Noséporquéberreo

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  Como dice la canción: “No sé por qué berreo será que tengo alma de bolero” Es te quiero, pero ejke no es plan de ponerse tiquis con la letra de una canción, aunque por razón, si de ella se trata, la letra dice te quiero, no berreo.

  Ejke hay que ver las horas que me paso con la razón, pues la busco para ver hasta donde es justo contar con ella. Sobre todo en esas cuando la tienes de tu lado, ya que descubro de lo poquito que sirve, y en otras, cuando la razón se esconde, que es la mayoría de las veces, ganas si sabes como encajarla, en esas de ganar con tú razón. Claro que, siempre es aprovechar el momento, o saber cuando exponer tu razón para que triunfe sobre cualquier otra. Supongo.

  Casi diría que, en esas de la razón, será como cuando sales cantando triunfos por anticipado y, como si jugases una gran partida de mus, donde en el reparto te han caído las 31, y no unas treinta y una cualesquiera, no, será con juego, pares, con medias por tener tres reyes, y pequeña, aunque sea mínima por ese uno del as. Una vez en tus manos aseguras que ya tienes ganada la partida.

  Pero, claro, se ha de jugar, ya que, pueden ganarte, por ejemplo: dos cuatros y dos cincos, sobre todo si vas a pares y, por confiar que tienes una gran jugada con nada más y nada menos que treinta y uno y medias, otra, con más razón y por jerarquía, con pares menores,  pero que juntos son superiores ya que hacen dúplex. El resultado, pues que te han derrumbado, ya que, no se llegará al juego, la grande se pasará de lejos, y tus pares, unas estupendas medias, te cegaron antes de llegar a tu baza más segura que era el juego, siempre que el resto tenga ese juego, y que, de tenerlo, pues hubieran hecho posible la victoria esos los treinta y uno, sobre todo si vas de mano, y no los pares por mucho que tengas algo tan valioso como tres reyes. Claro que, en el mus, si como nadie te haces creer, con un triste calderete: tres, cuatro, cinco y siete, puedes hacer maravillas, siempre que los demás no tengan pares ni juego.

  Es como si la razón contase solo para el momento y dependiendo de la que tengan los demás, y por calcular otra jugada distinta y, según el argumento, el usarlo, sirviera más que cualquier razón contundente. O más simple, hay tantas razones que se ponen en juego, que en cada momento dependerá de quien posee la mejor. Digo que ha de ser así, pues apenas lo entiendo.

  Ejke hay gente que tiene la razón de su lado, usan una gran razón general que, a todas luces derrumba a cualquier otra, pero nada más pormenorizas, su razón no vale absolutamente nada, y será aquí cuando entran otros motivos que podemos y tenemos en cuenta, aunque, la realidad hace que socialmente solo se vea una, es como que las demás, quizás al ser de menor rango, pues ya no valen para nada, aunque si se sumasen todas las razones secundarias, creo que, siempre son más contundentes, en ese entre todas, que una que por lo general se da como válida.

  A ver si me explico: Imaginemos que a un ciudadano le van a quitar su vivienda. Este lleva tiempo sin pagar y la razón huelga, tanto si ha llegado a esta situación por despilfarro como por factores de mala suerte. Cuentan igual, le quitarán la vivienda y punto pelota.

  Pues igual que esto es el resto de todas las razones que podamos tener de nuestra parte, no importa si están justificadas, pero sé que quien llegó por despilfarro ha vivido con una calidad superior a quien la mala suerte y el infortunio le llevo a desembocar en la misma situación. Uno ha vivido disfrutando, mientras el otro, la perdida de su vivienda será un infortunio más.

  Ejke encuentro que todas las razones que podamos justificar a la hora de buscar esa gratitud, que la razón concede, dependiera de muchos más factores que los que la simple razón ofrecen.

  La cosa ejke descubro cada día que juzgar es tarea absurda, aunque para ser justos, no queda otra que mirar toda la baraja de razones de parte o en contra, pero son tantas que, me da la sensación que se hace como imposible cualquier tarea, sobre todo, esa de ser justo.

  Aunque claro, la sociedad ya tiene estipulado que es justo, por ende supongo que el día en que aprendamos a mirar más lejos de lo que está marca, igual conseguimos entender muchas preguntas con contundentes porqués que se ponen en danza, ya que solo miramos el momento, no los motivos que hicieron de causa, por ende, creo que se han de tomar en cuenta como desencadenantes.

  Y ejke es esa, hay miles de caminos, miles de motivos que forjan razones, pero también hay excusas que el encajarlas a tiempo, y saber encajarlas para que cuadren y faciliten, quizás, estas llevan a valorar por encima de cualquier razón en un juicio que nunca será justo.

  Así que, igual no es tan torpe por mi parte poner excusas de contenido increíble, siempre lo he hecho, como por ejemplo llegar tarde, qué procuro que nunca pase, pero de pasar diré algo similar a qué vi un eclipse terráqueo en el polo norte y aproveche en esas de recoger la cosecha de castañas y cerezas de las nubes otoñales, pues la razón, que entiendan y sean justos a la hora de aceptar el motivo por el que llegué tarde, no depende de mí.

  Ahora que, al dar una excusa tan estrafalaria, pueden pensar que me burlo, pues no todo el mundo tiene un gran sentido del humor, incluso habrá quién te pregunte si eso es cierto, qué anda qué, en ese momento, ya puedes decirle que era una broma y buscar otra excusa más acorde, y aunque prefiero decir la verdad, sé que cuando la dices, es el gran motivo para que te llamen mentirosa, hasta con tilde aunque no lo lleve.

  Ejke entre la razón de uno y la de otro, me da que siempre están en guerra, tipificadas como delito y muy jerarquizadas, por lo tanto, hacer justicia, con la razón o no de tu parte, supongo que es imposible, sobre todo si no sabes como colocar tu razón para que sea la triunfadora. Y lo cierto que, si la sabes usar ganas, aunque sé que no merece la pena, pues creerte solo depende de los gestos que hagas, de cómo sepas hacer encajar tu razón y no de la razón que tengas, y esto, en realidad me duele, me duele mucho. Y no por ganas de recibir reprimendas, ni castigos, ni cariño, simplemente por el hecho de que, la razón es una, dividida en muchas vertientes y, todas, hasta las más absurdas hemos de comprenderlas, no darlas por qué sí y acordes a un sentimiento.

  Es como que todo no está en la razón, pues me lleva a pensar que la razón se consigue si hacemos que la sientan como justa y no por que lo sea en sí misma.

