AmanecenBerreos

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 Es difícil hablar, tanto cuando no se tiene nada que decir  como cuando sí.

 Me choca como las palabras parecen que ellas solas se divierten, tanto como cuando no tienes nada como cuando tienes que decir mucho. Es como que el mundo de las palabras viviera en un circo, donde, ni siendo el mejor trapacista, supiera colocar el espacio.

 No sé, pero encuentro como una especie de deformidad en las palabras; qué serán las palabras, mejor culparlas. Pues quizás por su negación, empecinamiento y ese uso de lanzadera o cierre de cremallera, pero supongo que dependerá de algo que no logro entender, pero ejke unas veces no hay manera de que salgan, donde las otras, pues las palabras, cuando necesitas usarlas, no sé por qué, pero que corren como locas. Y nunca descubro del todo qué es eso que tanto las acelera.

 Ejke, cuando las palabras se hacen ausentes, es de cajón; dejan la situación incomoda, como sin silla donde descanse ese desde donde brote algo coherente, que convierta el momento en algo amable, unificador y en tantas otras cosas que se necesitan para que disipen ese silencio soez que aparece cuando nada tienes que decir, que cuando tienes tanto, creo que el entendimiento se detiene, no sabes por donde empezar, marcas la posición con dos gestos, se bloquean cuatro palabras y las cuatro siguientes, dan comienzo al caos, para acabar desencadenándose en un río de palabras que, demasiadas veces, desordenan el principio y el final dejando todo enredado en un amasijo de punto de cruz, apareciendo ese intermedio, donde los gestos y las palabras de quien te escucha, te das cuenta a cámara lenta, que tu prisa, tus ganas y necesidad, no acaban de organizar ese desorden de lo que quieres decir, poniéndole a todo lo dicho un rumbo sin destino, que a una larga muy corta, llevará a enfados sin sentido, y todo por no saber ordenar de previo tus pensamientos. Pero ejke, a veces las palabras vuelan, quizás quieran hacer muecas, dar besos o marcar posiciones; esas de distancias extrañas con posiciones jerárquicas, que yo al menos, jamás creo que llegaré a entender, pero sé que existen, pues van con el humano que somos.

 Quizás que es complicado marcar un orden cuando tienes  muchas cosas que explicar y, nada claro si podrán entenderte. Igual de complicado cuando no tienes nada que decir y, por cientos de motivos, entre ellos, la amabilidad, has de decir algo.

 Recuerdo que en clase de lengua nos aseguraban que es muy importante manejar bien la morfología y la sintaxis, es decir, conocer muy bien el análisis de las frases para así saber hablar, y así, controlar ese qué decir en cada momento. Y no sé si con un enfado del quince, una pena del veintidós, una desilusión incalculable, un deseo jamás cumplido, un arrebato de locura, un desconcierto. No sé si para cualesquier de estas cosas es suficiente un orden de palabras. Ejke me da, que aquí, en todos esos casos tan humanos, tan nuestros, hay huelga indefinida de palabras que hagan entender, pues creo que para que se comprenda el profuso margen de error acierto que tiene todo ese sentimiento que lleva adosado cualesquier situación, tanto en las veces que tienes mucho que decir, como en las que no hay nada; sé que es complicado decir y que surja eso que todos necesitamos: ser entendidos.

 No deja de ser cierto que, en alguna ocasión las palabras tienen que sentirse agobiadas. Solo imaginar cuando alguien las usa y sabe de sobra que no tiene razón, pero por cientos de miles de cosas, tantas, tan grandes como el orgullo, ese orgullo usa palabras coactivas, de las insuperables para llevar razón; aunque saben que no la tienen. Aquí, por narices las palabras tienen que necesitar después, seguro, miles de duchas con jabón y lejía. Todas estas palabras seguro que tienen problemas de piel, tantas duchas ¡Pobres palabras, ni piel les quedará!

 Por supuesto que otras, esas palabras de desconcierto, dolor, engaño, marginalidad, desolación, seguro que, a todas estas les falta vocabulario aprendido por nosotros los humanos para que sean exactas, ya que, cuando nos sentimos así, no hay palabra ni gesto en el mundo capaz de dejarnos en una posición que nos sane, pues ni los gestos, ni los besos, ni los abrazos, nada es suficiente si no dejamos invadir ese espacio donde nos sentimos así, incomprendidos. Sí ejke, a veces hasta me planteo si no necesitamos momentos así, y lástima que no existan palabras para el momento,  bueno, salvo las de los grandes poetas que describen tamizadas flores para hablarnos del capullo del desengaño.

