le gustaba nada, y qué ella, y solo ella sabía mucho de todas las cosas que pasaban en el mundo y, también, supongo que al advertir el silencio, espetó: “Policía, ¡Pero, será,  cómo, qué me han colgado!”

Dos paradas más y la señora continuaba intentando contarle a los tres viajeros, al conductor e incluso a nosotros que ella era buena persona, qué el mundo estaba en su contra, qué nada le salía bien…

Nos bajamos con la señora que sin proponérselo nos acompañó tipo lazarillo. Mi amigo pidió siguiendo las miradas que a pesar de los alaridos  la señora lanzaba a la barra, y esta, tras engullir dos emparedados, una ración de calamares y tres vinitos reserva. A tres carrillos se olvidó de su cabreo, ni le importaba que mi amigo la mirara sin gafas. Comía como si el mundo hubiera declarado que iban a dejar de producir pan, qué estaba a dieta nos dijo varias veces y, qué su hijo se casaba en nada con una… con una…  y claro, quería lucir guapa.

Por mi parte descubrí que no hay que subir en calesa pública por el mero hecho de viajar para calmar el alma. Pero, como muchas veces, pues me equivoco, subimos de nuevo y, tras un rato de risas con dos encanto de hombres, mi amigo y el conductor, me di cuenta que no está mal, pues una calesa pública, sin duda, ayuda a darse cuenta que por mucho que pensemos que tenemos un problema reciente, siempre hay algo más antiguo y reciente en nosotros que nos duele mucho más y, por ende, a ello respondemos.

El dueño del escupitajo continúa intentando que vuelva a otra entrevista. La ciudad donde vivo es pequeña y sé que él estúpido se siente importante y, supongo que, él dueño de mi escupitajo ahora venga todo lo que supuestamente le hice de jovenzuela, qué según él fue darle calabazas.

La pena ejke ahora que me siento así, mayor, con otras miras en la vida, sin ganas de ligue ni nada por el estilo, pues no solo estoy casada, no sé ya si felizmente, pero casada con un hombre que me abraza y el norte que no me pregunten donde está que ni idea.  Aunque ese espíritu femenino que habita en mí, qué lo olvido por esas de qué me siento pues fea, pero que a pesar de todo, este tío, que lo odio y le partía la cara, pero he de reconocer que me reaviva y me encanta esas del ver a un pavo que no ha crecido en plan adulto y qué continúa en plan vente conmigo que te llevo no sé a donde…

Pues que ahora, cómo él dice que es grande, con poder y, qué si no es bajo su influencia puede fastidiarme la vida y me asegura que no encontraré trabajo. Pues eso, que por una parte me encanta, pero por otra, aunque no encuentre curro en mi vida,  pues no le voy a volver a dar el gusto y, si me llaman a otra entrevista y, cómo esté el muy gilimemo, pues directamente, la próxima, escribiré desde la cárcel y, eso que no soy violenta y qué una parte de mí, pues qué leñe, qué estoy encantada.

Sé que estoy loca, le he enviado flores y le he dado las gracias por devolver esa parte de mujer que muchas veces olvido. Le he preguntado si tan guapa soy aún como para merecer su insoportable acoso y, me ha contestado. ¡Toma ya, asegura que sí! Está visto, la próxima, escribiré desde la cárcel.

Por qué ocurren estas cosas, ¿Cómo puedo tener ganas de matar y de reír?  Quizás es eso, hay cosas en la vida que menos mal que no se pueden pagar, pues el valor que tienen, si lo pienso, lo pagamos pues nos dejan realmente descalzos, o con ese desnudo tan peligroso con el cual se nos ve el alma.

Para rematar mis desdichas, le conté a una amiga todo lo que me había ocurrido, sintiéndome muy rara, pues no tengo baja la autoestima, solo qué odio un físico que no me he ganado e, intentaba que entendiera que no busco halago masculino, pero qué por otra parte pues eso, me provocaba sentirme bien, complacida incluso. Esta amiga reconozco que pocas veces me escucha, pues siempre me toca a mí escuchar todas sus penas. Me extrañé, tan callada, mirándome muy raro, tanto que ya me miraba en el espejo de su salón, seguro que es el pelo que me cortaron, siejke doy lástima… pensaba, mientras me decía a mí misma: Pues qué se aguante, amos hombre, será idiota, es guapa pero vamos, ni qué fuera mis universo…

Sin más, dispuesta a levantarme e irme para no aguantar sus lastimeras miradas, me suelta que tiene que confesarme qué está enamorada de mí, qué soy tan trasto, tan especial…

¡Joder, pero qué yo busco trabajo, no amoríos qué de eso tengo! ¡Leches¡

La vida nos concede cosas que mejor no pagar por ellas, pues nos da lo que tenemos y, lo que no, pues hay te jodas. Qué no te lo dará.

En fin, visto lo visto, y que lo que necesito es trabajo: Solicito un hombre o mujer  para amor desenfrenado y eterno.

Imperio

 

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4 respuestas a SionoBerrea

  1. Jaimita dijo:

    Oñooo niña,eso del escupitajo no se me a pasao nunca por la cabeza!!!!Pero gracias por darme la idea!!! 🙂
    Pues que sí,que la vida es así de caprichosa ,y cuando menos esperamos, nos da lo contrario de lo que buscamos,y no solo eso,si no que encima viene con extorsión incluida,para que no te aburras al darle vueltas y más vueltas a los pensamientos que siempre se presentan de color negro.
    Pero como preocuparse no sirve na de na yo he tomado la mala costumbre de tomarme el mundo por montera,así que cuando los problemas se presentan le dedico el tiempo minimamente necesario y después a reír que la vida son dos días.
    Es que los otros dos ya me los he comio 🙂
    Besos pressiossidad.

  2. puck dijo:

    Pues mira que a mi como que me da celos de la tía esa… yo que pensaba que era la única mujer en tu vida 😛 muak

  3. mirta dijo:

    El enfado no conduce a nada…..y la vida da tan vueltas….no siempre nos da lo que quremos
    que mejor tomas todo con calma….y preocupramos por lo importante…….
    miles de beistos………….

  4. Ana azul dijo:

    Estamos tan enfadados con lo que nos pasa que nos enfadamos con el mundo, sin motivo, o con motivo según se mire, pero es tan agotador estar cabreado todo el rato, que a veces compensa relajarse y disfrutar un poco de lo bueno aunque sea pequeño, que nos pase. Besos
    Ana

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