Berrinostalgía

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=ahtTvCGv3A4

 Es curioso pero todo lo que en su día me dijo mi abuela, la mía, en realidad la única que tuve y, eso que la otra trataba de conquistarme, de hecho fui la única que entre todos los nietos conseguí hablar con ella, estar a su lado, pero lo cierto ejke no llegué nunca a conectar del todo. Pues, todo lo que decía mi abuela, la mía, resulta que va tener razón.

  Ella siempre trabajó fuera de casa, salvo los sábados que podía estar todas las horas del día, el resto de la semana trabajaba seis; quedó con el empresario que a ella no le importaba trabajar todo el sábado, pero qué entre semana tenía muchas cosas que hacer.  Bajaba andando a trabajar y le pillaba a un trecho, hasta que ya, cuando le faltaba un par de años para jubilarse cogía el autobús; aun así, nunca paraba quieta. Cuando se jubiló era como la sombra de todos, allí estaba sin que te dieras cuenta, iba y venía, ordenaba y se volvía a ir sin saber bien cuando aparecía o no estaba.

   Me chocaba como se organizaba perfectamente, siempre lo tenía todo como los chorros del oro y, mi abuelo no hacía nada en casa salvo los sábados. Aunque la culpa no era de él, era de mi abuela, ya que antes de irse a trabajar se ocupaba de dejar todo hecho. Para ella no había gente durmiendo, iba a su ritmo. Eso sí, los sábados les dejaba, tanto a mi abuelo, para cuando volviera de trabajar, como a mí tío tareas. Era una obligación de rango superior a la Constitución, si ella ordenaba había que hacerlo todo y, cuidado porque pasaba revista.

   Alguna vez que me quedaba a dormir con ellos. Ella era como una especie de avión en pleno vuelo, nunca paraba quieta y mientras guisaba por la tarde, planchaba, y nada más que acababa ya iba haciendo otras cosas; entre medio le daba tiempo de hablar conmigo, escucharme, y mientras le contaba siempre me metía algo de comida en la boca, decía que no era por callarme, no sé yo. Otra era ordenarme qué y que no tenía que hacer, mientras hacía pan y atendía a mi abuelo, ya que, le daba de comer a la boca, nos daba a todos de comer a la boca, era algo que, en la mesa, para cuando te querías dar cuenta ya tenías la cuchara dentro.

   A él, a mi abuelo, le exigía cuanto y cuantas veces debía beber agua, para eso le preparaba una libreta en la que él debía anotar con una raya cada vaso, ¡Y sin engañarla, ya que la próxima piedra en el riñón, si el médico sugería que había sido por no beber agua, podía prepararse! También le asignaba como sacar las cosas del bolso qué llevaba a trabajar en esa misma libreta; al no saber leer se lo preparaba todo con colores y él debía apuntar cada dato sin el mínimo engaño. Cada día le explicaba como tenía que comer en el trabajo, y tantas otras cosas, qué nada más que él llegaba de trabajar ya le estaba esperando con la bañera en marcha: “Seguro que no te has limpiado bien el culo” entre otras cosas, era agobiante. Aunque mi abuelo se reía mucho y le cantaba jotas y boleros mientras lo trataba como a un muñeco.

  Mi tío el pequeño se quejaba, pues cuando ella se levantaba allí se levantaba todo el mundo; duchaba a mi abuelo, mandaba a la ducha a  mi tío y si no quería lo metía ella. A veces lo pienso, un hombre tan grande y ella que era como una nuez le sobraba brío como para poder con cualquiera.

   A mi tío era al único que le dejaba ordenar su cuarto, por si se quedaba solterón supiera valerse por sí mismo. Cuando mi tío se casó, es curioso, pero él hace como mi abuela, tratando a mi tía como a una muñeca de porcelana, aunque también es cierto que a mí tía, carácter la sobra, también es tipo a mi abuela. Pero ella, mi abuela decía algo que es como tenerla ahora aquí a mi lado: “Es muy triste cuando la casa no pide que la limpies a fondo todos los días”

  Y ahora veo que tenía razón, pues cuando la abre era pequeña, todos los días limpiaba hasta la última esquina, pues no solo podía aparecer cualquier muñeco, sino que, como enredaba todo me daba miedo que cualquier pelusa la hiciera daño.  Con esto, añoro aquel tiempo, estaba muy activa y se me pasaba el día sin verlo; aunque también es cierto que por problemas de salud hubo un tiempo en el que no estuve para nadie ni nada, y ella, mi abuela, fue quien me puso en marcha: “Qué no sabes, aprendes de nuevo, qué no puedes, has de poder” y lo que mi abuela ordenaba era de imperativo legal, ¡Cualquiera le llevaba la contraria!

