Berrigritos

Ahora con la crisis, bien pensaba que iba regresar entre la gente algo que me da que está perdido, o igual no ha existido nunca y tan solo en libros, con sus historias amables del humano, engañan y quieren reflejar como si de un sueño se tratase algo que sospecho que, o bien nunca ha existido, o lo perdimos, y de y asomar, sólo aparece con ese estado del bienestar y lo que implica la buena economía.

Aunque yo creo, que no se trata sólo de todo lo que implica la economía, sino de algo que se perdió hace mucho, casi que, nació con el yo y todas sus posibilidades, que no es otra que todas esas normas morales y conductuales, es decir, eso del respeto que tanto hablan aún los mayores de una manera autoritaria y como de único sentido, pero, donde empezarlo y acabarlo, e inclusive de acabarlo que sea de la manera más elegante, pero esto, me da que se perdió por esa rebelión ante la religión que a la mayoría nos enseñaron, esa que, casi por fuerza arcaica, cada uno acaba diseñando a su propio Dios, eligiendo en qué creer y que no, y todo esto, pues de alguna manera como nos empuja a ir muy fuera de dogma, y a partir de esto, claro, a ver quién es el guapo que entra en cintura y cree a ciegas. Cosa que si lo pienso, creer a ciegas es muy necesario, y hay que aprenderlo aunque no con cosas religiosas, quizás aquí esté el primer cambio que no hemos sabido colocar bien.

Todos andamos en busca de la felicidad y serlo, cuanta más dosis de esta más contentos estaremos, pero, ¿qué felicidad buscamos?

Pensaba que ya no tenemos establecidas con coherencia las bases de qué necesitamos, pues en la sociedad en que nos movemos, el dinero y su poder es el rey; el que todo lo puede, dando la sensación que con él, ya tienes parte de lo importante resuelto, pero, ¿todas esas historias de ser feliz, de paz interior, cómo tenerlas con todos los estómagos que nos han crecido vacíos?

Creía que la base estaba en ser más grupo que individual, y posiblemente no esté lejano con respecto a eso de ser feliz, aunque vivir en grupo equivale a tener muy calibrada esa vara tan sacrosanta como es el dar y recibir, y claro, ante esto, ante tanto egoísmo inflado y tanta necesidad cubierta por otros, ¿cómo hacer para qué rezume ese líquido inusual que es ser feliz? Cuando además, el ser autosuficiente, nos aleja de ser felices aunque nos posiciona como fuertes, no como felices.

Ya, ser feliz me suena a sonreír, sentirse bien durante un largo rato, pero que nada nos contradiga, y ante todo, que tengamos accesibles esas partes de los deseos, esos que van apareciendo, y que el aburrimiento, no nos lleve a destrozarnos en esas de abrir mil veces el frigorífico, preocuparnos si la uña del pie nos crece torcida si además no nos hace daño, pero como afea nuestra presencia, lo perseguimos como un martirio a solucionar y librarnos de ataduras, casi convirtiendo a una uña fea en algo para ocultar una mancha en lo que somos.

Además, que no nos llenemos de ese recuento que lleva, ya creo que el aburrimiento y la suma de fracasos, a tener muy en cuenta  si hacemos esto mejor que otro, o si somos los mejores y, con ello de manera fija a llenarnos de arrogancia, a cuestionarnos una y otra vez, o a plantearnos muy serios; si nos merecemos más o menos lo que tenemos, claro, de gratis, pues no cuenta cuantas veces te equivocas hasta que haces algo perfecto, no, solo cuentan las victorias y a ellas nos exigen y exigimos que es peor, que todo ha de ser igual a lo perfecto, pero, no dejo de pensar en cómo  todo esto pesa y mina, nos destruye todo lo que nos lleva a  ese esfuerzo de que hay que ser perfecto, y por tanto: tener buena presencia, hablar de manera coherente, ser cultos, conocer a cada momento quien eres y donde estas,  qué lugar ocupas con quien estés para no usurpar nada que, aunque te corresponda, aunque realmente, si lo pienso, nada es nuestro.