Imperio

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Cuentoqueteberreo

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 Helena paseaba tranquila por un mercadillo y, en un pequeño puesto vio la colección que podía complementar perfectamente a aquella que antaño le regaló su abuela.

  La numeración era justo la consecutiva a aquellos dedales de porcelana, y no eran caros. Quien se los ofreció, con desgana, le aseguró que no era muy buena idea comprar aquella colección para continuarla, qué conociendo que ya poseía el resto, mejor no le vendía nada, qué se fuera a otro puesto. Insistió.

  Helena perseverante, y el buen hombre quizás por sus pocas ventas accedió y, le pidió justo lo que ya le había pedido sin subirle ni un solo céntimo más, pues según él, su desgracia iba ser el precio que pagase.

  No le gustaba creer en supercherías, eran leyendas tontas llenas de historias que daban miedo. Pero aquel hombre cerró su puesto y la invitó a tomar un café.

-Siéntate niña, le dijo el vendedor.- Soy Raimundo Salgader y tú, eres Helena pero no sé tu primer apellido, aunque sin duda, el segundo será Bujanda, ¿no?

 -Así es, y sin dejarle comenzar la frase que iba pronunciar Helena, Raimundo le avisó. Sé mucho más de ti de lo que puedes creer.

-Pues cuénteme entonces, ¿por qué asegura que estos dedales serán mi desgracia?

-Porqué tendrás que decidir qué es lo justo y qué no lo es, aprenderás la lección más dura, pues todo no se puede tener en la vida, y muchas veces, pagan inocentes los errores de la madre naturaleza.

  No te inquietes niña que te contaré: Esos dedales, cuando llegues a casa comprobarás que siguen un perfecto orden con los que ya tienes, pero cuando los unas, todas las hadas que hay encerradas en cada uno de ellos serán liberadas, y ellas son buenas, hacen el bien, son joyas que la madre naturaleza puso para ayudarnos. Pero cuando las liberes, desequilibraran las fuerzas del bien y del mal, y cada una de ellas cuando te regale un deseo, cosa que no pueden evitar pues va en su naturaleza, será entonces cuando la tierra temblará y sin saber en qué lugar morirá gente inocente, y tú pagarás el precio.

  Y no me mires así, estoy seguro que tu abuela te contó miles de cuentos de hadas.

-Pues sí, así es, ¿pero tan solo eran cuentos, no?

-No, no lo eran pequeña, y sabía que vendrías y qué hoy debía entregártelos a cambio de un precio justo, ahora dependerá de ti y de lo que decidas. Las hadas se quedarán a tu lado, no podrán ir más allá de unos metros de ti, pero recuerda, cada deseo que concedan, provocará que la tierra tiemble y tú pagarás el precio con tu desgracia. Y ante todo, recuerda los cuentos que te contó tu abuela, en ellos tienes todos los remedios.

  El vendedor se levantó y desapareció entre la gente. Helena se fue a su casa deseosa de liberar a todas las hadas.

  Nada más llegar recordó el cuento de la hada Puck, y la del trasgo tras, y de la deliciosa bebida que destilan las hadas. En el cuento estaba el encantamiento: “Mira y toca el hilo del dedal, dale un tironcito y aparecerá”

   Así lo hizo y la primera de las hadas salió desperezándose de tan largo sueño, la miró, y le dijo con esa voz que su abuela como nadie imitaba. “Niña, ¿pero qué has hecho?

-Nada, ahora rescataré al resto de tus amigas. Tú espera.

-No niña, no lo hagas, bueno, si lo haces, no pidas deseos para nadie, qué si los pides la tierra temblará.

- Lo sé, me lo dijo el vendedor, pero ejke lleváis mucho tiempo condenadas a un sueño eterno sin motivo, no es justo que la madre naturaleza decidiera encarcelaos, cuando por hacer, si mal no recuerdo los cuentos de mi abuela no hicisteis nunca mal.

-Niña, no liberes a el resto de las hadas, llévame contigo, y si conseguimos solucionar un dilema sortilegio misterioso que tengo escrito en la enagua, y que yo no puedo verlo, entonces nos podrás liberar a todas y jamás haremos daño, pues la tierra no temblará.

-¿No os cambiáis nunca de vestido?

-¡Qué ocurrencias! No, no nos hace falta, las hadas jamás nos manchamos.

   Helena no creía mucho en todo lo que le había contado su abuela y mientras invitada a Elnika, qué era así como se llamaba el hada liberada, pensó en el niño que vio por la mañana, y como le gustaría curarle el cáncer.

   Elnika, la reprendió: “No pienses eso niña debo concedértelo.” Y sin más, movió su ceja y abrió la boca, se tocó las dos orejas y colocó sus dedos en la lengua, y silbó con un ruidoso y estruendoso silbido de pastor.

   Helena no sabía si ese niño se había curado, tan solo lo vio en la manifa a la que fue a protestar en contra de la reforma laboral, no lo conocía, pero seguro que si no era a ese niño, seguro que el deseo curaría a otro.

 -Niña, sé que es lo que estás pensando, puedo escucharlo y sí, el niño iba con una gorra roja, un monopatín y su madre llevaba un vestido morado, con mallas y unas botas marrones imitando la piel de un cocodrilo.

  Helena estuvo a punto de preguntarle cómo lo sabía, pero Elnika le contestó: “Pues porqué lo sé”

  Mientras el hada muy hambrienta calmaba su hambre de siglos y hablaban de muchas cosas referentes a todos los cuentos que le contó su abuela, encendieron la tele y, en la cadena, detuvieron las noticias para informar sobre un grave terremoto que de una fuerza desconocida estaba asolando la tierra y qué en el primer momento pensaban que los muertos pasaban de mil.

-Ves niña, dijo Elnika, cada vez que pidas un deseo tendré que concederlo y el precio será la vida de miles de personas.

-Bueno pues enséñame tú enagua.

-Mira, está aquí, justo en la parte de atrás.

-Pues quítate el vestido, y así podrás verlo

-No, porqué si me quito el vestido el mensaje se borra.

-Pues está con letras muy chiquitinas y no quiero desear leerlas de manera fácil, sobre todo visto lo que ocurre.

-No hace falta, recuerda el cuento del lobo Tormento

-¡Ah, vale! A ver: “Engendros de tormentas, revoluciones de relámpago, qué se haga grande lo que es pequeño, y soplando empezará el recuento, ¡A mí las ovejas”!

  Elnika no pudo evitar soltar una pequeña risita, ejke Helena le dio la misma entonación que el lobo Tormento. Incluso le pareció como si él estuviera con ellas.

