Cuento

Me da que no voy a conseguir aprender como se maneja esto, de momento he conseguido subir algo, pero dejar comentarios en otros blog, seguro que hago algo mal, y ejke nada, no hay manera de dejar uno. En fin.

                 Igualdad de género

                                       Cuento

 Historia de una gota de aceite

 

Érase una vez que se era un pueblo que tenía muchos olivos. Cada año la diosa fortuna les sonreía y a los habitantes de este pueblo los olivos les regalaban muy buenas cosechas.

Tanta era la suerte de este pueblo, que un día en vez de venderle el fruto de sus cosechas a diferentes compradores, y como con esto se creaban envidias y sensaciones de injusticia entre sus habitantes; decidieron crear una cooperativa, así todos juntos, estaban seguros, la suerte sería igual para todos.

Los olivos del pueblo ajenos a todo lo que ocurría entre los hombres vivían tranquilos. Los cuidaban especialmente, pues era beneficio de todos recoger muy buenas cosechas.

Pero en uno de los mejores olivares del pueblo ocurrió algo que cambió el curso de la historia, una historia secreta que solo supieron de ella Duendes, Elfos y Hadas del campo. Ese olivar era de Paco, el forzudo, pero al morir, y no teniendo un heredero, no le quedó otra cosa que ser su única hija la dueña de su gran orgullo, su olivar. Ella, era La solterona Pacualina, así la llamaban en el pueblo.

En realidad, en apariencia era una más al entregar las cosechas, y una más en la cooperativa, pero siempre escuchaba comentarios de los hombres y mujeres del pueblo nada agradables. Nunca consiguió ser el presidente del trujal, a pesar de que al no ser muy agraciada, su padre la mandó a la capital para que estudiase, pero, todos creían que quien mejor que un hombre para dirigir esas cuitas.

Un día mientras trabajaba el olivar, Mateo, tan soltero como ella, pero que para sumar ni con la calculadora lo conseguía; la increpó, envidioso por qué sus cosechas no eran las mejores, si no las de Pascualina. Le dijo cosas nada bonitas, asegurándole que lo que necesitaba era un hombre a su lado. A Pascualina le dio tanta rabia que lloró amargamente.

La noche llegó al olivar y Pascualina como siempre era la última en irse. Miró el fruto de su trabajo y, notó un extrañó brillo en una de las ramas de sus olivos, pero como era muy tarde, macho a su casa pensando en que al día siguiente debía de recoger su cosecha, pero antes miraría que le ocurría a aquella rama.

Esa misma noche cuando la luna estaba en lo más alto, y estaba muy llena. Nada presagiaba lo que estaba a punto de ocurrir.

Al día siguiente Pascualina fue a mirar la rama y no encontró nada extraño. Seguro fue un espejismo, se dijo, una gota de agua que brilló con la noche, pensó.

Su cosecha fue la misma que otros años, una de las mejores, despertando la envidia de todos los del pueblo que siendo hombres, no la mejoraban.

El fruto recogido de ese día fue llevado al trujal, pero una gota de aceite se enredó en los pies de Mateo que ya caminaba hacía su olivar a acabar de recoger su escasa cosecha en proporción a la de Pascualina.

Nada más acercarse al olivar de Pascualina maldijo a su dueña, envidioso de no conseguir lo mismo que ella. Y en ese momento la gota de aceite que llevaba pegada en su bota despertó y rodó con sabor amargo por los caminos de la parcelaria.

Ese día la noche llegó antes extrañando a los habitantes del pueblo. Y la gotita, guiada por los Duendes, los Elfos y las Hadas del campo, rodó buscando acariciar la luna.

En su rodar se fue mezclando con polvo del camino, piedrecillas y algún que otro yerbajo. Ahora era más grande, y aunque no entendía nada, si que sentía y solo pensaba en acariciar la luna mirando en su rodar hacía el cielo.

