Berridosencuento

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   Érase que se era un tiempo en el que tomaron el poder  del mundo las brujas y los magos. Todos lo hicieron sin dar la cara, y aunque eran los amos y señores, escondían su poder dando consejos a reyes para dirigir sus reinos, y estos, tal y como les aconsejaban hacían.

   Antes de alzarse en su escondido trono, las brujas y los magos vagaban por el mundo sin ningún valor especial; estando cada objeto dotado de una magia especial y con esta: brujas, magos y objetos a todos los humanos sin exigirles nada a cambio ayudaban.

   Pero a las brujas y a los magos algo les partió el alma y fueron más allá atrapando a todos los objetos mágicos; quizás considerándolos enemigos para sus planes. Los dejaron encerrados en las mazmorras de sus castillos.

   Una vez en el poder, las brujas y los magos, hicieron que la pequeña magia se fuera agotando, y los humanos tuvieron que recurrir a los métodos que brujas y magos inventaban en complejos laboratorios donde a la magia cambiaron de nombre por alquimia. Su gran magia la dejaron para hechizar a los reyes y con ello dirigir el mundo. Si un rey desoía sus consejos, estos, las brujas y los magos, acudían a todo su potencial y, a los reyes que hechizaban actuaban bajo sus mandatos sin rechistar ni ser conscientes.

   Una de las brujas más poderosas, que, antes de este golpe al poder; ambos, brujas y magos tenían diferencias entre sí, pues había buenos y malos. Los buenos eran como los objetos que regalaban su magia por doquier, pero una bruja, o mago, si enfermaba su mente, cosa que sucedía al dañarles su corazón, es decir, a su sentir, era entonces cuando se volvían mala o malo, despertando esto en ellos el deseo de poder por encima de todas las cosas.

   Esta bruja, de la que nadie recuerda su nombre, comenzó a sufrir terribles dolores de cabeza. Ninguna de las pócimas que inventaba con poderosos principios activos surtían efecto; en realidad lo único que sucedía era que se apretaba tanto el moño que el propio tirón era quien le provocaba tal sufrimiento, pero aunque la bruja conocía la ciencia y prefería el engaño para ofrecerlo como cura, ella no cayó en la cuenta de que tal nimiedad como su peinado era el causante de su terrible dolor de cabeza.

   Ella en las mazmorras de su castillo encerró a tres objetos mágicos; como otros tanto magos y brujas escondieron otros, y entre ellos uno, no curaba propiamente el dolor de cabeza, pues ella conocía la ciencia y sabía que ninguna magia curaba, por contra sí que usando la alquimia se aliviaba o se sanaba por completo.

   Pero como la magia de uno estos objetos sí que aliviaba la tristeza, pues llenaba el alma con su música en las terribles noches de insomnio de los humanos. Y como ella, la bruja, al fin y al cabo era humana: pensó en que de uno de estos podía apoderarse perfectamente de todo su potencial mágico y sobre todo librarse de su dolor de cabeza; pues estaba muy triste con ese dolor que de continuo la acompañaba. Aunque también, era peligroso quedarse con los poderes de los objetos, pues podía volverse en su contra y atraerle la mala suerte si vaciaba todo el contenido de la magia de estos en ella. Pero pensó que por qué no un poquito y de uno solo.

   Así que decidida bajó a las mazmorras. En el primer calabozo con fuertes barrotes de cera líquida mágica que custodiaban a la pobre cuchara; ella calmaba el hambre de cualesquier humano, ya que, al comer con ella, su magia creaba más comida en el plato y así los alimentaba mejor, al menos ese día en que podían usarla y, ella se prestaba, pero su magia no podía ser usada a diario por la misma persona.

   En el siguiente calabozo, encerrada con barrotes de alambre de espino mágico, estaba la escoba; aquella que le perteneció y fue la envidia de todos sus colegas porqué ayudaba a barrer las disputas de los humanos y entregaba paz y alegría.