  Helena vio alta y clara la letra, era un idioma raro que afortunadamente entendía: “Ratoncitos valientes que, problemas me dais, besadme en silencio y todo se arreglará”

-Elnika, ¿qué coño significa esto? ¡Mira qué si me tiene que besar un ratón por mucho que sea un ratoncito, conmigo no contéis!

-No, no niña, no es un ratón, y la solución la tienes en el cuento del melón llorón.

-Pues vaya, a ver, déjame hacer memoria: “En un valle encantado vivía un hombre con dos profesiones, la que más le gustaba y disfrutaba era la de labriego, y cuando en el campo trabajaba lloraba al viento, mucho estudió, a mucho llegó, pero con besar a su amada cuidando la huerta mucho soñó, y tanto soñó con besarla que a un melón al pasar, de tanto escucharle le hizo llorón” ¿Era así, no?

-Sí, muy bien, ¿pero no significa para ti nada?

-Pues no

-Pues vaya, debes recordarlo, pues si consigues hacer ese mandato, estaremos libres todas y podremos ayudar un poquito pero sin intervenir demasiado en el equilibrio del bien y del mal.

-Elnika, sé que es y para quien, pero no puedo hacerlo, pues si le  deseo que sea muy feliz el mundo temblará, ¿qué hacemos?

-Bueno, hay deseos que puedes desear y a nadie dañar.

-Entonces, ¿puedo enviar un deseo yo sola sin que tú lo cumplas?

-Déjame pensar. No, no puedes, pero sí, si puedes.

-¿En qué quedamos?

-Qué si puedes, pero tendrás que recitar un hechizo de alta brujería y eso es muy peligroso.

-¿Y qué puede pasar?

-Pues que la gente confíe, qué se quieran mucho, que se llenen de esperanza, qué necesiten que les abracen y dar muchos abrazos. Levantarán el vuelo sin miedo, serán felices, y sobre todo, serán y estarán seguros cual será su equilibrio para no balancearse ni hacía el bien, ni hacía el mal.

-¿Y eso es malo?

-No, bueno sí, porqué entonces nosotras no tendremos nada que hacer.

-¡Ah, pues entonces lanzaré el hechizo!

-Sí, pero en secreto que está en el cuento de Carasucia.

-Ya está

-Lo sé, ahora pide tres deseos que te concederé, esperemos las noticias y si no pasa nada en tres días, a la mañana siguiente despertaremos a mis amigas. A unas tendrás que llevarnos al campo, y otras nos quedaremos para siempre contigo, ¿estás de acuerdo?

-Claro, pero Elnika no entiendo por qué el vendedor me dijo que todo esto me traería desgracia.

-No, la suerte es otra cosa, además ninguno de tus deseos y, los necesitas, pero ninguno ha sido para ti.

Imperio

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Cuentodemadrugadaquéberreo

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 Llegó un momento, ni ella supo cuando, que las palabras se quedaron recogidas en la cuerdas vocales. Tan pesadas se sentían que, así pasaba, que cuando las cuerdas vocales dejaban caer el peso y vertían todo el contenido en el esófago para que resbalarse la bola de palabras hasta el estómago, pasando a ser parte de la digestión, pues ella, se estreñía.

 Todo comenzó hilvanando silencios, contaba el tiempo en el que era capaz de mantenerle como su mejor amigo. Su recurso, aseguraba que era.

 Cada rato en que ensayaba el silencio, comenzaba con el uno, y en poco tiempo pudo contar hasta mil, y así poco a poco descubrió que podía contar hasta un millón. Contaba en millones ya, tanto del derecho como del revés, y eso, que muchas veces cuando llegaba al trece, buscaba por la casa por si algo era capaz de hablarla como antes.

 En realidad no quería estar callada, pero ejke sintió que ya era hora de saber permanecer ungida de pensamientos de mayores. Ser una adulta de una vez, y para eso, nada mejor que el silencio, pensaba.

 Ejke también sabía que era ella quien daba vida a eso que los adultos aseguran que son objetos inanimados, pero ejke mientras los sentía vivos, con opinión, eran momentos divertidos, pero como las cosas no hablan, o eso dicen, todas se fueron callando poco a poco.

 Hacía ya mucho tiempo que la lavadora callaba. Se tragaba la ropa, aguantaba el jabón y como mucho, gemía un poquito, pues, al fin y al cabo es adicta al suavizante, y eso ella lo sabía.

 Así que salvo por este detalle, pensaba que el mundo del silencio se había hecho ya a su alrededor, porque para conseguir ser adulta, antes, tanteo al silencio, y una vez supo el motivo por el que callaba, le contó tantos cuentos que los ruidos se quedaron ajenos de esta tarea. Pues son ellos, los ruidos, quienes les cuentan cuentos para que calle el silencio.

 El lavavajillas se negó a avisarle de que le faltaba sal, estaba muy enfadado e hizo huelga de luz de aviso, y con la plancha pasaba igual, ambas mantenían silencio cuando trabajaban; ninguna canción, ni un reproche, ni una pregunta, ni un saludo, nada se dedicaban la una a la otra. La ropa, igual, ya no gritaba al tumbarla sobre la tabla de la plancha, sobre todo cuando veían llegar la plancha.

 Cómo se reían antaño después las dos al tomar un café juntas. Ambas descubrieron que la ropa es un poco tonta, pero hay quererla igual, ya que hay que querer a cada cual tal y como es y no por su inteligencia. Pero había que reconocer que la ropa, por ser, es tonta, y un rato muy grande.

 Ejke no había una sola prenda, ni de casa ni de vestir, que no gritase como una loca al colocarla sobre la tabla, y como no es plan de reírse de nadie, pero, la plancha silbaba al acercarse con más vapor para esas de darles un poco más de miedo. Ejke ella hacía de poli bueno y retiraba a la plancha y, hablaba con la ropa para convencerla de que la plancha las iba a poner más guapas. Y como la ropa si algo son es presumidas, sucumbían, cualquiera de ellas, convencidas a tumbarse sobre la tabla.

 Cuando sentían la plancha sobre ellas, en un principio gritaban como locas, pero nada más llegaba la primera pasada, al sentirse tan jóvenes, el caso era que callaban. Tras airearse un rato todas ellas iban al armario muy cantarinas, y al llegar y entrar, a las perchas, les preguntaban si estaban guapas. Las perchas, quizás con razón, aseguraban que la ropa que sostenían eran muy tontas. Se lo contaban a ella cuando limpiaba los armarios, y ellos, aseguraban que era muy cierto lo que decían las perchas, incluso los estantes insistían que toda la ropa en sí, eran tontas, pues para ellas solo contaba la belleza. Unas absurdas, decían los armarios que son.