Todos buscamos algo que nos ayude en un momento a ver que poseemos, y al abrir esa cajita de tesoros tan nuestra, con ella sentirnos ricos, grandes y poderosos, pero es vano cuando, por ese yo mejor, por el que tanto nos esforzamos en mejorar, tantas veces lo perdemos por algo muy simple: no saber perder para ganar, así lo decían los ancianos de mi pueblo, y creo que tenían mucha razón: “Niña aprende a ganar perdiendo”

Un tiempo atrás pensaba que, aprender a valorar cosas que alcanzamos con esfuerzo en la sociedad, al regresar tras un tiempo sin ello, como que eras más feliz, te amoldabas mejor a ese esfuerzo de lucha diaria y a encontrar un por qué a tanto tiempo trabajando y una vez acabas, has de seguir sin parar para otras cosas que no reportan dinero, pero también son necesarias.

Es más, tiempo que tenía llenaba una mochila pequeña con un cuchillo, unos mecheros, una cuerda y me marchaba al monte a perderme, a sobrevivir con lo que había allí, a cazar, recolectar, a no tener un plato, a fabricar utensilios para asar o beber agua, a lavarme en un río y buscar plantas que hacen jabón, a resguardarme de la noche, y sí, volvía al cabo de una semana y valoraba las comodidades, pero en nada todo eso se me olvidaba.

También pensé que compartiendo, dando tiempo a gente que, lo está pasando mal por todas esas circunstancias que nos pone en contra la vida y, no todas son sencillas de superar; con ello creía encontrar y valorar qué tenía y que no, pero cuanto más daba más me exigían y menos valoraban mi esfuerzo, pues tendemos en un grito de ayuda a olvidar el gracias, y ante todo, a que una persona no es tu esclavo, y sobre todo, que cuando se nos solucionan nuestros problemas, ya andamos solos, que nadie que me ayudó venga y me vigile, que enfada, es más, casi miramos con desprecio a quien nos ayudó, pues nos recuerda nuestra caída.

Después descubrí que si te das mucho a la gente, todos tendemos a querer quedarnos, a tener amarrado todo eso que nos hace sentir bien, y nadie respetamos que cada uno tenemos un camino que de forma solitaria seguimos, aunque acompañados, evidentemente se anda mejor y más lejos, pero no somos los dueños de nada, y eso, lo olvidamos con mucha facilidad.

También pienso en todo eso que nos hace sentirnos bien, todos esos: que nos quieran, ser el mejor para alguien, que nos admiren, que nos hagan sentir que somos geniales, que con ellos, nuestros defectos se tapan, no existen; y no nos damos cuenta, que simplemente nos aceptan como somos, por qué así es como hay que aceptar tanto amigos como a enemigos, pero, es eso, cuando alguien nos lo hace sentir, por fuerza tiene que ser nuestro,  y no, nadie es nuestro, aunque la amistad  no cabe duda que es un don encantador con el que se comparte todo esto, sin que pese, es más, sin ello no puedes vivir, pues ese otro te preocupa tanto como si fueses tú mismo.

Del amor acotado, hijos, amigos, familia, y pareja, de este mejor ni lo pienso, tiene una fuerza tan grande,  y todos estos acotados, que solo cuando quieres como si fueras a ti mismo, te sientes bien, pero con la salvedad que has de respetar sus decisiones y apoyarlos aunque se equivoquen, pues con los errores, casi creo que se consigue más que con los aciertos, sobre todo en esto del querer.

Aunque también es un problema este acotado del querer, sobre todo el de pareja, puesto que, es tan compleja la línea que separa el sentir, tan de orgullo, y no solo eso, yo me siento a salvo, ya nunca será mi problema, sé que a nadie despertaré ese amor, pero, ejke hay algo que me choca mucho, lo veo a diario, y cuando alguien se muestra amable, ay que ver la de veces que esto da problemas increíbles, y todo, por esa fuerza que arrastra a que todo lo que me gusta ha de ser para uno.

Así que, ando pensando, donde está todo eso que sueño, donde está el compartir, el dar cariño sin que tengan que devolvértelo o que, que esa es otra, acabe por que te pese darlo. Quizás, como animales que somos, cada uno quiere su propio bienestar y olvidamos con mucha facilidad que hay cosas que deben ser gratis, sin vuelta, pero que su entrega no esclavice ni invada.

Por tanto, todo me lleva a preguntarme, ¿cómo ser feliz si cada momento me exige mucho más de lo que soy?

