Ymásberridos

  Existen noches en que los adultos no pueden dormir; y no son las preocupaciones, son otras cosas, casi que de vez en cuando arrulla una dulce estela en la que se echan de menos todas esas cosas que, por circunstancias, jamás se han tenido, y en ella, en la estela, se envuelve un cuento que no sabe como ser contado.

  A veces al adulto lo despierta un sueño que no quiere dormir, y otras, es simplemente que alguien necesita un cuento. Con esta necesidad el adulto marca un número en el teléfono y, molesta, digo llama. Al otro lado descuelgan y se escucha:” Te necesito”

  Sea como fuere cuando ocurre cualquiera de estas dos circunstancias que, o bien que el sueño no quiere dormir o qué un adulto necesita un cuento: trafica maquinando la imaginación, y para qué el adulto se duerma asoma un intento de cuento, qué no sabe bien como enlazarse, y en ese instante, la imaginación rapta al aire y, este corre asustado por la garganta, y obliga a la voz a que hable, e incluso, de vez en cuando, asoma, llega y deja el cuento que lo cuenten de más formas que hablando.

  Sale un poco deshilachado, pues los cuentos, no es lo mismo escribirlos que contarlos, ya que, cuando ocurre así, que habla para un adulto que necesita un cuento, y quien lo cuenta en el fondo quiere matarlo, pero la maldita amistad tiene estas cosas; entonces, salta el aire qué molesto por el rapto, hace hablar y contar a la voz un cuento, y puede ocurrir allí mismo. ¡Y no preguntes dónde, qué ese allí nadie lo sabe!  Así que, de preguntarle, pregúntale a nadie.

  En ese momento comienza, y desde ese lado del teléfono aseguran: ¡Vamos cierra los ojos, vamos qué te llevo! Escucha mi voz y…  <pensando sin decir nada: con toda la paciencia que puedas fabricar, y cientos de kilotones de cariño, para no soltar cientos de improperios y mandar a pastar, pero así es la amistad, así que, se cierran los ojos, se guarda un silencio muy pequeñito y la voz obligada por el aire que raptó la imaginación, ya habla y dice> -Ahora, tú serás Atara, una niña que odiaba a los lobos; y sientes como toda esa tristeza del otro lado comienza a irse. Se nota a pesar  de que estés al otro lado del teléfono; aunque ganas de matar, también se sienten.

   Y a viva voz, cómo si no pasara nada, da igual que sean las dos de la mañana y qué te despierten, no se tiene que notar, y  con toda la dulzura de un bote de miel:- Todo preparado. No digas sí, solo déjate llevar, pon el manos libres, túmbate, tápate y deja que el cuento, qué si quiere, ya irá saliendo. Entonces el aire, cómo está preso y, mientras que la naturaleza no pague el rescate, posiblemente consigamos qué nos cuente un cuento.

  ¡Pero vamos, cierra ya los ojos qué empieza!  Sin más sentirás que te conviertes en lobo… Preparados, listos… Y, desde un puente misterioso, al otro lado, separados por una misteriosa valla. Esta separa a dos mundos: el mundo del miedo a lo desconocido a pesar de lo cercano conocido y, el mundo real.

   Allí, destellos grises lanzaban apenadas las estrellas, porqué mientras, Atara en el puente miraba anhelando su mundo. Su fuerza, su ser, estaba allí, entre el fulgor de la última hoguera del puesto de guardia, pero si regresaba, sucumbiría ante la misma ley que su padre dictó para protegerla.

  Aquella noche sonó con más fuerza que nunca el aullido de su hijo, ya convertido en el jefe de la manada. Joven, fuerte y terriblemente inteligente, mucho más que cualquiera de su edad y condición.

   Atara pensaba aún como la humana que era, pero aquella noche, como aquella otra en la que tanto odió a los lobos. Ella se enfadó, sí, la noche de los tiempos le aseguró que su destino cambiaría, qué debía ir hasta el límite del puente, saltar la valla y, allí, encontraría el fin a su odio.

  De nuevo como tantas otras, pensó en acariciar su cuello y después, sin miramientos dar un zarpazo y quitarse la brújula. Con ello, esta, su amiga la brújula, le aseguraba regresar a su mundo, a quien realmente era, pero cuando llegó tras saltar la valla, el lobo alfa de la manada, que su padre cercó más allá del bosque tras talar cientos de nogueras, la hizo su compañera.

  La convirtió en la loba de más rango, y cuando esté murió por el disparo de un cazador, preñada de su camada, ella y sus cachorros quedaron relegados al último lugar. La loba de más rango anterior a ella, recuperó su puesto y mató a la mayoría de sus cachorros, pero a pesar de todo, salvó a su cachorro más pequeño y débil que nació sin voz.

  Cada noche, para calmarla, la brújula que hechizó para Atara la noche de los tiempos, le aconsejaba lo mismo, vuelve…  -Si quieres puedes regresar, brillando con voz cálida y suave la brújula que llevaba colgada a su cuello.

-No puedo y tú mejor que nadie lo sabes, no puedo volver, ahora sé que se siente siendo un lobo, y no puedo deshacer lo que se hizo.

-Sí puedes, solo tienes que desearlo, no mirarlo. Vuelve a tu mundo, salta la cerca.