 Incluso la cafetera, que nunca le hablo, ahora se mostraba casi burlona, pues antes gritaba como una loca avisando que pariría el café en cualquier momento, pero ahora solo emitía algún ruido cuando lo soltaba, pero tan pequeño. Pero si hasta la escoba dejo de cantar a su lado, y el recogedor, más tieso que un hinque, nada, ni un triste gesto. Y las plantas, igual, ninguna comentaba nada.

 Ahora a las puertas de los armarios ya no les pedía permiso al abrirlos por si dentro estaban haciendo alguna cosa en la que ella pudiera molestarles, pues no es cortes, ni educado ser indiscreta.

 Tanto acercó el silencio a su mundo que en la calle fue peor. Ahora no saludaba a nadie, no le apetecía, era como si las palabras no salieran de su boca. Miraba, sonreía, saludaba con la cabeza, pero las palabras empezó a comprender que se habían quedado atascadas dentro de su garganta. Con los suyos, también fue haciendo acto de presencia el silencio. Tanto que se asustó.

  En el cajón de las cucharas, el cuchillo al que siempre tuvo que detener por que aseguraba venir de estirpe circense, pues él lo que quería era ensayar con la tabla de cortar, pero ahora callaba como si nada fuera con él, parecía dormido, sin vida. Además de esto, tenía obligaciones sociales en las que es necesario hablar, así que encontró que si les contaba pequeños cuentos a las palabras, estas no se convertían como esos cardos pinchones, pues como se quedaban atascadas en la garganta, por fuerza las palabras se convertían en ellos. Pero con pequeños cuentos, dejaban salir a alguna, por lo menos las necesarias.

 Así se convirtió su vida, tan solo era ya capaz de soltar las palabras necesarias, y un día, el espejo le gritó: “Pero qué es lo que pasa contigo” aseguró muy enfadado. Ella se le quedó mirando, y soltó un nada muy pequeñito.

 Y le contó: “Ejke ya no debo hablar contigo, tengo que ser adulta, pensar como los adultos, tengo que saber hablar de cosas cotidianas, de la realidad y olvidarme de la magia, de preguntar como te sientes, de decir cosas bonitas o feas. También tengo que olvidarme de cuando alguien está mal, el conseguir que ría, o que se olvide de sus cosas por unos momentos, que aunque es una gran medicina y quedes como muy tonta o te tachen de niña, pero ejke no es de adultos, es malo ser capaz de mirar debajo de ese caparazón que todos nos colocamos, ¿por qué sabes? Despejarlo asusta. Además, ya no miro a los charcos, ni les pregunto si mojan. Soy adulta, ya no tengo que hacer esas cosas.” A partir de ese día el espejo no la miraba, alguna imagen perdida para que se peinase, pero la relación entre ellos se fue enfriando.

 Un día en la calle, dentro de un comercio, cuando ya el silencio se había apoderado de ella, un señor intentaba hacerse entender pues no hablaba, ni oía. Ella le miró y, es curioso, se dio cuenta que cuando menos hablas mejor entiendes los gestos. Así que sacó su libreta y empezó por escribirle preguntándole qué necesitaba, pero el señor no sabía escribir, nunca aprendió, ni leía los labios.

 Acercó la mano del señor a su garganta y con gran esfuerzo le fue preguntando. El señor muy sorprendido, sonrió. Y con gestos y sonidos guturales pero capaces de comunicar cualquier cosa y ayudado con sus manos, indicó y consiguieron entenderse. Ella le hizo de intérprete, y ahora, le ha convencido a qué aprenda a leer los labios y encuentre la forma de comunicarse, esa que no le haga sentirse tan aturdido y ajeno a todo.

 A partir de ese día nada guardó silencio, hasta el lavavajillas dejó su huelga, ni ella lo guardo, pues comprendió que todo lo que nos rodea tiene algo que decirnos, y que además, no siempre son los silencios los que están repletos de él, pues muchas veces, hasta las palabras más sonoras lo tienen.

 Entendió que son algo más que las palabras lo que hay que escuchar, para así, no guardar silencio nunca. Aunque eso de ser adulto, ya se lo planteará otro día. Pensó, que hasta igual no es tan necesario.

Imperio

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PeligroMujerBerreando

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  Me encanta el mundo de las adolescentes, bueno, no ejke me encanten, me emocionan y me llenan de ternura sus caídas en el más profundo de los infiernos. Tampoco ejke me gusten, ni sus rebeldías, ni su necesidad de soltar la última palabra puñal, ni sus dudas, ni sus temores, ni su prepararse como si ser la más guapa fuera el gran objetivo, o su empecinarse, o su sabiduría, esa que creen tienen y que lo saben todo, o sus quejas de todo lo malo que les ha pasado en ese remarque que suena a tan antiguo y doloso cuando entonan los tantos años de su vida…. Aunque si lo pienso, la adolescente se libra de ese tachado con mancha de inmadura como nos tachan a las mujeres que una vez cumplidos ciertos años y, todo esto, como que ya no debe tener sentido, y lo tiene, caray que sí.

  He de reconocer que soy fan de mi hija en muchos sentidos… Si lo pienso yo era más emprendedora, tenía el culo inquieto, no dudaba a la hora de un ya, y lo que sea, pues en mí, al menos en lo que recuerdo, todo era correr, no pensar en el mañana salvo para encontrar un lugar a donde llevarme a mis hermanos para ponerlos a salvo y, ser, primero enfermera y después médico. Sin lugar a dudas, si llego a ser más tonta me colocan un cencerro y a dormir en los prados para mientras dormía masticar de nuevo la hierba.

  No podía ser niña mientras crecía a toda prisa, no me sentía sola, ni desgraciada, y motivos tenía de sobra, quizás así me ocurre, que veo un charco y me atrapa encandilándome. Y anda que, cuando aparecen en mí esas salidas de tono que, es sentirme hundida, pues solo nos sentimos así las mujeres y por nada en especial, sucede y punto. Y que saltar, en ese gran salto que puedes dar en una peligrosa distancia de una acera, pues esos quince terroríficos y abismales centímetros, si detienes el tiempo en ese que nada cuesta caer. Es tan gratificante sentir que has sido capaz de lanzarte sin paracaídas a un abismo de esos tan grandes y longitudinales quince centímetros que, ver, que a pesar de todo lo que pudiera haberte pasado, pues no has sufrido ningún daño. Te sientes tan fuerte. Es tan absurdo, tan infantil, pero te hace hinchar pecho y asegurar que podrás con todo, con eso y con lo que te echen. Has pasado momentos peores, y ni un abismo de quince centímetros ha conseguido acabar contigo, ya queda demostrado, si los abisales quince centímetros no han podido contigo, nada podrá. Qué grande eres a partir de ese momento.

