Berrisiseo

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 El mar es beneficioso para la salud, para equilibrarte, pues dicen que es gratificante el vaivén con que se mueven las olas. Aseguran que proporcionan paz, a mí, hoy por hoy lo que me causan es mareo, pues empiezas despacito por la orilla, y si no fuera por que acabas calada y cubre, llegarías al mismo centro del océano sin enterarte, y todo, por ese vaivén que no detiene ese sube y baja del agua.

 Hoy alguien me contaba implorando se alejase ese: un como hemos cambiado, que vuelvan aquellos años de antaño cuando aún estábamos por formar, muchos aún sin una herida y sobre todo, con la vida apenas sin estrenar. Prometí contarle, hacerle recordar casi al oído (por supuesto en primera persona, cómo si me hubiera pasado a mí)

 He de reconocer que me encanta el mar, tiene un algo místico, y qué lástima que con los años, esa condición sine qua non que añade y hace la edad, ya no tenga esas ganas de aquel entonces, ¿dónde me he quedado, qué habrá sido de mí?  Ejke me he convertido en algo tan ajkerosamente tierno, que, si un día me licuo me usan de suavizante para la lavadora.

 Por aquel entonces, en especial el agua del mar, proporcionaba motivos que hoy, tal y como te lleva a pensar el tiempo, se puede pensar que eran para convertirte en un ser malvado, rebelde, y llenarte de ideas… de esas, que te llenas cuándo llega un momento en el que te cansas de ser buena, ¿ser qué, buena, qué es eso?

 Ejke era tan especial, todo lo planeabas con los amigos, eran tu familia, parecía que jamás nos íbamos a separar, planeábamos e íbamos a esas vacaciones por aquellos 82…, y hoy, casi lo echo de menos, cuando la noche antes del viaje, veíamos aquella película de tiburón, qué no sé por qué narices nos empeñábamos en verla justo la noche anterior al viaje, para ir allí, a pasar unos días llenándote el culo de arena, donde esta don Cantábrico, ese mar que cada día me enamora más por rebelde y malhumorado.

 Esa noche antes del viaje, la pasabas soñando con tiburones y las maletas, era inevitable y cuando ya estabas allí, en la playa, con la toalla que mis amigas jamás conseguían dejarla sin arena… -qué monas, tan tiernas, todo cuidadosamente colocado en la bolsa, que también regresaba a casa llena de arena, y decían: ¡qué bonita, mira: arena! Ese mira arena delante de los chicos, en casa solas sin ellos, era un qué ajko, además  un día antes luchaban por qué no les raspara el… salva sea la parte, pues se negaban a ducharse y quitarse el agua de mar de la piel, decían que las ponía más irresistibles para los chicos. Ays qué idiotas, para los chicos ¡Puag!

  ¡Cuánta tontería…! Nunca entendí por qué solo delante de los chicos se hacían las ordenadas, cuando sus habitaciones eran parajes salvajes donde podía perderse un elefante, pasar allí semanas, meses y años sin ser visto el enorme paquidermo, y allí, qué tiernas, qué monas, que cuidadosas ¡Lo odiaba, no soportaba verlas convertirse, hacerse las diferentes! ¿Por qué no eran cómo cuando estábamos solas si estaban los chicos? Ejke siempre me reñían: “¡No puedes ser como eres con los chicos, no te das cuenta que eso es malo!”  y añadían, “Pagarás las consecuencias, te trataran de calienta… o de lesbiana”. Jamás lo entendí, creo que aún no lo entiendo, ¿Creo?

 Ejke, era ir a tocar el agua y todas de lo más sexy, con contoneos, ataviadas con aquellos pareos en la cadera, y la que se creía más guapa, ejke parece que lo ensayaba, decía: ¿¡Y si viene un tiburón!? Todas las chicas del grupo gritaban, ¡Ay, un tiburón, socorro, qué miedo! Y los valientes de mis amigos, con aquellos: “Vamos, que no pasa nada” las llevaban de la manita como si fueran lerdas ¡Lástima congrio para dejarlas sin un dedo!

 Escuchaba sus gritos desde dentro, siempre entraba la primera al agua con el batallón de los chicos que no les interesaba ninguna de las del grupo para dejarme batir por las olas, no me importaban las algas, ni tan siquiera la arena, o quedarme sin bikini en más de una ocasión, gritaba mujer desnuda al salir, e iba por la toalla y otro bikini, lo cierto, que ninguno de mis amigos se quedaba sin evitar que me miraran, ellos se encargaban de taparme a toda prisa y recuperar mi bikini, salía arropada por ellos como si fueran guardaespaldas.  Aunque algún bikini jamás apareció, y la vida, traía sorpresas de compras inmediatas, pues, alguna de las chicas aseguraba que se lo había comprado, aunque les quedaba enorme de la parte de arriba…, pero al salir así del agua, lo cierto ejke recibía el consiguiente enfado por parte de ellas y su, aquel quejoso: “Mujer como eres, ten cuidado, no eres tan fea como piensas, ya te vale tía” Ejke estaba tan segura que no miraría nadie…, y qué va… no entendía por qué miraban tanto ¡Qué lerdis que era! Además, les preguntaba a mis amigos, ¿pero por qué narices me miráis tanto? Prometo qué no entendía el que me mirasen.