La luna miró a la gotita de aceite y bajó a dejarse tocar, dentro de la gota de aceite estaba la lágrima de Pascualina, y la luna, quizás por ser mujer, lloró con ella.

Con voz muy suave la luna, durmiendo a la gotita de aceite para que no sufriera más; le explicó a la lágrima de Pascualina que a la gotita de aceite, ahora mucho más grande y llena de suciedad, en realidad, le pasaba como a las mujeres en su pueblo. Se había mezclado con muchas cosas, y que quizás por eso, aún pensaban que los hombres podían hacerlo mejor que las mujeres.

Así que esa noche, la luna castigó a los hombres y, cuando iban entregando el resto de la cosecha, ninguno conseguía el grado ni la calidad suficiente para pasar la aceituna al trujal. Solo los remolques que entregó Pascualina pasaron el control y dieron la calidad perfecta.

Ese año fue un mal año, un año de esos que no se recuerdan. Hubo que usar el aceite conseguido de la cosecha para hacer jabón, y todos los hombres acostumbrados a presumir, tuvieron que reconocer, que la única que había sabido cuidar los olivos fue Pascualina.

La luna levantó el castigo, pero desde aquel año, los hombres y mujeres de este pueblo escuchaban a Pascualina cuando tenía que decir algo en la asamblea de los socios del trujal, y en poco tiempo, todos se dieron cuenta, que al fin y al cabo, hombres y mujeres siempre habían trabajado juntos.

Y nadie lo entiende, y en este pueblo se dieron cuenta, pues los viejos del lugar miraban la luna a diario, pero lo cierto es que desde aquel día, las noches, sobre todo las de luna llena, son especiales en todo el mundo. Quizás por qué el cielo y las estrellas son las mismas para todos.

Imperio

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6 respuestas a Cuento

  1. Ana dijo:

    Precioso cuento, nos hace pensar… Intenta dejar comentarios, lo conseguirás.
    Besitos
    Ana

  2. Aire dijo:

    Hola, ola de mar….
    Shi…, ojalá algún día , ocurriera un cuento así, verdad?. Pero sabes qué, lo más importante es saber qué somos realmente, y el que no lo sepa ver, allá el…, él pierde.
    La realidad es otra, claro, pues yo cuando pienso en las diferencias, no puedo evitar pensar en las mujeres de otros países, donde son aún peor tratadas que aquí. En este nuestro primer mundo…lo que más deploro, es que hasta las mujeres piensan son machistas, muchas al menos.
    Un beso, del Aire

  3. Chus dijo:

    A mi también me da guerra lo de identificarme con wordpress en algunos blogs. En los de wordpress no hay problema, si estás identificada en el tuyo, te reconoce automáticamente. Y cuando permiten lo de OpenId de “firma y blog”, pues pongo Chus y la dirección de mi blog y listo… Pero los que el OpenId no permite esto y tienes que identificarte con cuenta de wordpress… nada, aún no lo logré.

    ¡¡¡Pero aprenderemos!!! Así que tú no desesperes.

  4. puck dijo:

    Cuando leo un cuento de estos tuyos me vuelvo egoísta, no quiero decir nada, solo quedarme con la sensación de que algo me llenó el alma y quedarme así en ese silencio extraño de paz que no sé de donde sale, así que no te comento, solo me callo jajaj
    Besos reina.

  5. María R. dijo:

    Por qué será que tiene que suceder algo malo para que se reconozca a quien realmente lo merece? será la envidia que es muy mala? las mujeres parece que hemos venido a este mundo con esa cruz. !Ánimo Imperio, tu puedes con wordpress, como Pascualina con estos! 🙂
    Besos

  6. elssamolina dijo:

    Las noches de luna llena son especiales en todo el mundo. Quizás por que el cielo y las estrellas son las mismas para todos. Me encanta lo que escribes. Muchos besos y abrazos querida amiga. Elssa Ana

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