  Si lo pienso es triste tener que usar la imaginación y pasar por enormes batallas tan nimias y pequeñitas para elevarme el ánimo yo misma, pero ejke no he tenido más, tuve que inventarme un mundo lleno de objetos donde todo me salvaba, por lo tanto algo hay en esas de poder apoyarnos. Así que, aunque me encanta ese cuando mi hija llora y, no quiero que llore por nada, pero cuando está así, la condeno a llorar tan desconsolada por que todo lo malo que pueda pasarle en toda su vida sea eso: llorar y qué sienta muy seguro que alguien sufre más si ella está triste.

  Ejke cuando acudo a abrazarla como si fuera lo peor eso que le está pasando. Su decirme: “Qué no puedo llorar”, y grita: “Qué no me dejas” y llora de nuevo y coloca esa vocecita de niña que acaba de aprender ha hablar, “ Si lloro te quedas mal todo el día” y asegura tajante y seca, enfadada, “ No puedo ni llorar, a ti te parece que todo lo que me pasa es mucho” y llora de nuevo como una niña chiquitina, y asegura: “ Y lo es, y no te imaginas todo lo que me pasa” y calla, y suelta enfada, “ Ni lo sabrás, porqué a ti no te importa” y llora de nuevo como si nada pudiera calmarla. Y la abrazo, y le insisto: ven con mamá tesoro, mí reina, y llora y se calma y,  notas como se siente fuerte por momentos.

  Y ya cuando se le pasa, muy seria y mimosa me asegura, limpiándose la cara llena de lágrimas, con la nariz colorada y la piel enrojecida, tan sería: que no puede llorar ni sentirse triste, pues cuando se siente así, nosotros, sus padres morimos con ella, incluso parece que no nos pasan más cosas que  ella, que ese momento donde ella está mal, en nosotros se alarga y andamos de puntillas hasta ver que está mejor, qué ya podemos tener todos los problemas, pues si la niña llora, vosotros os morís, asegura tajante. Le enfada que estemos pendientes de ella. Asegura que no puede ser libre de estar triste, pues nos machaca si ella está mal. Me encanta que asegure esto.

  Me encanta, pues si lo pienso a todos nos dan bajones, pero ejke cuando los tienes y sientes que alguien lo pasa peor que tú por el mero hecho de sentirte mal, parece como que todo se pasa antes.

 Quizás que me gusta ser esa acera de terribles quince centímetros que yo uso para animarme. Pero ejke a la vez, si mi hija llora mi mundo se muere. Bueno, pero cuando sonríe, y la siento bien, mi mundo crece y es más bonito.

 Lo que me es curioso ejke aprendí con mi hija que cuando estamos mal, lo mejor que podemos tener es en quien apoyarnos, confiar de pleno en quienes nos quieren. Claro que, siempre buscamos una u otra forma de salir de nuestros propios agujeros, con o sin compañía. Pero me pregunto si a confiar se aprende. Ejke la abre siempre nos acusa que tiende a confiar más que otras de sus amigas, qué igual es qué es poco inteligente y qué si estar tan pendiente de ella no le hace ser muy tonta. Vamos, que tenemos la culpa de todo. Cuanto no, ¿a qué es genial?

  Ejke el otro día vino diciendo que en clase les enseñaron que quien es muy optimista en realidad tiene el problema de ser poco inteligente, pues tendrá zonas en su cerebro que no le alertan, por lo tanto todo lo ve bien, nada le hace desconfiar y ver como se dice vulgarmente, qué todo el mundo es bueno.

  Recordé que cuando me quedé más lela de lo que ya soy y era, cuando me preguntaba el médico si desconfiaba de la gente, y, le decía que no tenía por qué, que todo tiene un motivo, y que la gente es buena por naturaleza. Él se me quedaba mirando y siempre le preguntaba que a qué esa cara de pena. Hasta que un día le comenté que el mundo era una mierda, la gente otra más grande, qué había momentos en los que me daban ganas de gritarles: “iros a la mierda y decid que os habéis caído dentro” pero qué seguía pensado que tiene que haber un motivo para comportarnos así, y que siempre podemos elegir el lado bueno de todo.

 Fue entonces cuando me comentó que lo importante es ser positivo, no optimista. Qué ser confiado a pesar de todas las que te den, en sí es de inteligentes, pero confiar de por sí, pues qué como que no, qué mejor elegir, buscar el positivismo.

 Y no creo que sea importante ser más o menos inteligente, creo que es necesario elegir qué a pesar de todo, buscar lo positivo es necesario, sea o no de inteligentes. Pero sí que descubro que es muy importante rodearte de gente con la que sientes que hagas lo que hagas te entenderán, confiarán en ti y te apoyarán, y si ya lo tienes, de gratis, por nada, creo que es entonces cuando ya pueden caer chuzos de punta, qué todo irá mal, pero tú tienes esa nube en la que guarecerte de los chaparrones y las tormentas. Es como poder con lo que llegue y sacarle la lengua a todo lo malo que pueda pasarte.

 Es curioso como sigo sin saber si la confianza la llevamos por motivos fisiológicos o la aprendemos, o se puede complicar en esas de si la tenemos nos atontamos y si no nos avispamos, pues ahora más que nunca sé que es muy importante no tener necesidad de saber la respuesta, pues da igual si la confianza nace o crece, sé que lo importante es tenerla, y aunque digamos que es por nosotros mismos, sé que detrás hay todo un mundo de gente que te quiere, y qué anónimamente con nombre, hace por ti mucho más de lo que crees y ni te planteas.

 Lo cierto ejke no tuve lo que tiene mi hija, sobrevivo igual, pero sé que marca la diferencia.

Imperio

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ShhhhhhhhBerrido

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  Hay cosas que jamás dejan de asombrarme, y en todas ellas, si me pongo a pensar, no dejan de proponerme razones suficientes como para que me reafirme lo cateta que soy y todo lo que desconozco. Es como que a cada día que pasa supiera menos, cuando en teoría tuviera de ser al contrario. Supongo.

