Berriera

Erase que se era una princesa que vivía en el reino de qué más da que reino sea, era una princesa que vivía en un castillo de un reino entre reinos.

El reino de y qué más da que reino tenía a la princesa encantada de que fuese lunes. Ella marcaba muy afanosa el calendario, incluso ordenó que quitaran el resto de los días de la semana del calendario real que nadie tenía a mano, pero, le pese a quien pese era sábado y tocaba baile de disfraces.

La princesa al ver que era sábado y qué tocaba baile de disfraces, pataleo y mordió la esquina de una pared cercana a donde estaba colgado el calendario. A ella le gustaban los que se sujetaban de pie, pero ese año, para fastidiar al rey, que no le dejaba pinchar la pared, colocó uno que le regalaron en el taller mecánico de la carroza,  a este, al mecánico, se lo dieron en la tienda de comestibles Ana Rosa y a ella, se lo dieron en la mercería Ana Mari,  que gracias al mecánico, llegó a la princesa y así pudo fastidiar al rey colgando el calendario de una chincheta cerca de la pared que enfadada mordió.

Qué gran tragedia llegó al castillo, la pared fue profanada, pero como era la princesa, al final no le pasó nada.

La princesa al ver que era sábado, braceo y braceo al aire, y pataleó y pataleó contra el suelo, tanto, que el calendario cansado de tanto aire, que se formaba con el desaire de la princesa, le cortó en un dedo con sus hojas una herida muy sangrante.

La sangre real era el gran baluarte y tesoro de la corona, así que, los consejeros reales recogieron en tres vasos de litro y medio la sangre de la princesa, que quedó pálida, blanca y sin sangre, salvo unas gotitas que quedaron en una vena cerca del codo.

Del codo le salió un moretón y de él brotó un árbol de manzanas prohibidas, y la princesa, con su brazo lleno de manzanas, un día, asomada a la ventana para alimentarse de sol, pasó por allí un príncipe que en la tapia se meó.

Al príncipe, por osado, castigaron de inmediato a podar el manzano que la princesa tenía en el codo, y a su caballo, le dio las manzanas que fueron cayendo del real brazo; mientras la princesa, rabiando enfadada, miró el calendario y por fin era lunes. La princesa se alegró tanto de no ir a la fiesta de disfraces, que por fin, un sábado, se quedó dormida lamiendo la miel de un cántaro.

El príncipe se quedó con el calendario que regaló el mecánico de la carroza, y a este, se lo regaló comestibles Ana Rosa, que era su dueña, la del calendario, la dueña de Ana Mari, la mercería que vendía los hilos que usaba para zurcir los calzones a su padre, el rey de qué más da que reino sea y,  la princesa, se marchó con el caballo bayo del príncipe, que al fin y al cabo, era más noble, más guapo y más alto.

Y este cuento se acabó, y desde ese año, los calendarios nadie jamás miró, y el rey, se hizo tan viejo, que lo sirvieron de queso en un banquete informal, y a los pajes de este cuento, que nunca jamás salieron, proclamaron un edicto por las calles mirando hacia barlovento: en el castillo de este reino, que qué más da que reino sea, nunca pasaron las cosas esas que nadie se espera.

Imperio

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5 respuestas a Berriera

  1. Ana Azul dijo:

    Gracias guapa por tu ayuda en explicarme como se cuelgan los videos. Te he dado las gracias también públicamente en mi blog, para que todos se enteren de lo buena tía que eres. Chao guapetona
    Ana

  2. Ana Azul dijo:

    Ostras, ahora que he leido tu cuento, que lío me he armado con el calendario, la tienda de comestibles, la mercería (que por cierto, me tienes que dar las señas, que yo coso mucho), el manzano, que digo yo si serían manzanas golden o de las ácidas, que no me acuerdo como se llaman, y el rey, con los calzones zurcidos, que feo debería estar, que con el dinero que debería tener, no sé como no se compraba unos nuevos de seda, bueno de seda no, que para el culete de un hombre la seda no está hecha. Y el principe, si se pegó un atarcón de manzanas, no tendría luego ganas de besar a la princesa ¿no?.
    Y a todo ésto, ¿que fue del calendario? Que digo yo que si siempre era lunes, pues que rollo, que de vez en cuando un bailecito de sábado no viene mal,. Eso es que la princesa no había probado bocado al principe, que sino, pasa de los lunes y se pide que siempre sea sábado, que supongo que el principe estaría buenorro…Y oye, un baile horizontal de vez en cuando, pues arregla el cuerpo.
    Ufff, ya me he cansado de tanta princesa, principe, rey, manzanas y calendarios….
    ja,ja,ja
    Buen fin de semana
    Ana

  3. Ana Azul dijo:

    Joer con el principe, mira que quedarse con el calendario teniendo a la princesa para hacer con ella un” fristo serxual”, Y la princesa si prefirió al caballo, eso suena un poquito mal….Juas
    Ana

  4. puck dijo:

    Menos mal que a alguien le gustaron los lunes. A mi el día que no me gusta es el martes, porque el lunes es comienzo de semana, el miércoles ya da avisos de jueves y de viernes y el martes es un día que está ahí que no pinta nada, por lo menos en mi calendario, así que quitaré los martes, ea.
    Qué cuentos más ocurrentes y originales se te ocurren.
    Besis reina.

  5. María R. dijo:

    Pues yo creo que como es caprichosa y mal criada, ha hecho bien el principe en quedarse mejor el calendario, jeje…
    Buenas tardes, feliz sabadete y besos pa’ el camino. 🙂

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