   Un pasillo más allá en una esquina sin ninguna custodia, pues ninguno de sus colegas conocía su potencial mágico. Una rosca de San Blas que la bruja bajó allí por qué simplemente se puso a dieta, y cuando descubrió que era mágica y traía buena suerte a quien la tomaba, la mordió con tal fuerza mediante un hechizo mágico por no tocarla, que la dejó allí en estado vegetativo, en muerte cerebral, para que nadie accediera a ella, así, entre la vida y la muerte.

   Subiendo las escaleras estaba el objeto que ella, la bruja, deseaba. Entre barrotes de oro, con fuertes y enormes pesadas cadenas de hierro forjado que aferraban sin dejar movimiento alguno a la cajita de música en su llave. Evitando así girase y se diese cuerda para eliminar la tristeza y acompañar  llenando el alma de paz en las noches de insomnio a los humanos.

   La bruja sabía que si tocaba los enormes eslabones de la cadena que custodiaban a la cajita; toda la magia de esta sería vertida sobre ella, y no deseaba que la mala suerte la acompañase, así que, sacando su dedo por un enrejado ventanuco, creó un rayo y resbalando este por otra de sus uñas serró de un tajo el enorme eslabón que aferraba la pequeña llave de la cajita.

   La bruja hizo girar con magia la débil llave que le daba cuerda y, abriéndose la tapa no salió la asustada bailarina pero sí que sonó con su mejor sonido para aliviar el dolor de cabeza de la malvada bruja.

   Como nunca se soltaba su apretado moño, la música de la cajita aunque sonó mejor que nunca no consiguió ningún efecto que aplacase a la dolorida bruja; así que esta muy enfadada la lanzó con la fuerza de su magia, que salió dando un golpe mortal por su mano lanzando por los aires a la cajita de música, que golpeándose contra la pared de piedra se destrozó y murió en el acto.

   La bruja sintió una dulce brisa y supo que era el alma de la cajita de música. Invocando un poderoso hechizo fue en su busca. Pero las cajitas de música tienen el alma más transparente que ninguna otra cosa y, además, la bruja tenía poco tiempo; tal vez tan solo mil años para conseguir atraparla, y ahora siendo alma, la cajita ya no era portadora de mala suerte y sí que iba poder quedarse con todo su poder.

   Las cajitas de música mágicas tienen la virtud de viajar a través del tiempo, y esta fue buscando un humano en el que alojarse y fundirse en él. Por más que se trasladaba al futuro no encontraba a nadie perfecto, pero un día lo encontró y justo cuando la bruja ya la había encontrado y, casi cuando estaba a punto de atraparla, se introdujo en un hombre que andaba tocando una guitarra eléctrica.

   La bruja, estando la cajita dentro de aquel hombre y con ello, al no poder atraparla y, como continuaba con sus terribles dolores de cabeza, acabó lanzándose desde la torre más alta de su castillo al suelo.

   Antes de morir la bruja lanzó un malévolo hechizo al portador de la magia de la cajita de música, pero la cajita estaba tranquila, pues a él nunca le alcanzaría aquel hechizo, y desde ese día, Carlos Santana al tocar la guitarra convierte la música en magia que elimina la tristeza y llena el alma de paz en las noches de insomnio.

Imperio

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5 respuestas a Berridosencuento

  1. puckuck dijo:

    Recuerdo que me regaló mi niña una cajita de música, pequeñita, con unos pocos acordes de una canción francesa. De verdad que tenía magia, pues mi alma se embelesó con aquel pequeño objeto y sentí esa paz que duraba según le daba vueltas a la pequeña manivela. Creo que cada uno tiene su pequeña caja musical, con su propia canción y a su propio ritmo.
    Besis reina.

  2. Chus dijo:

    Precioso cuento con magnífico final!

  3. Ana Azul dijo:

    ¡Vaya con la bruja! Al menos no consiguió quitarle el don al gran Carlos Santana, una maravilla de guitarrista. Besitos
    Ana

  4. María R. dijo:

    Hay tanta magia en la música que ninguna bruja podrá destruir.
    Agradable leer un cuento en un día lluvioso. 🙂
    Besos.

  5. mirta dijo:

    buenas noches, que hermoso cuento….será que me encantan y acompañado con esa esa guitarra es genial…..
    un gusto leerte…..
    cariños…..
    mir…….

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