Berreteadeando

  Sonó el despertador y acariciándolo, por meterlo a la cama y dormir un ratito más juntos, pero se acordó que había citas a las que acudir sin falta; además debía ser grande, eran ya 200 días, 3 horas, cincuenta minutos y veinte, veintiún segundo siendo adulta. Debía comportarse y ser como los mayores.

  Desde hacía mucho tiempo no hablaba con la cucharilla, ni dio los buenos días al café como era su costumbre; ni saludó correctamente al salón ni al resto de la casa. Todos estaban como en penumbra asustados sin saber que estaba pasando.

  -Ella, un desastre que habla con todo lo que existe; con lo que se toca y lo que no. Si hasta hablaba con el aire. Saludaba, sonreía, bailaba…, sin tener en cuenta a quién y con quién. Era así, como si el mundo fuese a acabarse en un instante. De la gente también se había retirado, ejke te tratan de tonta, o de que te falta un par de sentidos si tratas de estar alegre, ser amable y tolerante. Ejke, en los adultos se lleva el mal humor, ser muy serio, no mirar a nadie, pues creen que si lo haces les críticas o llevan algo de lo que puedes reírte, y se enfadan y sospechan. Los adultos, viven entre las prisas e ir cada uno a lo suyo. Como si el mundo no importase y solo hubiera tiempo para la vida social: trabajo, dinero, amigos, sobre todo interesantes y aparentar.

  Pero un día, por motivos de la vida, olvidó, se esforzó en no ser ella misma y dejó de hacer lo que más le gustaba: soñadora, loca… y poco a poco, estaba cavando un foso tan profundo, donde se estaba quedando en nada. Se estaba muriendo aún viva.

  No le pasaba nada, simplemente tenía que crecer y ser como la sociedad manda a los adultos a la hora de comportarse; así estaba segura que conseguiría entender el mundo de las prisas y ese interés constante en el que se instauran los adultos.

  Pero un día, unos zapatos le pidieron pisar un charco, y como ya pensaba que era el momento de olvidar esos idiomas y aprender otros reales que sí existen en el mundo. -Ellos, los zapatos, insistieron tanto que la tiraron al suelo. Estaban muy enfadados, ejke la echaban de menos. Pero no sabían que ella más.

  Se levantó, continuo andando y no quiso prestar atención, sabía que habían sido los zapatos los que enfadados la tiraron al suelo. Quedaban muchas obligaciones pendientes por hacer, no había tiempo para tonterías a las que da tiempo de sobra, pero debía simplemente hacerse grande. Toda una mujer adulta.

  En la primera cita de ese día, esa ineludible a la que debía acudir; la pilló por sorpresa su forma de ser. Ejke un niño lloraba tanto por qué le tenían que sacar sangre que todos los niños, por simpatía, lloraban a coro. Nadie conseguía que callasen.

  No pudo evitarlo, se sentó en el suelo, justo al lado de uno de los niños que más lloraba. El niño al verla llorar le preguntó: -“Y tú por qué lloras si ya eres grande”

_” ¿Grande? ¿Tú crees, soy grande?” Le dijo al niño.

_”Bueno, eres hasta aquí”, tocándole la cabeza; dijo de nuevo el niño

_” ¿Pero soy grande o no?” Le preguntó, mientras tres lágrimas se apiñaban rodando por su mejilla, saltaron tanto y tan juntas, que al niño le cayeron en su mano.

_”Sí, más que mi mamá. Y no llores qué tendrás que quitarte los mocos” dijo el niño con voz suave, haciendo gestos qué indicaban claramente que cuando te quitan los mocos no se pasa precisamente bien.

  Todos los niños que lloraban se acercaron a ella e hicieron un gran corro; ante las miradas del resto de los adultos, considerándola una loca: “Qué pirada, decían muchos, ni que le pagaran por entretener a los niños”

_”Vale, me los quitaré, pero yo no sé quitármelos, y tengo miedo, mucho miedo cuando me pinchan” dijo mirando a todos los niños.

  Un “Nosotros también tenemos mucho miedo, -dijo un niño con palabras, que eran de él pero las usaba en nombre de todos, entre el hipo que se queda compartiendo las lágrimas de susto-, pero ahí dentro hay un niño que grita mucho…” añadió con entrecortadas palabras el niño mirando hacia la puerta donde se entraba a que te extrajeran sangre. Un coro de voces se arremolinó en una voz al unísono entonando y coreando: “Yo también, yo también tengo miedo” decían todos.

  Las mamás y papás de los niños sonreían. Ella, con la mirada les miró pidiendo permiso para acompañar a los niños dentro. Y todos encantados dejaron que así fuese dejándole los papeles de cada uno.

  Ella miró a los niños y dijo: “Tengo una idea chicos, ¿y si entramos dentro y qué nos pinchen a todos juntos? ¡Pero a todos, así nos ayudamos!”

  Y así fueron todos juntos, entraron y una enfermera les fue extrayendo sangre uno a uno. Les dieron un caramelo, y por esa vez, ella se lo comió muy a gusto.

  De allí se fue a más citas ineludibles y a la compra. Ahora todo la saludaba como siempre, pero está vez les respondió como de costumbre: en silencio, con gestos y palabras de esas que salen del corazón.

  Al volver a casa, saludó como siempre lo hizo a todos esos habitantes que se compran en las tiendas y pasan a vivir con nosotros como otros miembros importantes de la familia, pero se había dejado una cosa importante de hacer. Dejando la compra y despidiéndose como siempre lo hizo se fue.

  Todos se emocionaron tanto, que al volver a casa encontró en muchos rincones en los que había pequeños charcos, trocitos de serrín y cachitos diminutos de tela en el suelo. Habían llorado, y que luego digan: qué las cosas no tienen alma.  Y las plantas, qué unas horas antes estaban tan tristes, ahora erguidas, miraban la casa como si hubieran vuelto.

  Ella aún dudaba si era correcto ser así, pero se sentía tan bien de esa manera siendo ella misma; aunque su mundo era un mucho de fantasía, de sueños posibles si por lo menos lo intentas… Ejke no podía evitarlo, le gustaba mirar a los ojos del corazón, incluido lo que supuestamente no lo tienen.

Imperio

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Berreteadeando

  1. puck dijo:

    Jope, estaba yo llorando con los niños mientras leía. Y ella una más, que suerte.
    Besis reina.

  2. Aire dijo:

    Hola, ola de mar…
    Sabes qué? Ultimamente si estaba yo pensando que es inevitable que perdamos esas locas costumbres de personas grandes y adultas pero ya no por los demás que critican o te miran raro si no por las ocupaciones con las que el mundo nos entretiene. Los niños son así porque no tienen preocupaciones sobre cómo mantener una casa, por ejemplo, y nadie depende de ellos . Es de lo más triste verdad Shi?. Igual si viviéramos todos libres y despreocupados, como pequeños salvajes, ese niño que echamos de menos dentro no permanecería oculto.
    Pero supongo que debemos intentar preservar lo que podamos de el , y con tu entrada me lo has recordado.
    Un beso, del Aire

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s