-Pero él pagará las consecuencias y desaparecerá, y es mi hijo

-Es un lobo, como aquel que te mordió

-No, es mi hijo, el qué parí, críe y salvé de una muerte horrorosa como la que tuvo el resto de mi camada, y él, gracias a recordar quien soy, pude cambiar su destino. No quise ser lo que soy, pero el odio me trajo hasta aquí, y sin embargo, ya lo ves, encontré el amor.

  Atara giró la cabeza, miró al bosque, era hora de regresar y esconderse. Debía abandonar el puente y refugiarse, si no la loba alfa acabaría con ella.

-¡No huyas de nuevo! -susurró con desaire la brújula-, ¡Enfréntate y cambia tu destino! -repitió con voz tenue pero tan severa como antes. La brújula guardó silencio y en un suspiro suplicó: Solo has de quitarme de tu cuello, puedes hacerlo, y todo volverá a ser como antes.- susurró con desespero aconsejándola.

-¿Y qué pasará con él?

-Nadie lo sabe, es un lobo, completamente un lobo, no tiene nada de humano y, mientras se mantenga fuera del alcance de estos continuará siéndolo.

-Soy su madre, ¿estás segura qué si regreso él continuará siendo quién es?

-No, no lo estoy, pero no le durará mucho tiempo su poder, las nueces se agotarán y perderá su aullido, perderá su capacidad de comunicarse, de marcar su territorio, y aunque es fuerte, el aullido de un lobo es su seña de identidad. Inventaste como la humana que eres qué tu cachorro aprendiera a silbar y, que una nuez colocada en un diente, le proporcione su magia, su poder con un aullido capaz de ahuyentar al más fuerte de los lobos. Pero tú, mejor que nadie, sabes que cuando caza pierde la nuez y ha de colocarse otra, y las nueces se acaban. Tu padre mandó talar todas las nogueras para poner en su lugar la valla que os separa y, ahora, solo crece una dentro de tu castillo, y aunque vuelvas, no dará suficientes nueces para ayudarle. Su destino está marcado, no desperdicies el tuyo, ahora como lobo eres una anciana, pero si regresas, serás una joven que podrás hacer mucho por los que ahora son tu especie.

  Atara dudó de nuevo, pero ya no podía más, se arrancó el collar, y con él en la boca saltó la valla convirtiéndose de nuevo en humana. Miró atrás mientras saltaba y, ya no escuchaba el aullido de su hijo.

  De nuevo despertó en su cama, envuelta en sudor, dudando si era cierto su sueño. Miró por la ventana. En el patio estaba la noguera, la de sus sueños, esa que sus frutos pudieran conseguir salvar a su hijo; ese cachorro que había tenido con un lobo al convertirse en otro tras saltar la valla que colocó su padre. En un rincón estaba apilada toda la madera de las nogueras que taló con tal de encontrar aquel lobo que la mordió, darle caza y colocar una valla, esa que separaba su mundo de los lobos.

  En su cuello lucía la brújula que le regaló su anciana tía. Atara salió de su castillo y comenzó muy despacio a andar.  Llegó hasta la valla y saltó. De nuevo se convirtió en lobo, se dio cuenta cuando se vio reflejada en el estanque. Por más que corrió buscando por esos lugares que recorría en sus sueños, no encontró rastro de ningún lobo. Nada existía. Corrió, se acercó a la valla y saltó, y de nuevo, desnuda encontró su ropa al otro lado.

   Pasaron los años, su padre murió y mandó quitar la valla que la separaba y protegía de aquellos malvados lobos que la mordieron de pequeña. Apenada, recordaba sus sueños como si hubieran sido ciertos, ¿cómo pude odiarlos tanto? Se preguntaba una y otra vez; quizás mis sueños fueron así para qué me diera cuenta que se siente siendo un animal salvaje.

  Paseó sin descanso, acelerando el paso, introduciéndose poco a poco en el espeso bosque. Allí, en la cueva que tantas veces había soñado, a un lado, un enorme montón de cáscaras de nueces. Al otro lado, un cachorro qué aullaba con un sonido muy familiar, y un poco más allí, una loba adulta, herida, con una brújula idéntica en el cuello a la que ella aún llevaba.

  La loba, no se asustó al verla, y el cachorro se acurrucó a su lado…

  Y así se acaba el intento de cuento, pues no se necesita un cuento si el adulto ya duerme, y además, el cuento y la cuentista también tienen sueño. Así que hora de acostarlo y desearle buenas noches.  Ejke, también a los cuentos les gusta que les digas buenas noches, sí.

Imperio (Ah, una cositina: Es todo relato, es decir, inventado)

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2 respuestas a Ymásberridos

  1. pili dijo:

    pos menos mal q lo has aclarado !! me habia metido en el papel q no veas .. joia , no se pude ser tan realista , que soy de las q no puden dormir !!! y ahora como cierro los ojos ehh .. pos mira q igual tengo suerte ,por q a veces creo q esa especie de trasformacion la he tenido yo mima conmigo mismamente … me encanta leerte !! un beso wapaaaaaaa

  2. Ana Azul dijo:

    Llevo tiempo leyéndote y todavía me sigue sorprendiendo la manera que tienes de contar las cosas, con esa mezcla infantil y adulta, nunca olvidando esa parte de niña pero siempre con los pies en el suelo. Gracias por estos cuentos. Besos
    Ana

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