 Hace unos días hablando con mi hija me contaba que una de sus profesoras les ofrecía en bandeja el motivo por lo que debemos hablar poco y escuchar mucho. Y sí esto debe ser así, es porque tenemos dos oídos y tan solo una boca.

  La razón de una sola boca y dos oídos no deja duda a qué es cierto como motivo inequívoco a que mejor hablar una y escuchar dos, pero ejke casi todos nuestros sentidos tienen más de una función,  y la boca tiene tantas, qué no sé yo si se le debe atribuir una sola. Pues, puesto a funciones también los ojos simplemente ven, envían imágenes y nos acercan, al menos lo intentan, el mundo que nos rodea; aunque sé que no solo depende de lo que vemos, sino de interpretarlo.

  Así pensando pues los oídos, sí, son dos, pero el tacto es extensísimo y además hace otras funciones. El gusto, lo comparte la nariz y la boca, aunque la boca lo define con las papilas gustativas, pero también es función de la nariz. Y la nariz también realiza más funciones que la de oler.

  Ejke es eso, la boca también mastica, ensaliva, y ayuda a qué asome el habla, y esta, se produce por la vibración de dos cuerdas vocales, que en sí son dos telitas que vibran con el aire. ¡Ah! Y la boca también besa, así que por tener tiene más funciones que los oídos en si mismos.

  Así que no sé si es proporcional el hablar una y escuchar dos, sobre todo por cientos de variables que si me pongo a pensarlas y enumerar, a veces, me lleva a intuir que escuchar para qué, e incluso hablar para qué.

  Pero los ojos si que es curioso, pues vemos con ellos, no cabe duda, pero reflejan tanto y nos adiestran a descubrir tantas cosas, sobre todo de esas: de las de tener vista.

  Ejke hace unos días entre que lo recordé yo solita hace tiempo, y qué también me lo recordaron hace nada, y casi sorprendidos acabaron preguntándome ese donde he dejado toda esas intenciones de malicia que me acompañaban antaño, qué cual fue el motivo para perderlas. Y aquí, fue cuando aseguré, que al igual que es simple en esas de que tenemos dos oídos y una boca, en esa proporción de hablar y escuchar, pues en las de ver, los ojos también son para ver y, a la vez, son para darte cuenta que hay cosas que no sirven para nada.

  Uno de los motivo por los que aprendí que hay tantas cosas que hacemos que, en realidad, pues no sirven para nada. Además, la cosa está en que las descubres con los años, pero como tienen causas y efectos, que, además, nunca alcanzo a saber si son buenos en esas de asumir las causas y los efectos, o me hacen más tonta de lo que ya soy.

  Así que, les conté como hace muchos años mi suegra subió al pueblo varios puzles. Ella siempre estaba intentando ganarme en todo, era como un reto, lo cierto que continua igual con la diferencia que ya no me importa, pero entonces, era un siempre con zancadillas, mostrándome todo lo que hacía bien y demostrarme que yo no era nada. Pues en vez de dejarlo tal cual, qué además me causaba cierta risa, pues no, vamos que, por aquel entonces por su edad mental, tan actual entonces como ahora, estaba tentada en asegurar que eran de esos puzles que en la caja aconseja de 0 a 3 años, pero no, era uno de esos de muchísimas piezas muy chiquitinas, lo cierto que no recuerdo cuantas, pero sí que recuerdo como me mostró toda esa cercanía que siempre tiene hacía mi persona.

  Por más que lo intentó la mujer el puzle lo llevaba fatal y, en esa vengancilla absurda, pues me senté a su lado y fue como magia; sin más tenía montones de piezas colocadas ante su mirada de odio, pero justo al ir a acabarlo con las dos últimas piezas entró Don soseras y esas dos piezas desaparecieron.

  Las piezas no las encontramos así que se quedó sin acabar, y el puzle,  lo dejamos sobre la mesa por si aparecían. Esa misma noche rescaté las dos piezas que ella había escondido bajo la tele, las copie, pegué papel tras papel, las pinté igual, recorté, las coloqué, dejé el puzle acabado y las piezas originales bajo la televisión con la ayuda de Don soseras, por esas del polvo para que nada se notase.

  Al día siguiente mientras fijábamos el puzle con esa pintura para hacer un cuadro con él, mi suegra retiró la tele de la mesa nada más darnos la vuelta y, no se podía creer lo que estaba viendo, las piezas estaban y nadie las había movido de allí, el polvo era fiel testigo. Y, bueno, a parte de todo lo que dijo, se guardo ese odiarme más si acaso, atragantarse con él, pero me dio tanta pena haberla ganado, verla tan perdida en sus ganas de hundirme y dejarme mal, que aprendí que es mejor rendirse ante el enemigo, hacer como que no ves nada y dejar que ganen ellos.

  Así que aprendí que también tenemos dos ojos destinados a algo más que para ver. Con lo cual descubro que cuando más mayor me hago, más cosas desconozco, sobre todo su medida. Pues. Ejke si dejas pasar, un día eres tan pasota que es como si murieras, pero si te enfrentas dañas, además no consigues gran cosa por mucho que muestres tu voluntad de aclarar, de buscar ese acuerdo, aparte de que si lo intentas te sientes tan injusta, pues cada cual es libre tanto de amar como de odiar; así como de tantas otras cosas en las cuales no puedes intervenir, pues la libertad de cada uno es respetable, incluso en las mentiras, en el daño que intenten hacerte.

  Quizás el dejar de ver lo que está muy claro, ejke es genial en esas de qué nada te daña si no lo permites, pero claro, hasta donde debes permitir que no te dañen. Ejke a veces añoro cuando me sentía fatal por todo lo que ahora me importa un real pito.

  Tanto es, que es como si con los años aprendieras que todo toma su curso, qué tan solo tienes que decidir ese mostrar quien eres tan solo para donde eliges, que no es otro que en el lugar y con quien que estás. Como si ese lugar que ocupas, y ni en él, has de tomar otra alternativa que dejar pasar. Lo malo que cada vez te separa más de todo, es como si murieras, como que,  no sé de que  sirve ese aprender a ver de forma tan selectiva, puesto que cualquier motivo por fuerza debe importar poco. Muy poco, demasiado poco.

  Así que cada año voy descubriendo que decides actuar de una manera para no interferir en conflictos, tomas por costumbre dejar hacer a otros, no juzgar, y ante todo, no inmiscuirte salvo para dejar tu hombro. Es decir, eliges una actitud, la consigues pero lo que cuesta una vez tomada la decisión no morir ahogado con ella es de aúpa. Pero ejke es como todo, de la teoría a la práctica siempre va un trecho inmenso. Aunque con los años dejas, a veces pienso que, dejamos pasar demasiadas cosas.

