Vadoparaberrear

  María lloraba amargamente. Lara no sabía que decirle, era muy duro todo lo que le estaba sucediendo, así que, le pidió que cerrase los ojos, y de la mano se la llevó al mundo de los sueños, allí le estaban esperando los cuentos, y sin saber por qué, le dejaron contar lo que les ocurrió aquella vez en la que se quedaron secos; aunque con un guiño les pidió poder cambiar su nombre, y estos, los cuentos se lo concedieron.

  María, seguramente no me creerás, dijo Lara, pero desde tiempos ancestrales se comenzaron los cuentos, quizás por acuerdo internacional, con un érase que se era. Y así era, todos los cuentos hartos de estar conservados en el alcanfor del érase que se era, pues esto, les hacía sentirse viejos. Y aunque ellos saben muy bien que un cuento cuando es contado parece nuevo, como recién estrenados, pero, ellos, los cuentos, pues estaban hartos de sentirse arrugados y viejos, encorsetados y ajustados a una forma de empezarlos; ejke los cuentos también usan cremas hidratantes, son así, coquetos, pero usan, que no es otra, el gel de la imaginación y las virutas de sueños, de todo esto se nutren y se hidratan. Son así, así son los cuentos.

   Pero al estar tan hartos, decidieron correr por el sol para secarse y protestar por como los empezamos siempre, y así, saltando las sombras; pues en ellas residen las lágrimas, esas que empavonan los ojos cuando a la garganta la golpea un trocito de un latido del corazón al recordar algo, o todo eso, que nos lleva a llorar, y así pasa, que las lágrimas viven en las sombras, y otras en las nubes, ya que el sol, sin duda las evapora y, entonces, si no pudieran salir al tropezar los trocitos de corazón contra la garganta y ser claras, los ojos, llorarían cachitos de negra tristeza, pues el sol, también pone morenas a las lágrimas, por todo esto, es de lógica, las lágrimas viven en las sombras y evitan el sol, no es bonito llorar lágrimas negras, ya que las lágrimas han de ser claras, pues ellas, si algo hacen, es lavar la pena, dejar muy limpia el alma.

  Al correr por el sol los cuentos tuvieron grandes problemas. Ejke, los cuentos, como si lloran no se mojan, y esto les encanta, pues qué hacen para poder mojarse, pues van de normal por las sombras. Es decir, evitan el sol para que las lágrimas les empapen, pues un cuento, si algo tiene son trocitos de tristezas que, por ternura, emergen a la alegría o, llevan por lo menos a soñar y, para soñar, si algo hay que evitar es llorar, pues las lágrimas que salen de los ojos si mojan a los cuentos estos se encojen, y no es plan que por llorarles encima, pues entonces puede que te cuenten un cuento donde desaparezcan trocitos de palabras, que al faltar, hace que no podamos entenderlos.

  Así pasó, por ir por el sol, los cuentos se arrugaron y encogieron. Estaban tan tristes ahora, qué echaban de menos que los contaran aunque fuera empezando por ese érase que se era que tanto les fastidiaba.

  María, los cuentos se nutren de sueños e imaginación, pero también de tristeza, aunque son los sueños lo que más les gustan, pero, hacía mucho tiempo que los sueños de Alba se secaron, prefería soñar con cosas reales, todas esas cosas reales que, solo a base de empeño se hacen posibles.

  Alba se sentía extraña al no acudir tan habitual como acostumbraba al mundo de los cuentos, pero desde su rabillo del ojo había visto pasar cuentos por el sol, y eso, ella sabía que era terrible, pero Alba ya no tenía a quien contar cuentos, no podía dejar volar la imaginación, pues su situación era la que marcaba la realidad, con esperas que estaban matando su ánimo, pero, ella, doña realidad es la que cuenta se decía, y aunque vio a los cuentos correr un gran peligro, no quiso parar a uno para preguntarles el motivo que les llevó a ir por el sol.

  Ese día, en una zapatería miraba junto su marido los zapatos de tacón que ese año, por ser eran demasiado exagerados, y este, al verlos que se llevaban de tanta altura, pues se puso muy nervioso pensando en las niñas que por empeñarse a medir quince centímetros más podían partirse la crisma. No es serio que hagan zapatos con tanto tacón, aseguró, quien sea bajita es así y quien sea alta pues que lo sea, no están nada de bien los tacones, protestaba el marido de Alba.

  Alba aún con todo lo que le irritaba a su marido, miraba divertida los nuevos diseños con esos tacones de vértigo, y sin más, mientras ambos comentaban, él enfadado y ella muy risueña, en el escaparate se arremolinó gente; pues suele pasar que cuando te quedas mirando un escaparate, quien pasea por la calle quiere ver lo que ven quienes están mirando, pues la curiosidad puede a los humanos.

  El marido de Alba también protestó por la curiosidad de los viandantes, y mientras enfadado protestaba, un cuento se le quedó pegado en la frente. Alba con disimulo, pues los cuentos no es algo que se vean a simple vista, le pidió a su marido que se agachase, y entonces le dio un beso en la frente, pidiéndole que dejase de protestar que estaba muy feo.

  Este calló, se sintió como un niño al recibir el beso, y Alba guardó el cuento en el bolsillo. Al llegar a casa con la disculpa de mirar cosas en el ordenador, sentó al cuento que estaba arrugadito y muy asustado frente a ella.

-¿Qué es lo que sucede, os he visto ir por el sol? Y eso no debéis hacerlo.

-a, o é, jke, abamos rtos.

-Qué, repite por favor

– ué abamos rtos e ue os npzasen on l ismo prpio.

-¡Ah, ya! Ahora te entiendo, qué os habéis quedado secos por ir por el sol, estáis enfadados por contaros siempre con el mismo principió, vale, ¿pero por qué hacéis algo tan peligroso? Solo saldréis dañados ¡Ya os vale!

-jke abamos rtos el rase ue e ra

-Ya, pero ejke ese érase que se era es un principio bonito, no sé por qué os enfada tanto.

  El cuento se quedó mirándola sin saber que decir. Alba, acarició al cuento, repitió 13 veces: Érase que se era, y seguido le contó un cuento al cuento. Desde ese momento, los cuentos ya podían contarse completos, aunque es seguro que si no inventamos un principio nuevo un día se hartarán y, también habrá que salvarlos de nuevo.

  Aunque Alba ya no tenía a nadie a quien contarle cuentos, y sabía que tenía que huir de la imaginación, pero ejke, los cuentos siempre están, quizás no importe permanecer en la realidad y, a la vez, sumergirse, bañarse un ratito y jugar con ellos, con los cuentos.

  Y fíjate María, aquel cuento se fue, no le dio las gracias, a pesar de todo lo que Alba hizo por ellos, pues los cuentos no tienen en cuenta jamás esa palabra, porqué quizás, somos nosotros los que debamos dárselas a ellos por existir.

Imperio

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2 respuestas a Vadoparaberrear

  1. puck dijo:

    Hay terapias como las de tocar un caballo o cosas así. La mía es que me cuentes un cuento, y encima, para más suerte, antes de dormir. Los cuentos buscan esa parte de niño que está por ahí en algún lado, que no se pierde nunca del todo. Con esa ternura sale a flote.
    Un beso.

  2. elssamolina dijo:

    Despiertas a la niña que llevamos dentro,tu cuento,tus fantasías dibujan una sonrisa en mis labios.Gracias y sigue escribiendo.Besos y besos.Muakkksss Elssa Ana

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