 A todas las chicas del grupo les encantaba hacerse las débiles, las suaves, las tiernas, las limpias y amitas de sus casas, a mí, que ya vivía sola, por contra me divertía imaginar ese tiburón inmenso llegando a la orilla, todo dios corriendo y yo, allí parada calculando la altura a la que podría llegar el agua, me fastidiaba, ¿y si llegaba una ola con suficiente altura que permitiera zafarse al tiburón?  Me lo imaginaba como a un Torrestrella de San Fermín al que debía hacerle un recorte. Ejke me apasionaba imaginarlo anclado en el agua, masticando con sus dientes y, en ese a la vez cerrando los ojos con esa ternura de un animal que se alimenta y sobrevive…, pero tenerlo allí, clavado en la orilla para mí, aunque luego pensaba: Pobre bichito, y todo por venir a comernos, qué ya es tener hambre.

 Me cabreaba cuando algunos de mis amigos estudiantes de biología aseguraban el fatídico: “No hay grandes blancos en este mar” ¡Vaya por dios, y yo esperando para darle una patada!

 Me encantaba bucear, nunca vi un tiburón, y eso que me perdía el gran espectáculo de algas sólo por buscarlos, por desear enfrentarme a uno y morderle…

 Nunca entendí por qué las chicas eran tan tiernas, y  su mostrar tanto miedo a las tormentas, a todas les encantaba cuando estábamos solas, pero delante de los chicos lo guardaban en secreto, preferían gritar, asustarse de los truenos. A mí me encantaba bajar al agua, acercarme a las olas, ejke te empujaban con tal fuerza, y los rayos y los truenos, casi se alejaban de ti, sentía como si me tuvieran miedo…

 Mis amigas me odiaban, decían que lo hacía para ser sexy ante los chicos, que lo mío era sólo fachada, ¿sexy? ¡Qué bobada! Va ser sexy a una jovenzuela por correr en busca de ser volteada  por las olas sin temer los rayos y, adorar las tormentas desde la orilla del mar, aunque sí que es cierto que la fuerza del agua, cuando golpeaba contra mí, hacía daño, y sexy eso, ¡Va ser sexy tal cosa, atontadas¡

 Una vez pasé miedo, sólo una, me quedé sin oxígeno, falló el artilugio, lo cierto que no era ninguna experta, aprendí unos días antes en la piscina de un amigo, ese día iba de compañera buceando con aquel tipejo, dueño de la casa donde nos alojábamos, que todo el día andaba diciéndome piropos y prometiéndome cosas muy raras ¡El muy imbécil! Me decía: tengo coche, he acabado la carrera, ya tengo trabajo, ya tengo casa en la que podemos vivir y, si quieres venirte conmigo te lo doy todo, ¿todo, qué todo so bobo? Qué tengo y tengo…cómo si eso fuera necesario, jamás hizo ni un gesto de lo realmente importante… es decir, no hacer nada, simplemente ser como era, sin adornos del tengo y tengo, ese que funcionaba con mis amigas, y esto sí que jamás lo entenderé, ni hoy lo entiendo.

 Mis amigos se empeñaron en que debía tener un novio, y ese tipo fue como una lapa nada más llegar al grupo… ¡Boberas, novio yo, para qué!  Menos mal que uno de ellos se dio cuenta de lo que me ocurría allí abajo… Al salir, recibí la bronca del siglo, pero ejke solo de pensar en meterme en la boca lo que ese tío había tenido en la suya, prefería morirme, aunque de mis amigos no me importaba, eran mi familia, mi grupo.

 Y ejke el tiempo nos cambia, hoy adoro la compañía de un hombre, es increíble todo lo que se puede hacer con ellos, ¿hacer? ¡No hombre, compartir! Hacer no, sí, hacer sí, hacer eso, sólo compartir con ellos.

  En fin, la vida Alea y se Jacta, Est así, imagino, que será el devenir del calendario quien te lleva a convertirte en algo tierno, sin combates, buscando una vida tranquila, sin sobresaltos ni aventuras peligrosas, sin rebeldías, ¿seguro? ¡Bahh!

Imperio

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2 respuestas a Berrisiseo

  1. Jaimita dijo:

    Psstt Imperiete que tú eres de las mías.Sí mujer,de esas que dicen que somos más bastas que unas bragas de esparto.Pues eso que a mi tampoco me iba eso de ir en plan débil y con necesidad de ser protegida por el macho ibérico.Quita,quita,puaffff.
    ¿De verdad crees que el paso del tiempo nos cambia,nos trankiliza y nos vuelve tiernos???Ummmm…..no se,no se.
    Desde luego a mi aún no a logrado cambiarme,¿Será que conmigo el tiempo necesita más tiempo? 🙂

    Besitos de San Fermín.

  2. puck dijo:

    La historia me llevó en un viaje al pasado, me imaginé lo que iba leyendo. Me ha hecho sonreir el Alea jaja. Me divertí.
    Besis reina.

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