Ecosberreantes

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  Si hay algo que siempre me ha chocado es el eco. Sí, eso que te devuelve tus propias palabras cuando gritas. Es ese misterio que sueles encontrar en el monte, donde gritas primero un largo: hola, y aparece seguido tu mismo hola, pero, como que parece otro hola que se repite y se repite, pero tristemente, el eco es algo que también encuentras en cientos de otros lugares, en esos, donde no esperas encontrarlos.

  Ejke es curioso como hay cosas que pierden importancia con el paso de los años. Ocurre cuando te haces mayor, tanto que casi entonaría que te vuelves más tolerante con todo; aunque creo que no es eso, pienso que simplemente pasamos, pues llega un momento en el que conoces de sobra, que lo que hoy es un abismo que amenaza tragarte, mañana, lo mismo, ya no será para tanto.

  Y aunque otras importancias que no sé si van con la edad, pero que se quedan también en el camino, y miles de momentos que piensas y aseguras que nunca sabrás ese que ocurrió y, un tiempo quedarán emparedados en un a la espera, así que, casi por agotamiento o aburrimiento decides no darles más importancia, sumándose así a otro montón de cosas que la pierden, pues ya lo aclarará el tiempo, qué además, para entonces, ya sé que no me interesarán lo más mínimo.

  Aunque de alguna manera, como si fuera buscando un por el contrario, otras lo ganan, y casi por épocas, hay cosas que nunca tuvieron importancia,  pero es como que llega un momento donde aparecen por instantes algo que hace de vaivén, que lleva a un que la tiene ahora y a un ahora no la tiene, es como si en las importancias estuviera inmiscuido un diapasón marcando ritmos, si lo pienso inútiles, y actuara.

  Ejke con los años te das cuenta que lo peor de todo no es la muerte sino la incertidumbre de todo eso que no sabes cuando va llegar, ni tan siquiera tienes seguro que llegará, y a pesar de todas las vueltas que puedas darle con la importancia que merece; pues todo apunta muy negro, pero decides ser positiva y quedarte con las cosas buenas, y será cuando de nuevo aprendas a dar importancia a las pequeñas cosas. Todas esas, que cuando todo va mal cobran suma importancia en tu vida. Así que, un día me espero a las pequeñas cosas sacándome la lengua y diciéndome: “Qué, ahora vienes, ahora me miras, pues cierro la puerta y te quedas fuera ¡Bonita! “ Estarán en todo su derecho.

  Hace unos años un amigo me invitó a subir a su casa, me prometió ver algo único, subí y encontré que su algo único para mí era una autentica tontería, se la valoré, pero lo cierto ejke un cielo de tejados no me interesaba nada, absolutamente nada, es más, miré a lo lejos y le fui enumerando que monte era tal y cual era el otro tal, pues los tejados me parecieron como la cabeza de un calvo, vista una casi que has visto todas.

  Hoy recuerdo su cara de decepción, y aunque le expliqué el motivo por el que no me gustaban los tejados, y casi se sintió peor, hoy casi  siento un poquito, qué digo, más que nadie no haber puesto cara de asombro (para nada), aunque hubiera sido mentir, pero a pesar de que siempre me dice que valoró como nadie aquel momento y mi sinceridad, reconoce que alguna vez me hubiera matado, aunque aprendió a mirar a lo lejos, pues de previo nunca se fijó en todos aquellos montes. Así que, a saber, pues si no eres sincera dañas, pero si lo eres, pues puedes tener seguro que también dañas, así que mal plan, pero uno ha de ser como es, no ser para agradar, le pese a quien le pese, y además, quizás, se trate de lo que tiene un gran valor para uno puede no tenerlo para otro. Y esto se olvida tanto.

   Lo malo cuando necesitas que alguien te escuche, que entienda lo que estás pasando, o como en el caso de aquel amigo, necesitaba sentirse muy afortunado por la vista de todos aquellos tejados, cosa que, acabó confesándome que le di en todo el morro ya que nunca le gustaron, pero el encontrar todos aquellos montes sí le dio un motivo para valorar su casa.

  Es curioso, la verdad daña, pero solo lo hace una vez. Aunque muchas veces no buscamos la verdad, quizás buscamos eso tan importante de dejar de dar importancia a lo que nos sucede.

  Otra lección que aprendes con los años, es esa que años antes te llevaba a que si te mordías la lengua te envenenabas, pero ya eres inmune a tu propio veneno, por lo tanto, pasas y practicas de nuevo eso de qué todo tiene la importancia que tú quieras darle. Lo malo que con los años, realmente pocas cosas la tienen y, además, ya ni veneno tienes en la lengua, pues ni que te la muerdas, ni que la escurras, algo habrá que hace ese que se olvida la importancia de tener razón. Es algo que siempre me choca. Pero ejke con el tiempo, la razón no importa.

  Lo cierto que la importancia de las cosas con los años deja de tener ese calibre que hace unos pocos atrás tenía, pero reconozco, que es muy duro cuando lo que tu consideras importante, va otra persona en la que confías y esperas encontrar un alivio, y va, y te dice que qué dejas para su persona, y te sueltan que no puedes quejarte, que ellos sí que están peor, qué les pasa esto y lo suyo si que es más grave. A partir de ese momento callas, te alejas, y aprendes otra lección importante, y a partir de esa lección dejan de importarte otro montón de millones de otras cosas, quizás hasta demasiadas.

  Es como que con demasiada gente te conviertes simplemente en eco. Simplemente en eco. Qué lástima.

  Menos mal que siempre hay con quien poder ser, tanto igual como diferente, ya que, con ellos consigues encontrarle la importancia hasta a lo más mínimo, si no, pensaría que con los años nos entierran ya muertos.

Imperio

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3 Respuestas a Ecosberreantes

  1. puck dijo:

    Pensándolo así en este momento creo que alguien pretenda, sin darse cuenta seguramente, que otro sea eco es un poco penoso porque lo de escucharse solo a uno mismo es muy cansado.
    Besis reina.

  2. Ana Azul dijo:

    Hay gente que no escucha y sin embargo quieren ser escuchados. Es un mecanismo de autodefensa digo yo, pero debería ser algo reciproco. No se puede pedir sin dar nada. Besitos
    Ana

  3. Aire dijo:

    Hola, ola de mar..
    No es que seamos como el eco, simplemente otras cosas pasan a ser importantes para nosotros. Y es que claro, somos limitados lo cual es normal y lógico y por lo tanto no podemos albergar todo. Eso sí, donde hubo, siempre queda algo.
    Yo suelo tener problemas con la s inceridad, pero ya no me importan tanto porque el otro lado de la sinceridad, el que pocas personas ven es que la sinceridad hoy en día es muy valiente, pues arriesgamos mucho de nuestro bienestar social y por lo tanto anímico al serlo siempre. Si soy partidaria, ya ves, de si no es necesario hablar, no hacerlo si lo que vas a decir no aporta nada positivo a la otra persona.. Para mi eso no es falta de sinceridad. En el caso de tu amigo…ays, a mi me hubiera pasado exactamente lo mismo. Hubiera dicho, ah si, mira, ah…muy bonita, che., pero nada de ilu, pero digo yo que no toda la responsabilidad es de quién es sincero, también del que escucha lo que estás diciendo, si es más respetuoso o menos, tolerante o no, abierto o cerrado.
    Un beso
    del
    Aire

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