Cuentoqueteberreo

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 Helena paseaba tranquila por un mercadillo y, en un pequeño puesto vio la colección que podía complementar perfectamente a aquella que antaño le regaló su abuela.

  La numeración era justo la consecutiva a aquellos dedales de porcelana, y no eran caros. Quien se los ofreció, con desgana, le aseguró que no era muy buena idea comprar aquella colección para continuarla, qué conociendo que ya poseía el resto, mejor no le vendía nada, qué se fuera a otro puesto. Insistió.

  Helena perseverante, y el buen hombre quizás por sus pocas ventas accedió y, le pidió justo lo que ya le había pedido sin subirle ni un solo céntimo más, pues según él, su desgracia iba ser el precio que pagase.

  No le gustaba creer en supercherías, eran leyendas tontas llenas de historias que daban miedo. Pero aquel hombre cerró su puesto y la invitó a tomar un café.

-Siéntate niña, le dijo el vendedor.- Soy Raimundo Salgader y tú, eres Helena pero no sé tu primer apellido, aunque sin duda, el segundo será Bujanda, ¿no?

 -Así es, y sin dejarle comenzar la frase que iba pronunciar Helena, Raimundo le avisó. Sé mucho más de ti de lo que puedes creer.

-Pues cuénteme entonces, ¿por qué asegura que estos dedales serán mi desgracia?

-Porqué tendrás que decidir qué es lo justo y qué no lo es, aprenderás la lección más dura, pues todo no se puede tener en la vida, y muchas veces, pagan inocentes los errores de la madre naturaleza.

  No te inquietes niña que te contaré: Esos dedales, cuando llegues a casa comprobarás que siguen un perfecto orden con los que ya tienes, pero cuando los unas, todas las hadas que hay encerradas en cada uno de ellos serán liberadas, y ellas son buenas, hacen el bien, son joyas que la madre naturaleza puso para ayudarnos. Pero cuando las liberes, desequilibraran las fuerzas del bien y del mal, y cada una de ellas cuando te regale un deseo, cosa que no pueden evitar pues va en su naturaleza, será entonces cuando la tierra temblará y sin saber en qué lugar morirá gente inocente, y tú pagarás el precio.

  Y no me mires así, estoy seguro que tu abuela te contó miles de cuentos de hadas.

-Pues sí, así es, ¿pero tan solo eran cuentos, no?

-No, no lo eran pequeña, y sabía que vendrías y qué hoy debía entregártelos a cambio de un precio justo, ahora dependerá de ti y de lo que decidas. Las hadas se quedarán a tu lado, no podrán ir más allá de unos metros de ti, pero recuerda, cada deseo que concedan, provocará que la tierra tiemble y tú pagarás el precio con tu desgracia. Y ante todo, recuerda los cuentos que te contó tu abuela, en ellos tienes todos los remedios.

  El vendedor se levantó y desapareció entre la gente. Helena se fue a su casa deseosa de liberar a todas las hadas.

  Nada más llegar recordó el cuento de la hada Puck, y la del trasgo tras, y de la deliciosa bebida que destilan las hadas. En el cuento estaba el encantamiento: “Mira y toca el hilo del dedal, dale un tironcito y aparecerá”

   Así lo hizo y la primera de las hadas salió desperezándose de tan largo sueño, la miró, y le dijo con esa voz que su abuela como nadie imitaba. “Niña, ¿pero qué has hecho?

-Nada, ahora rescataré al resto de tus amigas. Tú espera.

-No niña, no lo hagas, bueno, si lo haces, no pidas deseos para nadie, qué si los pides la tierra temblará.

– Lo sé, me lo dijo el vendedor, pero ejke lleváis mucho tiempo condenadas a un sueño eterno sin motivo, no es justo que la madre naturaleza decidiera encarcelaos, cuando por hacer, si mal no recuerdo los cuentos de mi abuela no hicisteis nunca mal.

-Niña, no liberes a el resto de las hadas, llévame contigo, y si conseguimos solucionar un dilema sortilegio misterioso que tengo escrito en la enagua, y que yo no puedo verlo, entonces nos podrás liberar a todas y jamás haremos daño, pues la tierra no temblará.

-¿No os cambiáis nunca de vestido?

-¡Qué ocurrencias! No, no nos hace falta, las hadas jamás nos manchamos.

   Helena no creía mucho en todo lo que le había contado su abuela y mientras invitada a Elnika, qué era así como se llamaba el hada liberada, pensó en el niño que vio por la mañana, y como le gustaría curarle el cáncer.

   Elnika, la reprendió: “No pienses eso niña debo concedértelo.” Y sin más, movió su ceja y abrió la boca, se tocó las dos orejas y colocó sus dedos en la lengua, y silbó con un ruidoso y estruendoso silbido de pastor.

   Helena no sabía si ese niño se había curado, tan solo lo vio en la manifa a la que fue a protestar en contra de la reforma laboral, no lo conocía, pero seguro que si no era a ese niño, seguro que el deseo curaría a otro.

 -Niña, sé que es lo que estás pensando, puedo escucharlo y sí, el niño iba con una gorra roja, un monopatín y su madre llevaba un vestido morado, con mallas y unas botas marrones imitando la piel de un cocodrilo.

