Hechiberreos

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  La bruja Envoltura recién estaba abriendo la puerta al cartero, antes, al sonar el timbre, sobresaltada de la emoción corrió a ponerse sus mejores galas para un humano que era un sueño. Él, el cartero, que nada más verle la quincuagésima vez se enamoró de él como un hada adolescente.

  Tambaleándose por los nervios y la emoción, se quitó su vestido de tul y plegó las alas, y aunque le picaba mucho se puso a toda prisa el vestido negro ajado de bruja oficial. También se colocó con más prisa aún su sombrero más roto, cuidando que no se le salieran las antenas, y pegándolas con dos mocos, algo ajados y descoloridos que tenía en el uniforme de bruja, se le quedaron muy sujetas. ¡Qué ajko! Pronunció mientras un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Se colocó sus gafas con las patillas pegadas de los domingos y días mágicos especiales, y al pintarse la verruga tradicional con un trozo de carbón, por mucho que sopló y sopló no acabó de apagarse y, en lugar de la verruga, una ampolla le salió. Tan nerviosa estaba, tanto se apresuró, que no se quitó las medias de seda de estar en casa y, los zapatos de cristal, también se los dejó puestos.

  Mientras firmaba en el libro tras recoger el paquete, escondía sus piernas para que él, su cartero no las viera. Pues una bruja no puede mostrarse como es sin tener la primera cita. Al menos así se lo dijeron en la escuela de magia negra.

  El cartero estará encantado con lo que está viendo, pensaba Envoltura, pues la miraba de arriba, pero cuando intentó bajar la mirada para mirarla hacía abajo, ella, muy avergonzada por no darle tiempo a cambiarse, le preguntó si con su firma era suficiente para entregarle el paquete, y así, con ese ingenio, se sintió aliviada y feliz, pues se dio cuenta que usando su gran inteligencia, a su cartero no le dio tiempo de verle las piernas con sus habituales medias de seda y sus zapatos de cristal.

   Al irse el cartero escondiendo sus piernas tras su escoba, corrió a mirar el caldero mágico. Le repugnaba tener que escupir para ver el futuro, pero así es la magia, se dijo, escatológica.

  Por más que intentó escupir, no hubo manera que el grupo de saliva que formó en la boca saliera hacia delante, así que harta y ajkeada, recogió con sus dedos la saliva de su boca y la vertió como pudo en el caldero mágico.

  Este, el caldero mágico protestó: -¿Pero qué bruja que se precie no sabe echar un gargajo en condiciones? ¡No te leeré el futuro ni te mostraré nada que te interese, sé que aprobaste con trampa, usaste una pajita para lanzar el escupitajo de la maldad malvada en tu examen de bruja, y eso no vale niña, no señor, no vale!

– Ejke yo no quiero ser bruja, y más bruja mala malvada con maldad extrema como me ha tocado este trimestre, aquí tengo los deberes, en este paquete, que caldero, miedo me da abrirlo.

-¡Pero si te apuntaste a bruja para ser mala malísima la más malvada!

-Ya, pero eran otros tiempos, yo quería ser bruja buena, pero me dijeron que eso es imposible, así que tuve que aceptar ser bruja mala.

-Pues apechuga con tu decisión, y si hay que ser mala lo eres, y aprende a escupir y así podré ayudarte, ¡Leches!

  Envoltura abrió el paquete, debía ensayar el hechizo maligno para convertir los sueños en pesadillas, y como lloraba, caldero, se cruzó de brazos esperando a que se decidiera a ensayar, ya que, la escuela de brujas en nada conectaría con ella y, si la veían dudar tanto, adiós a una bruja buena, pues las hadas, no pueden convertirse en otra cosa, y bastante maldad hay en el mundo, al menos eso es lo que pensaba el caldero mágico.

-Venga niña, que no te vean dudar, tú puedes ser la más mala del mundo, mira haremos algo, te explico: echa unas gotas de mi contenido al paquete y así las brujas no podrán ver nada hasta por lo menos o, casi casi hasta dentro de dos días, así, te dará tiempo a ensayar.

-Gracias caldero, no sé que haría sin ti

-Desde luego que poca cosa.

-Gracias de todos modos.

-¡Venga coño, qué no tenemos todo el tiempo del mundo!

-¡Vale, pero no te enfades, qué si te enfadas tiemblo!

-¡Qué empieces!

-Caldero, ¿puedo quitarme este traje que me pica?

-No, otro día lo lavas y antes de ensuciarlo echas mucho suavizante, pero espera, échate un poco de mi contenido, qué a este paso, me quedaré vacío si no escupes dentro, pero así dejará de picarte, y no me des las gracias que te conozco.

  Envoltura abrió el libro de sus deberes, tenía que encontrar a alguien para desearle las peores pesadillas del mundo mundial, así que tomó papel y lápiz y fue escribiendo un hechizo de lo más maléfico, mientras, caldero la observaba con los ojos muy abiertos. 

  Sobre el papel iba escribiendo y a la vez, hablando, por ver que le parecía su hechizo maléfico a caldero: “Hechizo de bruja que todo lo puede, que él tenga pesadillas, qué en sus sueños sufra de cosquillas, qué coma muchos pasteles, qué la luna le cuente un cuento y, las nubes, lo lleven de paseo y se asuste con sustos muy grandes”

-¿Pero eso es un hechizo? Le preguntó el caldero mágico.

-Sí, no, y muy malvado, ¿a qué sí?

-Venga apunta. Después de lo de hechizo de bruja que está muy bien, cámbialo y pon: “qué la luna le asuste, qué los gatos le arañen, qué se vea corriendo y en un abismo se estamparre”

-¡Jo, eso es muy duro caldero!

-¡Ni duro ni leches! Ahora a ensayar que las brujas conectarán en nada.

  Envoltura se acercó a caldero, le pidió paciencia y él le dijo que la tenía toda, qué se animase, que nada más aprobara el examen, le ayudaba a que él tuviera dulces sueños.

  Así que Envoltura se sonó los mocos y los dejó colgando, con sus dedos recogió el contenido de su nariz y lo dejó goteando por sus uñas. Sus nauseas crecieron, casi estaba a punto de vomitar, pero debía calmarse e impregnar su varita. En ese momento las brujas conectaron con ella y, la vieron, con gran placer, extender sus mocos que, en vaivén caían de sus uñas goteantes por la varita y pronunciar su maléfico hechizo sortilegio.

  Todas las brujas la felicitaron, recibió matricula de honor. “Ya eres bruja negra oficial” Le dijo la bruja profesora, a partir de este momento caldero mágico y tú podréis hacer fechorías de todo tipo a los humanos. Ya no os vigilaremos jamás.

  Nada más apagaron la conexión caldero mágico le ayudó a revertir el hechizo, y ya nunca más tuvo que usar la ropa de bruja que tan mal le quedaba, pero sí que tuvo que aprender a escupir, ya que de no ser así, su amigo caldero mágico moriría reseco.

Imperio

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2 respuestas a Hechiberreos

  1. puck dijo:

    Así que de aquí es donde proviene el juramento del escupitajo… vaya vaya.
    Muy tierna la brujita.
    Besis reina.

  2. Ana Azul dijo:

    Bruja oficial, con oficio de hada. ¡Que cosas!
    Besitos
    Ana

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