BerriVoluntadesenCuento

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 La vida y sus circunstancias son un reducto muy cruel, se decía a sí misma ante el espejo. Como siempre cogeré al toro por los cuernos, pero sin ayuda y la compañía de mi buena amiga. No sé cómo se lo tomará cuando note que la obvio, cuando vea que no la dejo estar a mi lado.

  “El mundo, la edad, la realidad, entre tantas cosas, no se detienen” dicen creo los grandes sabios. Se decía de nuevo ante el espejo. Ya soy mayor, no se toca lo irreal y ya es la hora de olvidarse de que la fantasía sea esa forma mágica de solucionar lo que no tiene solución aceptando los problemas con imaginación y ganas.

   La realidad manda y ordena, es lo único en que pensar a cierta edad. Es lo que es y solo lo que se toca es válido. Ya es hora de ingresar definitivamente en el mundo real y dejar marcharse a la fantasía para siempre, se volvía a decir cada mañana.

   Una mañana cuando un trapo de cocina bailaba insinuante ante un cazo retándole a jugar a los encierros; pues al cazo le encantan los Sanfermines. No eran los primeros que habían visto juntos subidos en la bicicleta imaginando que los perseguían los tremendos Miuras…

   Pero esta vez, su voluntad iba ser grande y no estaba dispuesta a seguir el juego a su amiga y la atrapó.  Metió una galleta, una servilleta de papel, una botella pequeña llena de agua, y haciendo unos pequeños agujeros a una tapa agarró a la fantasía y la introdujo allí, dentro de un bote.

    No olvidó meter unos trozos de algodón que le sirvieran de cama y una pequeña manta de lana, que un día, estando la fantasía acatarrada quizás por la lana con la que tejió aquella manta y unos minúsculos trozos de Ibuprofeno mejoró de inmediato. Siendo a partir de ese día la manta especial con la que juntas tomaban un café muy caliente.

   Ella miró hacía donde tenía los mongotordios de hacer punto y ganchillo, y con tristeza pensó en deshacer luego una nueva manta que estaba tejiendo para el cumpleaños de la fantasía; qué como no se sabe cuándo nació lo celebraban el día que les daba a ambas la gana, incluso un día sí y otro también.

   Fantasía dentro del bote la miró extrañada, pero no dijo nada, y para ayudarla: hechizó la tapa del bote con un jarabe de tiza gelatinoso que siempre llevaba en el bolsillo. Pero esta vez, cuando ella intentase tocar el bote para abrirlo recibiría una descarga; pensó en un principio en una descarga con la que le salieran en un estornudo mocos azules, pero eso no la iba ayudar, así que cambió el hechizo a una descarga eléctrica. La fantasía sabía que era la hora de despedirse, al menos hasta que ella se sintiera de nuevo segura de sí misma.

   Ella como siempre parecía tan realista, callada y a lo suyo, pero nadie podía sospechar cuanto echaba de menos ponerle alas a la escoba, hablar con la plancha, la lavadora…, y a los folios, tratarlos como si pudieran explicarle ese misterioso mundo de las matemáticas. Incluso recordaba aquella vez que uno, muy blanco él pero un poco doblado en una esquina… aquella esquina, la que luego la plancha amablemente ayudo a que luciera muy guapo.

   Él, aquel folio, aquella vez, le fue marcando con cuidado de no electrocutar al pobre bolígrafo, pero cada vez que ella se equivocaba con una palabra en inglés, el bolígrafo acababa sentado sobre su hombro llorando negándose a escribir más. Así que ese día al menos salvo dos faltas no cometió ni una más.

   Sí vivir muy cerca de la fantasía no es malo, se repetía tentada de abrir el bote y pedir disculpas a su buena amiga. Se repetía: Se puede vivir con ella y ser muy realista, estoy tan segura, no quita una cosa la otra, lo sé, ha sido mí siempre. Los días se fueron haciendo muy largos, e incluso en la lista de tareas faltaban cosas por hacer, todo era tan aburrido…

   Sin darse cuenta los folios comenzaron a hablar, en la calle las aceras volvían a invitarla a saltar en paracaídas, los semáforos le daban los buenos días y las buenas noches, así como las buenas de la hora que fuera. Sospechó definitivamente cuando un contenedor de vidrio se quejaba de que le faltaban duchas. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo corrió a casa. Estaba segura de que la fantasía se había escapado, pero no.

    Aguantando la descarga eléctrica soltó a la fantasía. –Pensaba que te habías escapado, ¿cómo puede ser qué todo siga igual en mí si no estás conmigo?

 _La fantasía que hacía ejercicios para recuperar elasticidad con una goma a la que estiraba con un hechizo.

 _No vas a hacer ejercicio si hechizas todo. La recriminó, pero la fantasía la miró y no dijo nada.

 _Vale, tú lo has querido. Y sacando un pepinillo lo rellenó de anchoa…

   La fantasía no pudo por menos que gritar un: “Dame, dame”, e incluso intentó un hechizo para robarme, pero sabía de sobra que mi voluntad es mágica y qué cualquier hechizo conmigo era inútil. Así que habló.

  _No te hago falta niña grande, yo solo vivo si tú me dejas vivir. 

  _Entonces, ¿no tengo remedio?

  _Sospecho que no, dijo con voz lastimera la fantasía.

  _Vale, pues hagamos un café con leche que acompañe a este delicioso pepinillo relleno de anchoa.

Imperio

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3 respuestas a BerriVoluntadesenCuento

  1. pili dijo:

    No te canses de viajar con el pensamiento ,de escapar del tiempo, de tragar paciencia, de vivir de la esperanza ,de gritar al mundo sus injusticias ,no te canses de espantar tus miedos, de matar demonios por dentro, de soñar despierta y de buscar hambrienta aquellos deseos que nadie comprende ,no te canses de cruzar montañas con pendientes de ignorancia, de cruzar desiertos sin agua y mares sin calma, no te canses de vivir con el corazón entre las manos, aunque mil veces lo hagan pedazos…no te canses de andar tus caminos sin destino, aunque te pierdas en mil laberintos, no te canses de la fantasia dejarias de ser tu … y eso no me gustaria ,un beso wapaaaa

  2. puck dijo:

    Me gustan tus cuentos de cosas que hablan y seres impersonales que toman personalidad.
    Me perdí con calma en tu cuento.
    Besis reina.

  3. Ana Azul dijo:

    La fantasía necesita un hueco en nuestra vida, pero sólo el justo, para que no se transforme en nuestra realidad. Sólo en la proporción necesaria para no perder nuestro norte. Besitos
    Ana

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