Berriquécosaspasan

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  La vida es muy permisiva, sí hasta me admite a mí que soy un pozo de problemas interminable.

  Lo cierto ejke no sé el motivo para que esté aquí, y mira que la vida ha tenido oportunidades para hacerme desaparecer, pues no, me deja. Serán los misterios que ella tiene, supongo

  Ejke estaba tan agobiada esta mañana, que tras hacer cosillas de la casa y la redacción de inglés. Cansada de todo me he ido a dar una vuelta; por ver el mundo.

  Y soy formal y seria, pero de un gamberro profundo, y eso seguramente sea el motivo para que me sucedan las cosas que me pasan. No lo sé.

  Así que me he ido, no he llevado cartera, me he negado a ir de compras, qué coja el pan don soseras; como si no hubiera salido me he dicho: hoy no me va pasar nada, no lo voy a permitir. Más quisiera.

  En la calle, casi al lado de donde vivo me he tropezado con un hombre que me odia, al menos eso dice, y un tiempo, quizás por esa rabia que me provoca el que me odien sin motivo; por qué motivos hay pero no los conocen, y mira si los conocen pues bien, me lo gano, pero sin conocerme… En fin. La cosa que un tiempo le fui dejando cartas anónimas por medio de un buen amigo.

 Aburrida de su trato, decidí decirle quien era la que escribía esas cartas. Lo cierto que desde entonces, aunque asegura odiarme aún, no sabe que decirme para pedir disculpas; pues pasó a vivir pendiente de aquellas cartas, de esa supuesta, -¡Pobre e incauto hombre!-, tímida y bondadosa  –¡Lo que más tú!- mujer que le hacía sentirse tan grande e importante.

  ¡Qué, me tenía manía sin motivo, así que se ganó que lo jodiera vivo enviándole cartas que le hicieron soñar ! Qué no se queje!  ¿Sí, verdad?

  Al verme, y dos favores que le hice hace unas semanas; tan grandes como acompañarle al médico. Qué nimiedad, en fin. Pero como él anda muy agradecido y no sabe que decirme, pues no acepto regalos, y tras saludarme y referirse a todo lo que me debe, aunque me odia, me ha dicho que cuando esté viuda, cuando ya no tenga nada que le impida estar a mi lado: me va comer a besos, tantos que me voy a morir de gusto.

  Y no pensaba contestarle, pero soy así, impulsiva como nada; luego me arrepiento, pero seguro que así me pasa lo que me pasa. Y al decirme que me iba comer a besos cuando me quede sola, pues le he saltado: “Serás vago, mira que esperar a que tenga 103 años para matarme”

  Y ahí estaba ese hombre que tanto me odia, desconcertado al llegarle una carcajada que se ha quedado en una risa casi crónica. Yo allí, a su lado esperando a que reaccionara, y sucedió, ejke no hay un santo día que no me pasen cosas.

  Esperando a que se le pasara el ataque risa, ha aparecido el hijo de una señora. -Qué por qué coño tuve que ir a intentar aprender a cantar flamenco, si yo canto a muerto; nunca mejor dicho.

  La cosa, ejke este hombre, el hijo de la señora, venía a pedirme el favor de ir a visitar a su madre, pues literalmente se estaba muriendo, y fui. Ejke pobrecita, su vida ha sido tan triste, tanto, que de mote le llaman La pena.

  Una vez allí, los besos de rigor y sonreírle, me ha pedido que le cantase como le canté a su hermana. Avisándola que podía morirse, ha insistido, y le canté, mal, pero le canté, y tras la coplilla, pues salté mi chorrada del momento. No puedo evitarlo. Y murió, de la carcajada, pero murió.

  El hijo, quien vino a pedirme el favor, -y mira lo que le devuelvo-, antes del suceso; le mandé a tomar un café pues no paraba de llorar, y al morirse la señora del ataque de risa que le provoqué me dije: antes de que le avisen, arrea a esconderte bajo lo que sea que este te mata.

 Y volví a mi casa temblando. Mi hija dormida, yo pensando y calculando los días que curra don soseras para no salir a la calle por el resto de mi vida sola. Asustada como nadie puede estarlo. Este me mata me decía mientras paseaba inquieta por mi casa.

 Ejke es un muerto más a mis espaldas, qué si, que se mueren de la carcajada, y se quedan con una sonrisa preciosa, pero un día me matan echándome la culpa de su muerte.

  Entre mi desesperación; intentando tranquilizarme. Total morirse no es nada, lo malo será el golpe; tiene que doler quieras que no. Ha sonado el timbre de la puerta, he mirado por la mirilla, y era él, el hijo de esta señora.

 Qué miedo, no podía abrir, pero si continuaba tocando el timbre mi hija se despertaba y total, hoy luce el sol, sí, por qué no va ser un buen día para morirme, me dije.

 Resignada a mi sino abrí la puerta, y sin llegar a darle una disculpa de por qué tardaba tanto. Se me ha abalanzado a abrazarme y a llorarme en el hombro, dándome las gracias por hacer feliz a su madre en el último momento de su vida.

  Es increíble, los desastres como yo a veces tenemos recompensa. Seguro que es la vida, hoy debía tener ganas de reírse de mí, o conmigo. Ejke se lo pongo de fácil.

Imperio

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Una respuesta a Berriquécosaspasan

  1. Ana Azul dijo:

    Hija, si tu vida es una novela, tienes para escribir un libro, que digo uno, dos por lo menos. A mi también me has hecho reir
    Besos
    Ana

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