  Hoy hace nueve años que se puso malita. La llevamos a que le hicieran una revisión completa, no la notábamos bien y le descubrieron una infección en la vesícula. Aseguraba que no era nada. Desde que murió mi abuelo, el reuma de sus ojos desapareció. Cuando quería pasar de todo y no hacer caso a nadie, aseguraba que tenía reuma en los ojos y que no estaba para gaitas. No quiso estar con ningún hijo ni nieto y entró en una residencia de ancianos al poco tiempo de morir mi abuelo, ya que casi cuando él murió ella también. Le cayeron todos los años encima, fue de repente al faltar él; y eso que se quejaba, decía que era como un niño pequeño: “Hija, si no lo lavo no se lava es un cerdo” pero si se lavaba él solo aunque fuera las manos, mi abuelo podía preparase a recibir la bronca del siglo.

   La última vez que fui a verla, como empezó mi hermana pequeña ya se lo cantábamos todos, y cuando salía a recibirnos, ya que nos veía, era como si viviera pendiente de la puerta: “Las muñecas de famosa se dirigen al portal” ya que, como tenía tantos dolores de tripa andaba tan despacito con pasitos cortos que recordaba a ese anuncio. Cada día le decíamos que si quería salir de allí, que se viniera a casa con cualquiera de nosotros, pero se negaba.

   En realidad la dejaron morir, por problemas de ajustes y quejas a las que todo trabajador tiene derecho, las enfermeras dejaban de cumplir sus tareas y a mi abuela no le dieron la medicación.

   Cuando íbamos a verla, que era cada día, preguntábamos si le daban bien la medicación que estaba decayendo mucho y qué si seguía así la bajábamos a urgencias, aseguraron que le daban todo, y ella aseguraba: “No me dan nada”. Al estar con aquellas huelgas de brazos caídos, bajamos a darle la medicación nosotros, pero no pudimos hacer nada, la infección se extendió de forma silenciosa y cuando aparecieron los primeros signos dolorosos, al no darle la medicación a tiempo, no hubo nada que hacer y una septicemia, infección generalizada, se la llevo; ya que al ser tan mayor no quisieron operarla y extirparle la vesícula.

   Tuvo la peor de las muertes, murió a los pocos meses de navidad. La recuerdo en navidad, le dolía la tripa y la menestra que hago le encantaba, y como es rebozando cada trocito de verdura, con lo cual es un plato muy de fiesta por lo pesado, a ella no le iba muy bien, pero decía: “Déjame repetir, qué total me va doler lo mismo”

   Lo cierto que no fue una buena persona, era más mala que sembrar sal, se lo decíamos muy a menudo: “Ay, su nombre, añadiendo mala”, decía que ser buena, en ella era impensable, pero tenía una fuerza tan arrolladora, que, ojalá un día llegue a ser tan mala como fue mi abuela.

  Mi hija conoció a mis abuelos, lo divertido ejke cuando aparecen en nuestra vida cotidiana los abuelos, para mi hija mí abuela cuenta como abuela, otra abuela más, no como bisabuela. Cuando se refiere a ella y dice:”Ya está aquí mi abuela” sobre todo si hace algo tipo a ella, e imita en su hacer en ese arranque tan de mi abuela, tan suyo de fiera, se para y sonríe cuando se da cuenta que era bisabuela, quizás que sigue tan con nosotros que es como si nunca se hubiera ido. No sé si es bueno no dejarles marchar.

   Como era tan inquieta, cada vez que voy al cementerio le llevo cosas para coser o un pañuelo de esos que le gustaban de colores, menos flores que nunca le gustaron. Así que cuando vamos a verla, todos le ayudamos a hacer la tarea y le dejamos un botón cosido o un pespunte en un trozo de tela que siempre tiene allí.  Por una parte es por qué se entretenga, no vaya ser que le dé por salir y mudarse, pues si algo le gustaba era mudarse; no soportaba vivir muchos años en la misma casa. Aunque también es cierto, que antes de la guerra en el pueblo cada año por tradición todos cambiaban de domicilio.

 Imperio

 

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2 respuestas a Berrinostalgía

  1. Ana Azul dijo:

    Es entrañable como hablas de ella. Debió ser una mujerona de esas que dejan huella. Yo hice hace unos meses una entrada sobre mi abuelo al que adoraba. Es curioso que cuando mas mayores nos hacemos, mas nos acordamos de las cosas que hacíamos con ellos. Muchos besos
    Ana

  2. puck dijo:

    Cuando más entretenida estaba con la historia vas y la cortas. Espero la segunda parte 🙂
    Me admira como describes a la gente.
    Besis reina.

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