  Pero ejke, me inquieta ese como con los años, pues haces planes, eliges como antes, pero ahora aprendes a no ver, decir, oír, tocar, degustar tantas cosas que, y aunque la curiosidad por todas ellas cada vez crece más, evitarlo, pues hace sentir como que todo lo que aprendes consiguiera tan solo que te conviertas en esa figura de los tres monitos.

  Lo cierto ejke nunca tengo seguridad de hasta donde conozco, pues de lo que conozco prefiero dejar la duda, además, ejke siempre tengo la sensación que jamás voy a aprender ni un poquito de algo.

  Ejke me puede esa curiosidad tan grande que hace que todo me choque, me interese, además, es muy triste, pero creo que no va morir nunca. Igual lo primero que tengo que hacer es matar esos kilotones de fantasía en la que puedo sumergirme, no sé. Pero si algo sé: ejke más que nunca soy dueña tanto de mis palabras como de mis silencios, y a usarlos con quien quiero. E igual eso equivale como a saber un poquitito de algo.

  Con los años creo que se reduce tanto el campo de batalla, que ya, la mejor arma, como siempre lo ha sido y lo será, en esas de tu vida interior, de tu propio mundo, ese que solo le influye a uno, es decir, fuera de todo lo social,  lo mejor es usar la paz.

  La paz, la más cruel de todas las armas de guerra. Ejke prefiero el perdón, la comprensión, la empatía, la libertad, y por narices, a todo esto hay que gestionarlo, compartirlo, discutirlo, bucear e intervenir cuerpo a cuerpo. Y los años me han hecho aprender que tengo también dos ojos, los dos para ver, así como dos para cerrarlos.

Imperio

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EsunBerridoconpocasYgriegas

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   Y qué solitaria es, y cuanta compañía trae doña noche. Y ella no lo sabe, pero de noche se despiertan las almohadas, y las sábanas y las mantas, y los edredones y los nórdicos cuentan cuentos pequeñitos de castillos encantados, y con magia, y que también son mágicos los cuentos. Y en el baño todo calla y las toallas se bañan y el jabón se cabrea y hace pompas en silencio.  Y la bañera se tapa y con los sueños nada. Y que además, y se duermen los muebles y se desperezan con los sueños de terror; y por eso hacen ruido si son de madera. Y aún hay más, y las puertas sueñan despiertas, y los vasos descansan y hablan. Y las sartenes se estiran y cuentan de sus batallas, y enseñan sus quemazones, y hablando es como si sintieran que les dan mucha pomada. Y los libros se leen. Y las cebollas lloran como si fuera cosa de magia, y los ajos las consuelan y las patatas los calman. Y la plancha calla y duerme. Y creo que es porque sabe que mañana le queda mucha tarea, sí, y por eso calla y es la única de los electrodomésticos que duerme en toda la casa. Y ya.

    Y de noche, y seguramente no sabes que pasa, pero, ¿Y sabes?  Y no me digas qué, que te lo diré. Pues que duermen los ruidos y se van a la cama y, esperan a que les cuente un cuento el silencio, y por eso, es por lo que se quedan tan calladitos, y respiran despacito, y, ¿sabes para qué? Para que no calle el silencio y les cuente muchos cuentos, y así, ellos se callan y no dirán nada, y solo escuchan el cuento hasta que se duermen y, ejke, los dormidos no hablan. Bueno, alguna vez por el sueño si se convierte en pesadilla, pero solo es eso, y ya, se duermen otra vez, y es eso, no hablan.

    Y ella, la noche, y trae legañas para mañana, y aviva el fuego de los sueños, y a veces, en los que tienen suerte y duermen, juega con ellos y les trae pesadillas. Y a otros, les deja envueltos en sueños bonitos, y estos: hacen despertar como si hubieras dormido años y siglos y meses y tiempo, y mucho tiempo y más tiempo, y además, será un tiempo bonito.

   Y los ojos, cuando pasa mucho tiempo desde que apareció ella, la noche, y también los deja cansados, y sobre todo, cuando ella lleva mucho rato en eso que se llama día y que tiene veinticuatro horas. Sí, doce de día y doce de noche, pero es eso, y cuando lleva mucho rato y han pasado muchas horas desde que apareció con sus oscuros, esos que concede ella y la luna y sus amigas las estrellas. Pues cuando pasa todo ese rato grande: los cristales se quedan fríos como la muerte. Ejke quizás han olvidado el ruido de la mañana y todo ese bullicio que durante las horas de luz, y ejke creo que les dan calor y por eso no están tan fríos.

   Y ahora mis dedos se han convertido en alfombrillas húmedas. ¿Y sabes?  Y hacen sitio para que mis ojos busquen estrellas. Y las estrellas no están, y seguramente se han ido, y el cielo, no te lo vas a creer, pero es un pergamino azul y negro donde alguna nube baila con un traje ceniciento, y seguramente vendrá un príncipe mañana y la despertará blanca.

   Mañana mis dedos harán luz de gas que despeguen al ruido del silencio en tu sonido. Y volveré muy ruidosa a contarte cuentos, y en ese: y érase que se era un dedo dormido de tanto subir a la boca y, sobre los labios, obliga a guardar silencio.  Y la boca es la culpable, y sisea eses con aire que debió comprar de oferta. Y sí, y fue toda una ganga.

   Y aunque no lo parezca, así es, y el aire lo deja tonto, pues todos esos pequeños siseos lo mantienen en la sombra, humedecido, triste y arrugado. Y todo, por qué él no quiere pedir silencio, y lo que quiere en realidad: es pedir ruido.

  Pero, y ejke nadie lo entiende, y nadie quiere ver más allá del color que pinta dejando un folio en blanco. Y quizás un día, y un día de esos, y con suerte y silencios, y también ruidos, y llegue un príncipe con una corbata blanca que deslumbre y apague en sus destellos, y esos que sentencian a todo eso que aparentemente nunca sirve para nada. Y de servir, mucho ha de demostrarlo, ¿Y quién? Pues el dedo.

   Y ejke, mi dedo cuando resucita es cuando te ven mis ojos. Y se compaginan, y se ayudan, y te tocan, y si mis labios te besan, algo pasa, sí, y será entonces cuando un cosquilleo avive, y no sé que es lo que avivan, pero todos se ayudan y confabulan para juntarse bien a los otros dedos, y cuando ya están bien unidos con mis manos, y que en realidad, pues nunca se despegaron,  y mis brazos, y mi cuerpo y hasta mis zapatillas, y todo junto, hace que te de miles de abrazos, y que hable y que no calle. Y así es, y ya, mucho más.