  Helena estuvo a punto de preguntarle cómo lo sabía, pero Elnika le contestó: “Pues porqué lo sé”

  Mientras el hada muy hambrienta calmaba su hambre de siglos y hablaban de muchas cosas referentes a todos los cuentos que le contó su abuela, encendieron la tele y, en la cadena, detuvieron las noticias para informar sobre un grave terremoto que de una fuerza desconocida estaba asolando la tierra y qué en el primer momento pensaban que los muertos pasaban de mil.

-Ves niña, dijo Elnika, cada vez que pidas un deseo tendré que concederlo y el precio será la vida de miles de personas.

-Bueno pues enséñame tú enagua.

-Mira, está aquí, justo en la parte de atrás.

-Pues quítate el vestido, y así podrás verlo

-No, porqué si me quito el vestido el mensaje se borra.

-Pues está con letras muy chiquitinas y no quiero desear leerlas de manera fácil, sobre todo visto lo que ocurre.

-No hace falta, recuerda el cuento del lobo Tormento

-¡Ah, vale! A ver: “Engendros de tormentas, revoluciones de relámpago, qué se haga grande lo que es pequeño, y soplando empezará el recuento, ¡A mí las ovejas”!

  Elnika no pudo evitar soltar una pequeña risita, ejke Helena le dio la misma entonación que el lobo Tormento. Incluso le pareció como si él estuviera con ellas.

  Helena vio alta y clara la letra, era un idioma raro que afortunadamente entendía: “Ratoncitos valientes que, problemas me dais, besadme en silencio y todo se arreglará”

-Elnika, ¿qué coño significa esto? ¡Mira qué si me tiene que besar un ratón por mucho que sea un ratoncito, conmigo no contéis!

-No, no niña, no es un ratón, y la solución la tienes en el cuento del melón llorón.

-Pues vaya, a ver, déjame hacer memoria: “En un valle encantado vivía un hombre con dos profesiones, la que más le gustaba y disfrutaba era la de labriego, y cuando en el campo trabajaba lloraba al viento, mucho estudió, a mucho llegó, pero con besar a su amada cuidando la huerta mucho soñó, y tanto soñó con besarla que a un melón al pasar, de tanto escucharle le hizo llorón” ¿Era así, no?

-Sí, muy bien, ¿pero no significa para ti nada?

-Pues no

-Pues vaya, debes recordarlo, pues si consigues hacer ese mandato, estaremos libres todas y podremos ayudar un poquito pero sin intervenir demasiado en el equilibrio del bien y del mal.

-Elnika, sé que es y para quien, pero no puedo hacerlo, pues si le  deseo que sea muy feliz el mundo temblará, ¿qué hacemos?

-Bueno, hay deseos que puedes desear y a nadie dañar.

-Entonces, ¿puedo enviar un deseo yo sola sin que tú lo cumplas?

-Déjame pensar. No, no puedes, pero sí, si puedes.

-¿En qué quedamos?

-Qué si puedes, pero tendrás que recitar un hechizo de alta brujería y eso es muy peligroso.

-¿Y qué puede pasar?

-Pues que la gente confíe, qué se quieran mucho, que se llenen de esperanza, qué necesiten que les abracen y dar muchos abrazos. Levantarán el vuelo sin miedo, serán felices, y sobre todo, serán y estarán seguros cual será su equilibrio para no balancearse ni hacía el bien, ni hacía el mal.

-¿Y eso es malo?

-No, bueno sí, porqué entonces nosotras no tendremos nada que hacer.

-¡Ah, pues entonces lanzaré el hechizo!

-Sí, pero en secreto que está en el cuento de Carasucia.

-Ya está

-Lo sé, ahora pide tres deseos que te concederé, esperemos las noticias y si no pasa nada en tres días, a la mañana siguiente despertaremos a mis amigas. A unas tendrás que llevarnos al campo, y otras nos quedaremos para siempre contigo, ¿estás de acuerdo?

-Claro, pero Elnika no entiendo por qué el vendedor me dijo que todo esto me traería desgracia.

-No, la suerte es otra cosa, además ninguno de tus deseos y, los necesitas, pero ninguno ha sido para ti.

Imperio

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3 respuestas a Cuentoqueteberreo

  1. Ana Azul dijo:

    Bonito cuento de hadas. Preciosa manera de explicarnos que la magia aún existe. Besos
    Ana

  2. puck dijo:

    Todos tenemos deseos, pero eso de que deseen algo para tí es algo muy especial. Quizás ni importe el deseo sino la intención de bien que conlleva para otro. Será algo muy obvio pero no había caido hasta ahora, no había pensado en ello. Si sé que deseas mucho para otros, espero que lances tus deseos sin miedo. No todo lo bueno lleva algo malo, aunque eso dice lo del ying y el yang, pero lo veo más como una línea de lo más bueno hasta lo más malo, pasando por actos intermedios, quizás se puede llegar hasta ese extremo bueno bueno con control de calidad 😀
    Besos reina.

  3. elssamolina dijo:

    Deseo…si deseo que todo el mundo disfrute de la felicidad de pintar sonrisas,como tu has conseguido con tu escritura,me he sentido por un instante niña y deseosa de desear deseos…buenos eh? y por cierto para los demás.Besos guapa.Elssa Ana

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