Hombre, no se me olvida que cada momento implica una elección, y que a nada te debes, salvo a ti mismo, pero entonces, siento que algo chasca, pues a nada que olvidas tu posición,  el ciclo de los problemas, la búsqueda de cómo ser feliz y no morir en el intento, pues vuelve a empezar.

Imperio

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4 respuestas a Berrigritos

  1. Ana Azul dijo:

    Como vivimos en sociedad, es inevitable mezclarse, involucrarse, y sentir los problemas de los demás. A veces los hacemos mas nuestros y otras nos hundimos en nuestro propio mar problemático.
    Pero es lo que conlleva vivir, que uno sea persona en todos los sentidos, que ni se es una isla, ni tampoco hay que compartirlo todo.
    Por desgracia los valores se han perdido. La nueva generación está criada por personas que perdieron el norte y creyeron que dejando hacer era mejor que poner normas, y ahora no se puede parar tanta falta de respeto y de convivencia.

    Besitos guapa
    Ana

  2. Chus dijo:

    Creo que en cierto modo incluso la generosidad es un acto de “egoismo”, ya que responde a nuestra propia necesidad: necesidad de hacer cosas por otros que nos hacen sentir bien, o que evitan que nos sentamos peor. Pero es igual, es algo instintivo, propio de las especies que viven en grupo: los actos por la cohesión y el bienestar del grupo nos provocan felicidad. Superviviencia al fin y al cabo.

    Esa generosidad, aunque la haya llamado “egoismo”, es algo positivo, y no hay que quedarse en si es o no es un acto de beneficio propio porque al fin y al cabo lo hago por sentirme yo bien conmigo misma (o lo que sea). Ego no quiere decir malo, quiere decir “yo”. Y sin “yo”, no hay “nosotros”.

    Por eso, además de cooperar, apoyar, servir… además de todo eso que protege a los otros y por tanto al grupo (sea al pequeño grupo de la familia, al gran grupo de la sociedad)también hay que proteger al individuo. Es IMPRESCINDIBLE saber poner límites, aprender a decir NO, salvarguardarse uno mismo, cuidar de sus necesidades… Y aprender a hacerlo sin sentir remordimientos, al contrario, hacerlo es positivo y es algo de lo que hay que estar orgulloso. No es mezquindaz, sigue siendo supervivencia. No puedes sacar a nadie de un pozo lanzándote tú dentro, ni puedes tirar de la cuerda para sacarle si estás sin fuerza y medio muerta de innanición por no haberle dejado de acompañarle un minuto para cuidar de ti misma. Para ayudar a otros, hay que estar bien uno mismo.

    ¿Cómo ser feliz? Haciendo lo que puedas. Dándo a otros, pero tomando para tí. Y si te exigen más de lo que eres, diciendo “no”.

    P.D.: qué bien se me da la teoría, eeehhh???

  3. María R. dijo:

    En esta sociedad del “tanto tienes tanto vales” aún quedan valores y personas que son más felices dando que recibiendo, y el que nada da, no puede ser feliz.
    Besos y buenas noches

  4. puck dijo:

    Veo que esto va por días, ya no siento que haya planes de futuro en ningún sentido pues todo puede pasar de un momento a otro, y cuando algo pasa se va cambiando también de sensaciones, de opinión, por lo menos yo. Cuando pasó lo de Japón, había una señora que lo que buscaba entre todo aquello era su vestido de novia. Creo que allí los elaboran con mucho cuidado y son complicados, de todas formas hace tiempo yo lo habría visto como una tontería. Cuando tuvimos la inundación entre todo el jaleo y que conseguí trabajo un día después tardé una semana en abrir unas cajas con objetos como fotos, vídeos. Temía abrirlas y que todo se hubiera echado a perder, lloraba. Era importante que estuviéramos todos bien, sé que es lo más importante, no obstante en esos objetos había una gran carga emocional, estaban mis recuerdos, mis vivencias allí impresas. Veo la vida como esas fotos, en realidad me importa la emoción que hay en cada vivencia, y todo va cambiando, algunas veces de golpe, otras veces más lentamente y cada uno hace lo que sabe o lo que puede para sentirse bien, y ahora tal como está la vida, ésto parece centrarse más en el momento, quizás sea eso lo que parece suceder.
    Besos reina.

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