 A mi abuela, que era la protesta viviente, el espíritu de la queja, solía decirle que hablara con el corazón. Abuela, le decía, usa el corazón, con él se nos entiende. Ella,  siempre me decía que yo era una monicaca sin conocimiento, so tonta que perdonas lo que es para matar. Ejke la rabia nos lleva a decir cosas, pues eso, muy raras, aunque tengan mucho sentido, que en realidad sí lo tienen.

 Y no sé, igual soy demasiado indulgente, pero observo que cuando no tenemos nada que decir, y hay tantas situaciones en las que por fuerza debemos hablar, qué en estos casos, mejor observar y hablar del momento, de lo que surja sin grandes pretensiones.

 Igual que cuando tenemos muchas cosas que decir, que muchas veces o casi siempre, no están, o no las tenemos lo suficientemente ordenadas a las palabras, pero sé, si quien escucha, qué podemos ser también nosotros cuando escuchamos a otros, si cerramos los ojos sin cerrarlos, e hilvanamos las palabras dispares de quien nos habla, si luego las juntamos, si hacemos ese esfuerzo, entenderemos muy bien sin falta de llegar a enfados, que sin duda son los que llevan al gran distanciamiento.

 Ejke, lo cierto, me produce una sensación extraña cada amanecer, me inquieta ese despertar donde nada más pones el pie en el suelo, hay veces que el suelo tiembla, pues tienes cosas que se han quedado sin solucionar, y ejke, hablarlas es difícil, es complicado guardar espacios donde dejar hablar, para que nos pregunten y responder sin perder el hilo, llevar el momento para poder quedarnos muy anchos con todo lo que teníamos ahí, comprimido. Quizás por qué en ese intervalo aparece la rabia, y sobre todo, ese afán y necesidad de que nos ampare esa injusticia que tanto sentimos que nos abarca.

 Mientras otras, qué son las que más me gustan, nada más se pone el pie en el suelo, a este no lo notas, pues hasta el suelo está amable, y a partir de ese instante todas las palabras fluyen, y además, todo será comunicación, sí, pues lo cotidiano, todas esas palabras con las que llenamos la rutina con preguntas y respuestas simples, todo hará el momento tan gratificante, tanto como una de esas grandes charlas donde se busca calmar al alma.

 Me encantan los días de qué tal has dormido, con sus, como tantos otros: no hay azúcar, ahora relleno el azucarero, debemos comprar… Todos esos planes rutinarios que marcarán presente, pasado y sin duda, se buscarán futuros. Claro, como esos donde te preguntan o preguntas: ¿no queda azúcar? Y respondes o te responden: ¿no compramos el otro día? y dices o te dicen: No, y te aseguran o aseguras: Pues hay que comprar. Con todo esto, tienes presente, pasado y un futuro, sin ninguna duda de lo más dulce.

 Cuando amanece siempre me pregunto si las palabras de hoy me serán favorables, y nunca, pero nunca tengo claro del todo ese si depende solo de mí y de usar las correctas.

Imperio

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3 respuestas a AmanecenBerreos

  1. Ana Azul dijo:

    Pues para mí no es dificil hablar. Así me va que meto la pata cada dos por tres, pero es que necesito comunciarme, los silencios me dan mal rollo, aunque entiendo que haya gente que le produzca urticaria que no pare de hablar, pero es wque yo soy así. Besos
    Ana

  2. elssamolina dijo:

    Comunicarse con las palabras es un arte;a veces nos expresamos tratando de explicar lo que sentimos claramente,y sin embargo las personas que te escuchan tal vez dan otro significado a las cosas…o al revés nos callamos y expresamos mucho con los gestos…De todos modos existen palabras que solo tienen un significado.Interesante entrada.Besos Shi.Muakkkssss .Elssa Ana

  3. puck dijo:

    Pocas veces he experimentado eso de que te salgan palabras como si fueras un loro. Es como si faltase tiempo para hablar y hubiera muchas cosas que contar y salen atropelladamente pensando mientras en qué será lo próximo que digas. Me gustaría que me sucediera más a menudo. Cuando tengo un momento de los que no sé que decir, entonces prefiero quedarme en silencio, pues sé que tendré que llevar un abogado, lo próximo que diga podría ser usado en mi contra jeje. Me dejo llevar por el momento y uso la técnica de apoyarme en lo que diga el contrario para seguir la conversación, dejando que fluya a veces con cosas vanales, que no sé si es con v o con b.
    Besis reina.

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