  Y la noche no sé que tiene, y siempre me deja una sensación de terribles ganas de dormir, y como no llega el sueño, y las Y griegas me han llamado la atención, y no sé, pero, y hasta sospecho que se me han pegado. Y hasta creo que he usado demasiadas, ¿y qué? Pues eso, Y ya está, y qué más dará una y más o menos, sí y sí, ¿no? ¿Y?

 Imperio

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Derribosyberridos

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  Hará un par de meses que vi a un amigo de la infancia, de esos amigos que no son amigos, son en gran parte desconocidos que pasearon cerca.

  No lo reconocí, más bien fue él al pasar al lado y preguntarme, girándose si no lo reconocía, y la verdad fue que no, y eso que habían pasado tan solo 10 años desde la última vez que compartimos un ratito. 10 años en los que mis recuerdos deberían ser nítidos, pero afortunadamente también tengo lagunas incluso de lo que nada impide que recuerde. Me encanta.

  No sé el motivo, siempre me lo planteo, pero cuando tropiezas con alguien que no ves hace tiempo, será inmediato, se empieza por todo lo que recuerdas, se habla de pasada del presente;  este casi se olvida, aunque está.

  Su mundo tirando, sus familiares bien, todo bien menos la casa donde empezó a vivir. Me relató todo lo que había engordado por causa de una depresión que le estaba costando la poca cordura que siempre ha tenido, pero que cuando todo se complica parece que la echas de menos.

  Recordó aquellos tiempos en los que dejando grabadoras en cementerios buscábamos alguna voz, un mensaje del más allá. Sonreía malicioso relatándome  el miedo que pasaban en aquellos cementerios y qué a mí nunca me lo dieron, qué curiosamente tenía más miedo en la puerta que dentro, claro, según él, eso si que no lo recordaba, pero si él me lo asegura, no me queda otra que creerlo.

   Y acabó contándome todo lo referente a su casa, qué algo tenía que haber allí que lo estaba volviendo loco, pues no duerme, su trabajo como es su propio jefe no se queja, pero desde que entró a vivir en esa casa todo le va fatal y, que tal y como están los tiempos y lo invertido en ella no está como para mudarse, aunque se lo estaba planteando. Es la casa la que tiene mal rollo, aseguraba.

  Al preguntarle por la casa donde vivía, me dijo que había reparado la de su abuela, esa que ahora entiende porqué desde la muerte de esta nadie ha querido vivir en ella más de unos meses, a su abuela no le afecto, pero hoy esta seguro que es una casa con muy mal rollo, repetía. Esa casa tiene que ser la puerta del averno, eso, o el espíritu de mi abuela está allí, y todo lo que no mostró en vida, ahora muerta no debe estar muy tranquila, seguro que todo lo dulce que era se le agrió tras la muerte. Pasé de las tonterías que estaba diciendo, ¿esa casa  tenía un pozo? Le pregunté. Sí, me dijo, justo debajo de la casa, también pasa el canal. Aíslalo y tu casa será un sitio igual que cualquier otro para vivir.  Insistió  que las casas de al lado tienen el mismo problema, humedad por doquier y no se les nota mal rollo, ellos viven sin problemas, no les afecta esa humedad. Es mi abuela lo sé. Afirmó tajante.

  Y aquí quedó toda la conversación, además no me apetecía quedarme más rato con él, con la excusa que tenía prisa me fui, cosa que me choca también, pues hay gente con la que te quedabas un mundo y con otros, unos minutos se hacen insoportables.

  Ayer me llamó, ha aislado todo el suelo de la casa y ahora, asegura que es otra cosa vivir en ella, han pasado 6 meses, me dijo, y en ese tiempo todo ha mejorado. Entre sonriendo y con cierto tono de vergüenza me dijo que le preguntó a los dueños de las otras casas y, que se enteró de que todos tienen aislado ese caudal de agua.

  Me choca como achacamos motivos esotéricos, fuerzas malignas, malos rollos a cosas que simplemente son mera física, su casa está levantada sobre un caudal de agua, y sí que había toda una cámara de aire, pero esa corriente de agua, la humedad, más el aire y la edificación, y que  todo esto se compaginaba para crear un flujo nada aconsejable para la salud. Son cosas que no sé como no aprendemos en el colegio, pues provocan malestares que creo pueden ser evitables. Claro que si lo desconocemos, así pasa.

   Lo cierto ejke siempre podemos encontrar un motivo que coincida con lo que nos sucede y así poder echarle la culpa. La cabeza siempre nos juega malas pasadas, y son cosas que tienen explicación, menos mal que la ciencia puede eliminar barreras de esas oscuras, pero lo cierto ejke en momentos de aturdimiento, nuestro cerebro consigue que incluso lleguemos a ver espíritus, ¡Pobres, anda que de existir, no tienen otra cosa que hacer que venir a asustarnos! En fin.

  El caso que, una vez solucionas el origen y, no el supuesto, del problema, parece que todo va bien. Conocí a la abuela de este hombre y ella era una mujer muy feliz, nunca sintió su casa como algo maligno, se quejaba de humedad, pero a ella nunca pareció afectarle, era una mujer muy tranquila, de esas mujeres que podías pasar toda una tarde y parecer que habías estado apenas unos segundos con ella.

  Quizás por eso podemos vivir en cualquier sitio, existan o no buenas condiciones para la salud, pues gran parte de lo que nos sucede, de cómo nos sentimos, de cómo acatamos y entendemos nuestra situación, creo que, en gran parte depende de nosotros. Aquella mujer decía respecto a su casa, de la humedad, de todo lo malo que había pasado en la guerra, de cómo sobrevivió ante lo que otros perecieron: “No depende de fortalezas y naturalezas, depende de cómo nos acomodemos ante las circunstancias” Aquella mujer tenía muy claro de que se puede vivir en el infierno y sentirnos en el mismo cielo. Su nieto me lo contaba muy apenado por haber estado pensando mal de ella.

  Me pregunto si algún día vamos a ser capaces de ver la realidad, acatarla y no buscar motivos, qué además, son muy fáciles de encontrar y, no sé si es peor el miedo que nos da a que nos llamen locos, o que en sí mismo, nos asusta terriblemente más lo simple de la realidad.

Imperio

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